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El otro problema de Rajoy
El mismo día en que ETA anunció su alto el fuego permanente se publicaba en los periódicos que el ministro de Defensa, José Bono, había declarado que, si de él dependiera, a Otegi no le enviaría un forense, sino una pareja de la Guardia Civil. Bono nunca se ha mostrado partidario de la vía del diálogo con ETA para poner fin al terrorismo vasco. En realidad, y sobre tan decisiva cuestión, Zapatero ha estado poco acompañado por alguno de sus compañeros de Gobierno y de partido. Desde que fuera aprobada en el Congreso de los Diputados la propuesta de abrir las puertas a un posible diálogo con la banda terrorista, ha habido momentos en los cuales ha prevalecido el escepticismo en las propias filas socialistas.
Creían muchos que Zapatero podría haber incurrido en un exceso de ingenuidad o de desmesurado optimismo antropológico. Otros le reprochaban su tendencia a proclamar cosas inconcretas como que "estamos en el principio del fin de ETA", incluso cuando se multiplicaban los atentados aunque éstos fueran incruentos. "Da alas a los etarras", decían. "Sus afirmaciones son lugares comunes. Vende humo. Es un irresponsable. Claudica ante ETA. Es una vergüenza que el presidente del Gobierno suplique a los asesinos que le concedan una tregua", añadían. En petit comité algunos de los suyos también se sumaban al cortejo del desasosiego y la inquietud. "Estamos en manos de un irresponsable o un insolvente", se insinuaba.
El proceso de paz, sin embargo, ya está formalmente en marcha, a pesar de que –como repite el presidente del Gobierno– el camino será largo y complicado. No será un camino de rosas, desde luego. Pero puede ser que no sea necesariamente un camino de espinas ni que culmine en el Gólgota como en las dos ocasiones anteriores. Hay motivos para una cierta esperanza, discreta pero sólida. Comparar simplemente el redactado de ETA de las dos treguas aludidas con el redactado actual en sus dos versiones resulta un ejercicio ilustrativo. ETA traslada a la ciudadanía vasca toda su carga política. Se mueve en el territorio de los grandes principios pero elude con sumo cuidado enumerar las reivindicaciones concretas que, desde su lógica, ha venido exigiendo. La mayor parte de los dirigentes de Batasuna están deseosos de dedicarse a la política y sólo a la política, una vez desaparezca ETA.
Zapatero necesita contar con el apoyo del PR Negárselo también entraña riesgos para la derecha. Rajoy parece haberlo entendido. ¿Le permitirán, sin embargo, Aznar, Acebes, Zaplana y Mayor Oreja –entre otros– llevar adelante una política autónoma, de perfil propio, en la que refleje su voluntad de moderación y de entendimiento con el PSOE? El otro problema de Rajoy consiste en que dentro del PP hay muchos rodrígueces. Aludo a Jorge Rodríguez, portavoz del PP en el Parlamento canario, quien emulando a Federico Jiménez Losantos afirmó –horas después de conocer la noticia– que el anuncio del alto el fuego de ETA forma parte "de la alianza arcangélica desplegada" por Zapatero quien, a su juicio, "quiere hacer saltar a España por los aires".
La reacción de María San Gil, líder del PP en Euskadi, fue asimismo destemplada y extemporánea. Mayor Oreja reitera estos días su rocambolesca teoría de Lizarra y Perpiñán como plataforma de despegue de la autodeterminación de Euskadi y Cataluña. El entusiasmo conservador ante el alto el fuego es de un entusiasmo perfectamente descriptible. O nulo. ¿Será más difícil que la derecha española apoye a Zapatero que ETA abandone las armas?
Enric Sopena
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