Nº 688 - 27 de Marzo de 2006
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La sal de las ondas

por Miguel Ángel Aguilar

E n los Santos Evangelios Nuestro Señor se dirige a sus discípulos y les dice aquello de "vosotros sois la sal de la tierra y si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se la devolverá el sabor?". En esa misma línea la Conferencia Episcopal Española había sostenido hasta ahora, impasible el ademán, que Federico Jiménez Losantos y compañeros afines eran la sal de las ondas y había calculado que sin sus voces la COPE pasaría a ser insípida y pasaría a la irrelevancia.

Se sabe que Federico cuidaba de mantenerse sintonizado con la jerarquía eclesiástica para lo cual, por ejemplo, almorzaba los martes en palacio con el cardenal Rouco, anterior presidente de la Conferencia Episcopal Española donde sigue mandando detrás de la débil fachada de su sucesor, monseñor Blázquez. Por su parte, los obispos, siempre diligentes en señalar deberes y obligaciones a los empresarios de los medios de comunicación social y a los profesionales de la información, ofrecían en la COPE, convertida en una máquina de insidia, sembradora del odio transformada en instrumento de todos los sectarismos, exaltadora de todos los agravios, un verdadero contrasigno, como si ninguna responsabilidad les alcanzara por la ponzoña de sus antenas.

La cadena COPE parecía blindada frente a las críticas que pudieran suscitar sus procedimientos. Se diría que la Conferencia se limitaba a reírle las gracietas a los abusadores en nómina que campaban sueltos por el terreno del insulto y la descalificación mendaz, sin que nadie les llamara al noble ejercicio de la rectificación debida. Los obispos, mandíbula de cristal hipersensible en cuanto a ellos se refiere, nada tenían que objetar al puño de hierro que Federico y demás compañeros aplicaban a los demás en cuanto les sorprendían desviados de la recta vía que cada mañana definían.
El contraste entre el ideario de la COPE y la práctica de sus micrófonos fue de nunciado sin éxito por los obispos de Cataluña y también por los del País Vasco, que retiraron sus participaciones accionariales en la cadena cuando nadie les dio satisfacción alguna. Nada ni nadie quedaba exento de la dosis de trinitrotolueno. Del Rey abajo ninguno dejó de recibir los insultos encadenados ni de ser objeto de las peores insidias y juicios de intenciones. Para los más próximos se reservaban, a veces, los agravios más lesivos para escarmentarles si acaso osaban resistir las indicaciones impartidas por las benditas antenas. Así, por ejemplo, si al presidente de Zapatero le llama masoncete al presidente del PP lo tilda de maricomplejines.

Ahora el comunicado sobre el alto el fuego de ETA ha recibido también fuego graneado de la COPE empeñada en alinearse con la corriente más tremebunda del PP. Pero advierten los vaticanólogos que todos estos maximalismos están a punto de caducar en aras del pragmatismo negociador con el que la Conferencia Episcopal quiere hacer méritos para lograr mejoras en las asignaciones económicas de los próximos ejercicios fiscales.

Así que cunde el olor a pólvora y la vanguardia, con Federico al frente, podría ser transferida al grupo Intereconomía, donde Luis María Anson les tiene preparadas tres tiendas: una para ellos, otra para Moisés y otra para Elías. Atentos.

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