| Hemeroteca | Lista sin maldad |
![]() |
||
|
|
Alegría y crucemos los dedos
José Luis Rodríguez Zapatero estuvo genial en la sesión de control parlamentario. El presidente se ofreció sinceramente a colaborar con Rajoy y con su partido en este proceso al tiempo que reconocía los esfuerzos del PP y su indudable comunión democrática. Era el mejor Zapatero: como en la vieja canción, olvidemos el pasado y volvamos al amor. Yo observaba la cara de Rajoy mientras escuchaba las sentidas palabras del presidente y pude percatarme de sus dificultades para expresar en el mensaje de los gestos ante las cámaras de televisión el semblante que debía componer. Luego optó por lo más inteligente: el ofrecimiento de su leal colaboración, siempre que, naturalmente, no se pagara un precio político, algo que no podría hacer Zapatero aunque quisiera, por imperativo parlamentario. No es una rendición incondicional aunque ETA no ha expresado los condicionantes imposibles de antaño. Ni siquiera ha mencionado explícitamente el derecho de autodeterminación sustituyéndolo por un eufemismo sobre la existencia del pueblo vasco. Parece igual pero no es exactamente lo mismo, y en política los matices son definitivos. El lehendakari Ibarretxe ha aprovechado la oportunidad para echar agua a su molino, ha hecho notar que ha llegado la hora de negociar con los partidos que son la representación legitima de los ciudadanos el supuesto contencioso vasco. El alto el fuego no es, en sentido estricto, irreversible pero cada día que pase sin violencia será más difícil la vuelta a las armas. No es una rendición incondicional pero se parece mucho a una rendición a plazos y Zapatero hace bien en tomarse su tiempo. ETA está mal, su brazo político está en la ilegalidad y ha perdido apoyos políticos, sociales y hasta eclesiásticos en el País Vasco, donde aparece como una rémora para las aspiraciones nacionalistas pero no hasta el extremo de entregarse sin más a la misericordia del Estado. Ya nadie se acuerda de la imprudencia de Zapatero al anunciar el principio del fin de la violencia. Desde esta misma sección critiqué en su día un voluntarismo que no parecía tener las bases suficientes a pesar de las suspicacias nunca probadas de la prensa de derechas que denunciaba negociaciones entreguistas. También le había criticado Felipe González, que quizás se esté mordiendo la lengua por decir aquellas cosas que dijo: que había que apoyar al presidente aunque se equivocara y que no era prudente anunciar el principio del fin hasta que no se contara con elementos suficientes de irreversibilidad. El voluntarismo puede ser arriesgado pero cuando acierta se convierte en profético y en prueba de liderazgo. En la mañana del pasado miércoles se ha dado un vuelco al clima político y Zapatero ha vuelto a abrir los telediarios del mundo. Tras la aprobación del Estatuto, que ha quedado razonablemente bien, y el alto el fuego, el presidente, que había sufrido un serio desgaste, ha recuperado la frescura de sus mejores momentos. El tierno bambi luce ágil, imaginativo y audaz y como un resistente corredor de fondo. Un bambi de acero con pilas recargadas. Si esto le sale bien y se acaba con el terrorismo autóctono –aún queda el fundamentalista islámico, que ha tomado el relevo– nadie, ni yo menos que nadie, podrá negarle la condición de estadista. El camino no será de rosas pero todos los fines tienen que empezar por un principio, y éste parece un buen principio. José García Abad |