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A más cómo, menos por qué
por Miguel Ángel Aguilar
Contentos nos tienen los del Partido Popular con su convención y su canesú. Nos han dalo la semana. Todo el despliegue a la americana ha sido incapaz de enmascarar el gato por liebre y de encubrir el amarre de extremo-centro en línea con el peor aznarismo. La guardia pretoriana de Mariano Rajoy se ha aferrado al decir popular para repetir aquello de que "como sé que te gusta el arroz con leche por debajo de la puerta te echo un ladrillo", o guiarse por el lema de "al que no quiere caldo, dos tazas". La cúpula de Génova sólo tiene un anclaje en la memoria que le lleva a recordar cómo la victoria electoral de 1996 fue la resultante de la campaña atroz del "todo vale" iniciada tres años antes. Los energúmenos están de regreso y a quienes impugnan su proceder les replican que el único error a corregir es el de la dosis. Por eso concluyen siempre con la necesidad de aumentarla.
Pero han enseñado la oreja y se la ha visto hasta Leo Wieland en el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Nuestro colega, que viene de Washington y cristaliza en el sistema conservador, se ha asomado a la convención y ha escrito que tras el escaparate colorista el núcleo político no es muy alentador para el Partido Popular y ha señalado que el giro al centro no se ha producido ni óptica ni acústicamente durante la convención que venimos comentando. En su opinión, la dramaturgia se encargó de presentar al antiguo presidente Aznar como la verdadera estrella y vino a desmentir el lema "Hay un futuro" que servía de título a la concentración pepera. Un Aznar que para Wieland sigue pareciendo tener más carisma y autoridad en el dedo meñique que su sucesor Rajoy en toda la mano.
Claro que para entender por qué Rajoy se comporta de semejante manera es necesario analizar cómo llegó a la presidencia del Partido Popular. Detengámonos aquí para ampliar nuestra comprensión atendiendo los aforismos reunidos por Jorge Wagensberg en un libro deslumbrante titulado con precisión A más cómo, menos por qué. Escribe nuestro autor –sin haber asistido a la convención ni haber escuchado las negaciones de Aznar sobre las negociaciones que todos le vimos sostener con ETA– que "la verdad es para encarar el futuro y la mentira, para soportar el pasado", que "las verdades se descubren y las mentiras se construyen". Luego, como si estuviera haciendo el retrato-robot del PP, señala que "la vida fluye desde el futuro hacia el pasado, sí, porque empieza cuando todo es futuro y acaba cuando todo es pasado", subraya que "si no fuera por la ocurrencia de sucesos improbables, hoy seríamos aún todos bacterias". Es decir, confirma que la estruendosa predecibilidad orquestada por el PP la pasada semana le retrotrae a un pasado bacteriano. Y concluye que "tratándose de la realidad, nada menos fiable que una verdad que no cambia".
O sea, que también el caso de Mariano Rajoy a más cómo, menos por qué. Repasemos cómo fue encumbrado presidente del PP y se harán innecesarios los por qué que algunos plantean sobre su proceder. Vale. |