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Nº 680
30/1/2006

 

11-M

Hay quien piensa que lo mejor es olvidar. Total, es poco menos que imposible que vuelva a pasar. Se equivocan. Puede volver. Porque todo lo irracional escapa por eso mismo a la comprensión. Todavía sigue siendo un misterio y lo será por siempre, por lo irracional, por qué pasó. La intervención en Iraq, un cambio de Gobierno. En absoluto. En cuanto a lo primero, porque el régimen de Sadam no era precisamente islamista. Había países mucho más comprometidos y más vulnerables. La tesis del cambio de Gobierno no es ni tesis. Queda entonces algo, nada. Pero de igual forma que nos protegemos de las fuerzas de la Naturaleza es imprescindible estar siempre alerta. Esta es una lección esencial de la desgracia. La alerta.

Hay otra lección que hay que recordar. Tiene que estar prohibido que los políticos se inmiscuyan en asuntos policiales. Ya ocurrió hace unos años cuando el comando Madrid estaba cercado por la policía y los políticos se pusieron a mandar en la operación: se escaparon. Esta vez lanzaron conjeturas equivocadas y el sentimiento de engaño sacudió la situación.

Ahora viene al caso con ocasión de la declaración de ETA. Por cierto, debería estar prevista la reacción
ante el hecho, tanto porque todo puede suceder como porque ya pasó. Es decir, no puede significar bajar la guardia policial ni judicial. Que es una buena noticia, desde luego. Que significa que la acción de la policía, de la justicia y de la Ley es la causa, sin duda. Pero que se puedan sacar las campanas al
vuelo suponiendo que se acabó con ETA, ni de broma. ETA era y es una banda mafiosa, o sea delincuencia profesional. Se delinque para vivir.

Y no hay más vuelta de hoja. El fin de ETA sólo puede ser policial. A diferencia del IRA, con todo lo visceral y faltos de razón que pudieran tener sus planteamientos, aquí no existe motivación "política" alguna, es una cuestión de supervivencia. Veamos qué pasa con la financiación del apartado delictivo. Que es la clave del futuro del grupo. Si no hay dinero no se puede mantener. Todo lo demás son tapaderas. Que si acercamiento de presos, que si autodeterminación, que si condenas. La única negociación posible puede ser dispersión controlada de lo que quede vivo de la banda y manutención. Que es precisamente lo que pueden ir buscando los supervivientes: evitar condenas y seguir viviendo sin trabajar. Eso sería imaginable hace bastantes años, ahora no. La solución sí que puede ser policial y sólo policial. Porque se está demostrando la eficacia, por fin, del Estado y la colaboración de Francia.

La banda querrá arroparse en lo que sea. Pero no olvidemos que en un Estado democrático no existe ninguna disculpa para el delito. Algún bien intencionado puede que crea que no es buena la pervivencia del odio, y es verdad. Pero también lo es que el odio es inevitable, y no depende del odiado, sino del que odia. Una cosa es ser pacifista y otra pacífico. El pacifismo puede conducir a la esclavitud de quien lo practica.

Se abre una puerta a la esperanza, no porque hayan dicho que cesan en sus acciones delictivas, sino por qué lo llegan a decir. Que no puede ser otra que el cerco del Estado de Derecho.

A ver como se reacciona. Espero que, al menos por una vez, la baraka de Zapatero le salga al principio y no al final, que sirva para actuar como se debe y no para salvarle la cara después del estropicio.

Desgraciadamene, en estas cosas no puede intervenir Bruselas.

Fernando F. Trocóniz

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