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Madrid y Londres
por Santiago Carrillo
C
uando el terrorismo internacional atacó Londres, provocando numerosas víctimas, nadie tuvo la ocurrencia de atribuir al IRA la responsabilidad del acto homicida. La motivación de los terroristas estaba clarísima: se trataba de una respuesta a la invasión y ocupación de Iraq. Blair encajó el golpe y afrontó su responsabilidad en esa guerra. La oposición conservadora se unió al Gobierno laboralista en la condena del atentado.
El 11-M en Madrid sucedió algo semejante a lo que pasó más tarde en Londres. La población de la capital sufrió un terrible castigo. Contra toda evidencia, el Gobierno del PP acusó a ETA de ser la responsable. Pero el fino olfato popular no se dejó engañar y desde muy pronto la Policía indagó la pista islámica, cumpliendo su deber de proteger la seguridad de la población. La gente sencilla intuía la razón del terrible ataque: la presencia de José María Aznar, junto con Bush y Blair en la histórica reunión de las Azores, en la que, contra el criterio del Consejo de Seguridad de la ONU, los tres gobernantes decidieron invadir Iraq. La diferencia de Aznar y Blair es que mientras éste no rehuía su responsabilidad, el primero, que además había comprometido a España en la aventura sin contar con el Parlamento, pretendía lavarse las manos y rehuir lo que era una consecuencia de los actos del Gobierno.
En las elecciones generales del 14-M se confirmó la ya previsible derrota, según los últimos sondeos, del candidato popular. Las trágicas consecuencias de la participación
de Aznar en la reunión de las Azores, cuando las encuestas habían demostrado que la inmensa mayoría de los españoles se oponían a la guerra contra Iraq, fueron la gota que desbordó el vaso.
A partir de ese momento, el cuarteto que dirige el PP ha iniciado una ruta catastrófica. En vez de afrontar una autocrítica sincera por los errores de Aznar, se dedicó a deslegitimar la victoria de Rodríguez Zapatero. No dudó en enfrentarse con todo el arco parlamentario parapetándose en una actitud negativa en toda una serie de problemas de Estado. Llegó incluso a negar su propia política anterior, cuando Aznar, gobernando con el apoyo de nacionalistas vascos y catalanes, intentó negociar la paz con ETA, con medidas como la aproximación de presos etarras al territorio vasco y con promesas de generosidad hechas personalmente por el entonces presidente hacia dichos presos si se concluía un acuerdo. El PP rompió el pacto
antiterrorista, pasando a culpa Gobierno de complicidad con ETA y manipulando escandalosamente el dolor de las víctimas. Se enfrentó con el reajuste de las autonomías al que en otros tiempos parecía proclive, fomentando la falsa alarma de que España se rompía.
Más grave aún es que el PP alimente la idea de un complot que va desde el terrorismo islamista y etarra hasta los aparatos de seguridad y justicia del Estado, pasando por el PSOE y los otros partidos parlamentarios, a fin de desplazarlo del poder. Y ciertos medios de comunicación, movidos por el dinero, contribuyen a sembrar dudas y a crear confusión.
Para el PP la verdadera catástrofe no fueron los muertos y heridos del 11-M, sino lo que sucedió el 14-M, el día que los electores les echaron del Gobierno. ¿Hasta cuándo vana rehuir la autocrítica? ¿Hasta cuándo van a continuar desestabilizando el país, empeñados en una actitud política de "sostenella y no enmendalla"?. Sería bueno que el Sr. Fraga les diera algunas lecciones de lo que él conoció en Londres sobre "la leal oposición de su Majestad". Mejor iría España si nuestros conservadores aprendieran algo de los británicos. Y si Aznar hiciera frente a su responsabilidad como Bush y Blair en vez de esconderse. |