Nº 688
20/3/2006

Carlos Francino, director y presentador de 'Hoy por hoy'


"ESTA PROFESIÓN NO ES UNA GUERRA DE TRINCHERAS"


Sintió "puro pánico" cuando le ofrecieron sustituir a Iñaki, pero triunfaron las ganas de no plegarse al miedo. Ahora regresa a televisión con un debate en Cuatro porque"hecho en falta un contraste público de ideas". Busca tiempo para correr por El Retiro, porque en su filosofía de vida, "el deporte ocupa un espacio básico" y sus claves para el futuro son "respeto, tolerancia, solidaridad y sobre todo ilusión". Cuando habló con EL SIGLO aún no se conocía el comunicado de ETA pero ya opinaba que el PP actúa "a la desesperada" en sus críticas a la política antiterrorista del Gobierno.


Por Karmen Garrido

— Cuándo le propusieron sustituir a Iñaki Gabilondo ¿qué sintió?
—Lo primero que sentí fue miedo y me costó bastante tiempo quitármelo de encima porque Iñaki no es sólo un referente periodístico es un referente intelectual de este país y a mi, que desde que estudiaba lo tenía como modelo en muchas cosas, me sobrecogió que me propusiesen algo así. Así que la primera reacción fue de puro pánico y de decirme, esto no es para mí y por lo tanto, os habéis equivocado de persona. Sólo es después, al cabo de un tiempo, cuando reflexionas y te preguntas, primero ¿puedes ser capaz? Y te dices, ya veremos y segundo, piensas no respondas que no por miedo que eso siempre está feo, es cuando te animas a dar este salto, duro, complicado y de alta exigencia pero de muchísima ilusión una vez me di cuenta de que si habían pensado en mí, sería por algo.

—¿El esfuerzo que supone enfrentar este reto le compensa el desgaste y la tensión que está obligado a resistir en estos momentos especialmente complicados? ¿Cuántas veces ha pensado, si lo sé no vengo?

El momento es complicado pero también muy interesante y lo de si lo sé no vengo he de confesar que lo pensé en los primeros tiempos más de una vez porque no dispuse de tiempo para acostumbrarme de nuevo a la radio después de haber permanecido catorce años alejado pero las cosas fueron así y no es culpa de nadie. Recuerdo en las primeras semanas sobre todo y, no me da vergüenza reconocerlo, grandes episodios de inseguridad personal profesional, me decía que esto me venía grande y que no podría con ello porque era más duro de lo que pensaba. A día de hoy, las cosas están mucho más sosegadas. Tenemos un equipo con el que se trabaja bien, una buena conexión con informativos y, sobre todo, tenemos bastante claro hacia donde queremos ir y, digo tenemos, porque estoy aquí con Luís Rodríguez Pí, una de las personas que más sabe de radio España y que me acompaña en esta aventura; cuando se tiene el horizonte clarito, la sensación de tranquilidad es mayor. Después de seis meses estoy tranquilo. Me estoy enriqueciendo mucho en el terreno profesional y si mañana me muero, moriré siendo mejor periodista y sabiendo más cosas de las que sabía hace medio año y sólo por eso ya me compensa.

—¿Abruma la responsabilidad y la presión de ser el punto de referencia de unos y el
objetivo a batir de otros?
—Nunca contemplé, ni contemplo la competencia como una cuestión de objetivo a batir. Vengo de un mercado que es Cataluña donde se hace la mejor radio de España, donde el nivel es muy alto y la competencia radiofónica muy dura pero nunca se plantea como el enemigo a batir. Es verdad que en Madrid, más que en España en su conjunto, las condiciones de la competencia son más duras de lo que creo sería deseable pero eso no me preocupa especialmente, no me transmite ninguna presión. Me presiona mucho más, en el mejor sentido, la responsabilidad de saber que hay muchísima gente escuchando y a la que no debería defraudar, porque venimos de un listón muy alto y, sin tener ínfulas de llegar a según qué niveles, cada uno a su manera y con su estilo no debe decepcionar a esa parroquia tan numerosa que tiene la SER y que es fiel sobre todo a la marca, con independencia de quien haga los productos.

—La imparcialidad y la independencia son difíciles de plasmar en el día a día. Las presiones existen, como existen los intereses de cadena. ¿Alguna vez han sido tan incómodos que se ha visto obligado a plantarse?
Es lógico y legítimo que cada empresa tenga su línea editorial y que cada una defienda unos intereses determinados pero eso no obliga nunca a un profesional a ser su portavoz o su sicario. Debe ser respetuoso con la línea editorial pero eso no obliga a transgredir las normas básicas del periodismo, he tratado de no hacerlo nunca, al menos voluntariamente y, desde luego en la SER no me estoy encontrando ninguna dificultad en ese sentido como, por otra parte ya sabía, porque de lo que más tiempo hablamos con los responsables de la Cadena cuando me formularon esta oferta fue del terreno de juego en el que nos íbamos a mover. Sé que la radio venía y puede que aún siga, aunque en menor grado, de una época de gran crispación, de un enfrentamiento muy duro y yo no soy enemigo de nadie, ni creo que la SER deba serlo, estamos en la transversalidad, en el centro sociológico de este país donde caben muchísimas cosas y el respeto y la tolerancia. No somos enemigos de nadie. Yo desde luego, no lo soy. Y volviendo a lo de la imparcialidad, claro que es difícil de aplicar en el día a día. Por otra parte, creo que el
punto de vista objetivo aséptico, no existe; tampoco creo en la asepsia, pienso que es una falsa coartada y hay discursos en los que la equidistancia no funciona. En lo que sí creo es en la honestidad profesional, el tratar de mostrar una realidad desde todos los puntos de vista y hace veintiocho años que intento practicarla porque, por otra parte, así me lo enseñaron.

— ¿ Qué cambiaría en el panorama mediático español?
—Trataría de eliminar el ruido o de rebajarlo y, sobre todo, trataría de desenmascarar actividades y prácticas que son seudo-periodísticas y que tienen poco que ver con el periodismo. Trataría de matizar la política de trincheras de unos contra otros y de actuar casi como brazos armados de determinados grupos, insisto sean políticos, económicos o deportivos. Trataría de volver a lo que de verdad es el principio fundamental del periodismo que es el análisis de la realidad y la búsqueda de una cierta verdad.

—COPE y EGM. ¿Se está jugando al todo vale con tal de llevar a los ciudadanos al desconcierto?
No tengo por costumbre opinar sobre lo que hacen otros medios pero esto es algo que ha ido contra la línea de flotación de todo un sector mediático, publicitario, por la única razón de que unos estudios de audiencia no son favorables a alguien y como les han pillado, han intentado arreglarlo sin que trascendiera y, al no conseguirlo, la COPE ha tratado de vender el asunto como un trabajo de investigación. Me parece un acto de desvergüenza. Trabajé durante años en Radio Popular y tengo mucho respeto por la COPE como marca y por la gente que trabaja allí pero las actividades de determinados personajes me parece que están llegando a un nivel inadmisible. Me defino como periodista y no me identifico en lo más mínimo con esa gente.

— El proceso de negociación del Estatuto de Cataluña está creando mucha crispación dentro y fuera de Cataluña, ¿era preciso llegar a estos niveles?
Los políticos y los primeros los partidos catalanes que han llevado bastante mal este proceso, han provocado una sensación de hartazgo dentro y fuera de Cataluña y de una cierta inquietud alimentada, eso sí, por intereses, en este caso, del Partido Popular en el conjunto de España presentando este debate político como una especie de juicio final que no es de ninguna de las maneras, como están viendo la mayoría de los españoles y así lo reflejan las encuestas. En este proceso tan delicado se han hecho las cosas bastante mal y se han cometido bastantes errores. En los dos años de gobierno Zapatero es seguramente el error político más grave que han cometido él y sus aliados y, que
nadie sabemos cómo va terminar.

—¿Cómo calificaría la labor política del principal partido en la oposición?
—De entrada el PPy Mariano Rajoy merecen todo el respeto. Dicho esto, a veces tengo la sospecha y, no sé si tanto él como otros dirigentes del partido, Zaplana y Acebes pueden ser dos ejemplos, que lleva a preguntarme si no estarán metidos ya en una carrera de supervivencia individual porque, parece bastante evidente, y me voy a centrar sólo en el tema del terrorismo, que a lo que están haciendo con la política antiterrorista, con el hipotético proceso de paz del País Vasco y con las sospechas del 11.M, no consigo encontrarle otra explicación que el entender que son actos un poco desesperados. Me da la impresión, desde una óptica de observador que se han superado límites que no se deberían haber superado.Cuestionar, a partir de una especulación periodística, el trabajo de la justicia y de la policía en el 11-M, aunque luego se dé marcha atrás a medias, me parece absolutamente impresentable. La actual dirección del PP tardará tiempo en poder corregir los efectos de lo que considero son errores muy graves. No creo ser nada sospechoso de partidismo exagerado pero, en estos momentos si hay un malo de la película del ruido, entiendo con toda franqueza que el papel lo está haciendo el PR
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