Nº 688 - 27 de marzo de 2006

 

El multimillonario fabulador

por Joaquín Leguina

De ser cierto el aserto según el cual "mientras hay indignación hay esperanza", entonces España es el país más esperanzado del mundo. "Más larga que la esperanza de un pobre", se asegura, quizá porque el destino de los pobres es la indignación. En mi caso particular debo confesar que la indignación se me dispara bajo el impulso de un reflejo condicionado cuando percibo ante mí cualquier obscena exhibición de poder. De cualquier poder. Desde el del atracador que exhibe su arma al terrorista que, ladino, coloca una bomba en un tren. Desde el infatuado político que se deleita en la arbitrariedad o el mangoneo hasta el periodista que difama o miente con la impunidad del que se sabe por encima del bien y del mal.

Y este último es el caso de ese rey de la insidia, el sempiterno amoral, el multimillonario director de El Mundo. La última faena (por ahora) de este demagogo ha consistido en inventarse una instrucción paralela acerca de los atentados que tuvieron lugar en Madrid el 11 de marzo de 2004.

Dado el tamaño de la catástrofe (casi 200 muertos) y ante la dificultad que siente cualquier mente humana para entender tanta maldad, siempre aparece en la imaginación humana la idea de que un mal así sólo se explica bajo la óptica de una conspiración, donde los poderes ocultos, que mueven los hilos de la trama, van más allá de los asesinos materiales. Éstos, en realidad, son los meros y estúpidos peones de al-guien que, con habilidad, los ha manipulado en beneficio propio. Alguien que, desde la oscuridad, se beneficia impunemente de la masacre. Este truco, conocido como teoría conspiratoria de la Historia, es más viejo que la tos, pero siempre encuentra crédulos dispuestos a tragarse cualquier patraña. Mas, en este caso, ha encontrado otros seguidores menos ingenuos: algunos dirigentes del PP que han decidido asumir en esta faena el poco brillante papel de "peones de brega". Algunos connotados portavoces de la derecha española insinúan no se sabe bien qué entresijos de una trama criminal cuyos únicos beneficiarios serían los socialistas. "Quién puede creerse que un crimen de tales dimensiones lo hayan podido preparar cuatro moritos en Lavapiés?", dicen.

Es verdad que durante buena parte de las azarosas horas que separaron la mañana del 11 de marzo de 2004 de la noche del domingo 14 los líderes del PP sostuvieron urbi et orbe (en Madrid y en la ONU) que el atentado era obra de ETA y, por ello, este cuento de Pedro José Ramírez les puede venir bien para justificar a posteriori sus mentiras de entonces; mas, tengo para mí que esta fabulación que aquí comento no es obra de ellos, sino del susodicho multimillonario que, como en el circo, está dispuesto a seguir a rajatabla la vieja consigna del "¡Más difícil todavía!"

Este Pedro José nunca ha estado muy bien de la cabeza y, como decía de él -justificando su nombramiento como director de Diario 16-Juan Tomás de Salas: "Un director de periódico, para funcionar bien, tiene que estar un poco loco". Pero es un loco que nunca se equivoca, un demente con una extraordinaria puntería (donde pone el ojo pone la bala), un hombre de negocios (turbios) de gran éxito y, también, un manipulador de conciencias y un conspirador tenaz y laborioso. Además, todo hay que decirlo, sabe hacer un periódico. Aunque donde su maestría roza la perfección es en el arte de amenazar. Es un artista a la hora de producir miedo en el prójimo. Tan es verdad ese pavor (ese "respeto") que nadie hasta ahora se ha atrevido a plantarle cara. Además, siempre ha encontrado en la Judicatura un mirlo blanco, El Príncipe, como él llamaba a Garzón durante el largo ataque contra el PSOE (1994-1996), que le siguiera el juego. Y eso es lo que también esperaba esta vez. O espera todavía, porque, ya se sabe, "la ópera no se termina hasta que no sale la gorda".

A lo mejor es por eso, por miedo, por lo que los del PP se han sumado ala confabulación, pero no me lo creo, aunque sí me lo creo de algunos socialistas que quieren "llevarse bien" con él y por eso comparten mesa y mantel en casa del multimillonario. También "llevarse bien" ha de ser la causa por la cual la ministra de Cultura lucía durante la gala de los Goya una tenue de Ágata Ruiz de la Prada, sedicente modista, que, por si no lo saben, es la esposa del susodicho. Cosas del post materialismo.

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