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El mayor escándalo en tiempos de la
democracia
Sin pena ni gloria están desfilando por
la Audiencia Nacional
testigos e implicados, en total 65, en el juicio central de KIO, el mayor
escándalo en tiempos de la democracia. Han pasado más de quince años desde la
primera guerra del Golfo, que fue el arranque del gran desaguisado, y más de
una década desde que empezaron los juicios que tienen dos epicentros:
la Corte Civil
de Londres,
donde se dirimen gran parte de las reclamaciones dinerarias, y Madrid, donde se
juzga a los perpetradores de la gran operación corruptora de Javier de
la Rosa.
La Audiencia Nacional
ya concluyó dos piezas del macroproceso, una de ellos con sentencia firme del
Supremo que condenó a Javier de
la
Rosa
, el hombre de Kuwait en España a través de Torras-Kio; a
Juan Folchi, su asesor fiscal, y a Manuel Prado, el amigo íntimo y
administrador privado de los Reyes de España, entre otros; el otro proceso está
a la espera de que el Alto Tribunal decida. Una ramificación importante afecta
a Los Albertos, a los primos Alberto Cortina y Alberto Alcocer, en el asunto de
las torres KIO de la plaza de Castilla de Madrid, que fueron demandados por
estafa y apropiación indebida por sus socios en Urbanor- Prima Inmobiliaria-
Cartera Central, una cadena pensada para estafar. Como se sabe, Los Albertos fueron condenados por el Tribunal Supremo pero no entrarán en la cárcel
mientras el Constitucional decide sobre el amparo solicitado.
Quedaban por juzgar las principales
operaciones de vaciamiento de KIO –por
un lado los casos Quail y Acie y, por otro, las operaciones Pincinco, Prima
Inmobiliaria y Oakthorn– que el presidente del tribunal decidió el pasado
octubre unificar por economía procesal, pues una década de juicios ya empieza a
ser suficiente. Se espera que el caso quede visto para sentencia en abril y la
sentencia propiamente dicha para antes del verano. Para entonces sólo quedará
el recurso al Tribunal Supremo, donde puede permanecer una década más. La
justicia es lenta pero implacable.
Es fácil perderse en este asunto pero el
origen es simple: aprovechando que Sadam Hussein había invadido Kuwait en 1990,
Javier de
la Rosa
,
el hombre de KIO en España, la agencia gubernamental del emirato dedicada a las
inversiones en el extranjero, vació la agencia por medio de diversos artilugios
mercantiles y el apoyo de siglas que llevan a otras siglas que terminan en
Panamá y otros paraísos fiscales. Con la coartada de generar una opinión
publica favorable a los príncipes kuwaitíes en el exilio, sacó los dólares a
paletadas para la supuesta compra de políticos. De ahí los 100 millones de
dólares que De
la Rosa
proporciona a Prado, el administrador privado del Rey, entre otras supuestas
corrupciones. Cuando la situación se normaliza y los señores feudales del
emirato vuelven a palacio se encuentran con unas pérdidas acumuladas de 500.000
millones de pesetas y acusan a Javier de
la Rosa
de apropiarse de más de 100.000 millones.
Desde entonces los tribunales siguen la pista a esos dineros y a sus
beneficiarios y parece que ahora están a punto de concluir las investigaciones.
Han empezado a desfilar los testigos, 65
en total, y todos de gran calidad: los célebres inspectores de Hacienda José
María Huguet y Ernesto Aguiar, cuya implicación en este turbio asunto decidió a
su amigo Pepe Borrell a dimitir como candidato socialista a la presidencia del
Gobierno; Luis Carlos Croissier, que fue ministro de Industria y presidente de
la Comisión Nacional
del Mercado de Valores (CNMV); Emilio Botín y Matías Rodríguez Inciarte,
presidente y vicepresidente del Banco Santander; César Alierta, presidente de
Telefónica; Josep Piqué, que fue ministro de Industria y portavoz del gobierno
de Aznar y en la época de autor, consejero delegado de Ercros, una de las
principales empresas de KIO; Los Albertos, empresarios de múltiples facetas que
tuvieron que renunciar por este asunto a la dirección del Banco Zaragozano;
Antonio Zabalza, que fue secretario de Estado de Hacienda y actual presidente
de Ercros; José Pedro Pérez Llorca, que fue ministro de Suárez y presidente de
la Asociación Atlántica
Española, y Jaume Camps, ex diputado en el Parlamento nacional por Convergencia
y Unió, entre otros. No pasará por
la Audiencia Enrique
Sarasola, amigo de Felipe González, porque murió hace cuatro años. Todos ellos
pasarán por el tribunal que preside Javier Gómez Bermúdez hasta el próximo
miércoles día 15, ante la indiferencia del respetable. Cuando pasa una década
desde la comisión de los hechos a su enjuiciamiento mucha gente, sobre todo los
jóvenes, no saben de qué se habla ni quiénes son los que hablan. Pero no hay
que olvidarlo. |