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Nº 686 - 13 de marzo de 2006

El largo camino hacia la igualdad

La semana pasada celebrábamos, como cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer. Se recuerda a las huelguistas que en 1908 murieron abrasadas en Sirtwood Cotton, Nueva York, víctimas de un misterioso accidente.

Pero la subordinación de las mujeres hunde sus raíces en la noche de los tiempos. Este año, sin embargo, podemos celebrar el éxito de algunas mujeres que han alcanzado la cima de las responsabilidades políticas: Angela Merkel, elegida canciller en Alemania; Michelle Bachelet, presidenta de Chile; Tarja Halonen, reelegida presidenta de Finlandia; Ellen Johnson Sirleaf, presidenta de Liberia... Las cosas parecen estar cambiando, aunque sea lenta e insuficientemente.

Ciertamente, los últimos años han traído avances importantes en la lucha por la igualdad. El derecho de voto que las mujeres de Kuwait acaban de conseguir, o reconocimientos como el Premio Nobel de la Paz 2004 concedido a Wangari Maathai, primera mujer africana que lo recibe, casi cien años después de que otra mujer, Bertha von Suttner, lo recibiera por primera vez.

Incluso la condición de la mujer como tema se ha convertido en fenómeno televisivo y Desperate housewives cautiva a millones de telespectadores en todo el mundo.

Pero pese a estos indudables avances, las mujeres siguen estando menos representadas en los altos escalones de la vida profesional de lo que les correspondería por demografía. En el mismo Parlamento Europeo (PE), sólo el 30% de los escaños están ocupados por mujeres. En España, el 34%, mucho más que en Portugal (19%), Francia (13%) y Reino Unido (18%), pero menos que en Suecia (45%) y Finlandia o Dinamarca (38%).

Si bien en 2005 hemos celebrado el éxito de muchas mujeres, debemos recordar a todas las que aún ven vulnerados cada día sus derechos más elementales por el simple hecho de ser mujeres.
Factores culturales, económicos, educativos, jurídicos y políticos contribuyen a perpetuar la discriminación de la mujer.

El tsunami que asoló amplias zonas del continente asiático hace más de un año mató a muchas más mujeres que hombres: hasta cuatro veces más en algunas regiones.

Es lo que Amartya Sen denomina Missing women, o fenómeno por el cual en muchos escalones de las pirámides de población no hay mujeres, debido a la excesiva mortalidad y a las tasas de supervivencia artificialmente más bajas.

Además, aparecen nuevos problemas que se agravan día a día, como el sida, con un número creciente de mujeres afectadas (hay países en África donde el 40% de las embarazadas sufre esta enfermedad). Y el tráfico de mujeres y la prostitución forzada, plaga contra la que el Parlamento Europeo se ha pronunciado en numerosas ocasiones.

En la mayoría de los países del Sur las violencias contra las mujeres son múltiples y la desigualdad comienza antes del nacimiento: los infanticidios y la desatención de los niños han alterado la relación demográfica hombre/mujer. En Asia hay 90 millones menos de mujeres debido a esas prácticas.
En Europa, la igualdad entre hombres y mujeres está aún muy lejos de haberse alcanzado.
Según la Comisión Europea, las mujeres europeas tienen más dificultades para acceder al empleo, y cuando lo logran ganan un 15% menos que los varones. Hay signos alarmantes de una "feminización de la pobreza". La dificultad de conciliar la vida familiar y la laboral es la causa de que la tasa de empleo de las mujeres sea también un 15% menor que la de los europeos.

Nuestro país es uno de los que albergan mayores diferencias entre hombres y mujeres que trabajan y aparece por debajo de la media europea en casi todos los indicadores de igualdad.

Recientemente, un estudio del INE mostraba cómo los hombres ganan un 40,6% más que las mujeres en España. Ni siquiera la formación protege a las mujeres contra la discriminación salarial ya que la ventaja salarial masculina se registra en todas las ocupaciones.

Además la tasa de ocupación de las mujeres es 20 puntos porcentuales más baja que la de los hombres y cuatro de cada cinco contratos a tiempo parcial son para mujeres.

Medidas como la reciente ley de igualdad del Gobierno español van sin duda en la buena dirección.
Pero si bien se ha avanzado a lo largo de los últimos años, aún estamos lejos de nuestro objetivo en materia de educación, discriminación laboral y erradicación de la violencia física, psíquica, sexual y económica. Queda un largo camino hacia la igualdad.

El día en el que no se tenga que celebrar el 8 de marzo habremos conseguido superar una lacra ancestral de la Humanidad.

José Borrell
* Presidente del Parlamento Europeo

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