Nº 684 - 27 de febrero de 2006
 
Hemeroteca Esta semana

De la hiel más perversa de la heroína

Pude ver en Telemadrid  la manifestación contra el Gobierno de la Asociación de las Víctimas del Terrorismo, esa agrupación del PP que tiene a un tal Alcaraz de secretario general de la misma. Esperanza Aguirre, que es la auténtica directora general de Telemadrid a través de Manuel Soriano, su robot mediático de confianza, quiso ahorrarse en esta ocasión los reproches de la COPE. En ocasión anterior, no recuerdo ya cuál, Federico Jiménez Losantos y sus amiguetes recriminaron a Esperanza que hubiera interrumpido la retransmisión para poner una película. Digo que no recuerdo en qué ocasión fue porque la derecha desde que ha descubierto el placer de la calle no ha parado ni un momento y me cuesta mucho distinguir entre unas y otras concentraciones. Todas son iguales, aunque cada una de ellas se centra en un motivo distinto, tres con protagonismo de las víctimas, una con la clerigalla para protestar por los matrimonios entre homosexuales, otra también trufada de capellanes de rango para gritar contra la LOE , una más en Salamanca para ciscarse en los catalanes y, en resumen, todas ellas apuntando a la sien de Zapatero.

Esperanza Aguirre esta vez se comportó como exigían los locutores de la emisora del obispado hispánico y montó un programa que combinaba los directos con imágenes truculentas de viejos atentados. Duró hasta el final, hubo una apariencia de tertulia o de debate con todos de la misma cuerda, salvo José María Brunet, que trató de poner un poco de cordura al desvarío de sus colegas, entre los que sobresalía Cayetano González, flamante director del Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo, celebrado hace poco en Valencia y que sirvió, entre otras razones, para excitar al personal con el fin de que la manifestación aprovechara al PP y desacreditara a Zapatero. Cayetano González, entre los méritos contraídos para ser director del evento, acumula el de haber sido, a lo largo de muchos años, el alter ego de Jaime Mayor Oreja y uno de los ideólogos, desde su militancia opusina, del fundamentalismo antinacionalista vasco.

Aunque la manifestación estaba centrada en las víctimas, la calle Serrano parecía una fiesta. Una especie de kermés de las gentes del PP, con carcajadas de Aznar y sonrisas encantadoras de Ana Botella, con la tele amiga, una de las teles amigas, al servicio de la causa. Llegó la hora de los discursos y habló Alcaraz, con su oratoria de sargento chusquero dirigiéndose torpemente a la clase de tropa. Alcaraz o la historia de un arribista, se escribirá algún día sobre este personaje extraído de algún extraño rincón de no se sabe bien qué historia. ¿De qué vive Alcaraz? ¿Quién paga la factura de todo este montaje de la AVT , plataforma de la agitación genovesa? Pero la pregunta clave es ésta: ¿De qué vive Alcaraz?

Y, de pronto, en la pequeña pantalla, antes de que pronunciara su arenga Alcaraz, apareció Isabel San Sebastián, la periodista heroína, una especie de Agustina de Aragón, perejil de todas las salsas antivasquistas, erigida en jefa mediática de la Cruzada contra la política antiterrorista del presidente Zapatero. Es una hooligan inconfundible que, dos días después, estuvo en 59 segundos machacando a ZP, como hace en Antena 3 y, por descontado, en las páginas del diario El Mundo. Minutos después de que Isabel volviera a ser la protagonista, en plena alocución de Alcaraz, sonó el telefóno.  Era mi amigo Julio Sancho Gómez, viejo republicano, como yo superviviente del terrorismo de Estado que practicaron los militares sublevados el año 1936 y después durante cuarenta oprobiosos años, lo que llevó en agosto del 36 a la tumba al capitán Lozano, abuelo de Zapatero. Lo mataron entonces y lo odian con cruel saña los fascistas en la actualidad. Ahora, si pudieran lo fusilarían de nuevo y, de paso, harían lo propio con Zapatero.

Sancho Gómez, con más de noventa años cumplidos, me espetó con su voz ronca: “Querido Cañuelo: te haré llegar por mi nieto, mañana domingo, a media mañana, un artículo de Isabel San Sebastián, repugnante desde la primera a la última línea. Lo publicó Pedro J. Ramírez el pasado 8 de febrero. Si no lo has leído, harás bien en leerlo y, si te parece, lo reproduces para tu artículo de El Siglo”. Le di las gracias, quedamos en vernos una tarde de éstas en El Comercial, “ahora que apunta ya la primavera y es agradable dar una vueltecita después de comer y con el solecito calentando el ambiente”.

Me llegó el artículo. Se titula “El disfraz del cobarde”. Es ignominioso. Empieza Isabel de la siguiente guisa: “Pensábamos que lo del talante era una herramienta de marketing homologable al célebre ZP. Una pose un tanto enervante, como la sonrisita de hiena o el optimismo antropológico, sin más intención que la de dibujarnos un personaje amable, bondadoso y dialogante en quien depositar el voto. El retrato de un auténtico Bambi de la política. ¡Nos equivocábamos! Sonrisa, talante y modales de cervatillo son el disfraz que esconde una naturaleza cobarde y despótica al mismo tiempo. Un comportamiento altanero e implacable con el débil que se torna servil y claudicante ante los violentos”.

Continúa así: “Ese es el presidente de nuestro Gobierno. Un látigo feroz de católicos pacíficos que se arrastra suplicante ante las hordas de islamistas incendiarios. Un presunto progresista, introductor del matrimonio entre homosexuales en nuestra legislación, que considera “rechazable moral y políticamente” publicar caricaturas del profeta de los mahometanos. Un defensor de la “alianza entre civilizaciones” incapaz de abogar con energía por la causa de la libertad de expresión, base y sostén de la cultura que no ha civilizado”.

Tras otras estólidas reflexiones, San Sebastián afirma: “Ese es José Luis Rodríguez Zapatero. Un dirigente supuestamente democrático que da la espalda a las víctimas del terrorismo (…), mientras cursa instrucciones a su fiscal general para que saque cuanto antes de la cárcel al sanguinario Henri Parot, autor de 82 asesinatos perpetrados con premeditación y alevosía. Un pacifista de pacotilla que no duda de claudicar ante la banda etarra con tal de seguir en el poder unos cuantos años más. Un socialista obrero y español que se entrega en brazos de la burguesía nacionalista catalana y asume el principio de que los más ricos reciban más inversiones del Estado, aun a costa de perpetuar el bache que separa la España próspera de la más desfallecida. Ese es el verdadero talante de Zapatero el pusilánime, que se crece con el pobre y se arruga ante el verdugo. Un cobarde”.

Cuando terminé de leer semejante bazofia, un escalofrío recorrió mi espalda y me estremecí. Recordé textos nauseabundos, como el transcrito, llenos de odio, demagógicos, venenosos, publicados en los tiempos inmediatamente anteriores al golpe de Estado del general Franco, llevado a cabo con la bendición de Mussolini y de Hitler. Iban dirigidos tales panfletos contra don Manuel Azaña. Parecidos se publicaron también contra Felipe González. Hoy el enemigo a batir se llama Zapatero. La heroína exhibe su hiel más perversa. La derecha española continúa anclada en el túnel del tiempo.

Luis G. del Cañuelo

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