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Más allá del “Pizarro, sí; Pizarro, no” Las posiciones partidarias están tomadas y bien consolidadas
pero ha cambiado la canción, que ya no es: “Pizarro sí, Pizarro no”, sino
españolidad o germanía; campeones nacionales, la ultima copla de Zapatero, o
mercado sin fronteras que ahora apoya Rajoy; excepción estratégica o régimen
común; o: ¿cuánta Europa y cuánto Estado nacional? Este ultimo enfoque no se
limita a España: E.ON es el producto de un diseño gubernamental, la fusión de
la electricidad con el gas del Ruhr y un blindaje nacional; Electricité de
France es pública en un 80 por ciento, que es el blindaje absoluto, y el gobierno
galo, tras el corte de las barbas de Endesa, ha decidido forzar la fusión de
Gaz de France con Suez Lyonnais des Eaux; y lo mismo hace Italia, que no ha
dejado entrar a Telefónica, y Portugal. Sólo el Reino Unido mantiene su
histórico librecambismo que tanta grandeza le dio otrora aunque, según dicen
los expertos, están arrepentidos de llevar el liberalismo demasiado lejos. Con
la excepción de éste, España es el país más abierto. Nuestro gobierno, como el
de Aznar, no se puso en guardia como hizo el francés frente al intento de
compra de Danone, que no se dedicaba a la energía, sino a la leche. No movió
una ceja ante la venta a
Se ha elevado el tono del debate aunque subsistan las claves personales que siempre contarán en el mundo de los negocios y en el de la política. Las pasiones han superado al menos el ámbito de si el presidente de Endesa debe estar próximo al PP o al PSOE y se elevan, al menos en el discurso, a la visión que cada partido adopta sobre la bandera de las industrias que privatizó Aznar. El Partido Popular ha abandonado el nacionalismo proclamado cuando estaba en el Gobierno, olvidando que la razón esgrimida para cesar a Villalonga de Telefónica fuera la sospecha de que “el compañero de pupitre” tramaba el traslado de la sede de la compañía a Miami. Zapatero está encariñado con su selección
nacional de campeones industriales; no sólo por el efecto sede que genera
beneficios al entorno industrial, de I+D+i y de empleo selecto, sino también
por el efecto llamada o de movilización patriótica; no me refiero al efecto
llamada de los emigrantes provocado por Caldera, sino a la posibilidad que
tienen los gobernantes de telefonear a los grandes empresarios para que apoyen
objetivos de interés nacional. Recientemente hemos tenido un ejemplo de ello:
en la presentación del gran fondo de fondos en el que se aplicarán 200 millones
de euros a empresas tecnológicas de nueva formación, quien acudió a la llamada
presidencial fueron los campeones: Repsol, Telefónica, el Banco de Santander,
etc., y no esas multinacionales que trabajan en España y que aseguran ser tan
españolas como las citadas. Sostiene
Zapatero que la fuerza de estos campeones contribuyen al peso político de
España en el mundo. El presidente se ha enfadado en serio con
el asalto de E.ON a lo que en su día fue
calificada de “joya de
Ha quedado claro que, a diferencia de su vicepresidente económico, al presidente le importa algo más que un rábano quien se quede con Endesa. La verdad es que Pedro Solbes está rozando la magia para hacer compatibles sus viejas prédicas como comisario europeo con sus actuales responsabilidades; ahora su problema es casar las decisiones regulatorias del ministro Montilla con el electropatriotismo de Zapatero. Solbes pasó un mal trago cuando Rajoy apoyó en el Congreso su oposición al presidente en las opiniones de su vicepresidente aunque no creo que le afectara tanto que Zaplana pidiera su dimisión. Había declarado en el mes de diciembre: “Me importa un rábano quién sea el dueño de Endesa”; quizás guarde de sus tiempos de ministro de Agricultura una alta estima por los rábanos. |