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Por Salvador Martínez
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| Nº 684 - 27 de febrero de 2006 |
La otra transición iraquí: de la guerra al ‘estado de violencia’
El Iraq que dice haber liberado la
coalición que lidera Estados Unidos vive en realidad preso de la inseguridad.
Terroristas, insurgentes, mercenarios y soldados son, entre otros, los
responsables de la violencia que azota el país día tras día. El filósofo
francés Frédéric Gros acaba de publicar un interesante ensayo sobre las nuevas
formas de la guerra. Por Salvador Martínez (París) En Iraq existe un proceso político en
marcha tras la proclamación de victoria hecha por el presidente George W. Bush
a bordo del portaviones Abraham Lincoln en mayo de 2003. Un año después de ese
acto, los iraquíes recibían la soberanía que les había sido arrebatada con la
invasión de marzo de 2003. El segundo año de ocupación, los iraquíes acudieron
hasta en tres ocasiones a las urnas para elegir
A la luz de estos hechos, la invasión y la ocupación posterior que ha dirigido Estados Unidos han posibilitado la transición de la dictadura de Sadam Hussein hacia la democracia. Sin embargo, este proceso político está ensombrecido, si no completamente eclipsado, por la violencia que se desencadena en el país cada día. El maremagno violento que azota Iraq se explica por la lucha contra la insurgencia de las tropas de la coalición, en la que también participa el todavía débil y nuevo ejército iraquí; por la guerrilla insurgente y sus ataques contra las tropas de ocupación y las nuevas instituciones del país y, por último, debido a los ataques registrados en el particular conflicto entre confesiones que enfrenta a la minoría suní y la mayoría chií. De esta forma, las batallas que se
desarrollan a estas horas en Iraq están lejos de ser identificables con aquella
guerra que lanzaron un conjunto de Estados coaligados y liderados por Estados
Unidos contra otro Estado, el del dictador Sadam Hussein. Hoy en Iraq el
recurso a la violencia no está monopolizado por las tropas de la coalición.
Insurgentes, terroristas y agentes de seguridad, entre otros, también hacen uso
de la coacción en el territorio iraquí. La violencia se encuentra menos aún
monopolizada por el Estado iraquí. Éste vio cómo, pocos días después de que
Bush se apuntara “una victoria en la guerra contra el terror” a bordo del
Abraham Lincoln, el director de
Esta decisión se enmarca en la voluntad de Bremer de eliminar todo cuanto tuviera relación con el régimen y su partido único iraquí, el Partido Baas. Tal y como explica Myrian Benraad, doctorando dirigida en su investigación por Gilles Kepell, ese proceso de desbaasificación tuvo como consecuencia la disolución de la administración y una consiguiente propagación del caos. “La amplitud de la violencia en Iraq se explica, ante todo, por la destrucción sistemática del aparato del Estado iraquí”, asegura Benraad en un reciente dossier de la revista Questions Internationales dedicado a Iraq. El filósofo francés Frédéric Gros considera que el caos que vive el territorio iraquí manifiesta que en el país no tiene lugar lo que se define tradicionalmente como una guerra. Gros es el autor de États de violence, una obra aparecida en Francia en enero de 2006. Todavía sin editor en España, el libro de Gros es un “ensayo sobre el fin de la guerra” centrado en la superación de la definición del término guerra que más ha prevalecido en el pensamiento occidental. En Occidente, el Estado, desde que existe, siempre se ha identificado con la guerra. Siendo éste la encarnación institucional de la ley, la consecuencia lógica de una declaración de guerra entre Estados es, como mantenía el jurista del Renacimiento Alberico Gentili, que la guerra se caracterice por ser “un conflicto armado, público y justo”. Sin embargo, Frédéric Gros considera que la guerra de la que habla Gentili “ya no existe”. En la introducción a la problemática filosófica que trata Gros en États de violence se apunta que la guerra “ha muerto cerca del punto en que comienza el siglo XXI”. La reflexión de Gros se enmarca en el
trabajo intelectual de muchos otros filósofos y teóricos de la guerra que han
pensado el conflicto bélico justo después del fin de
No obstante, la década y media transcurrida tras el fin del conflicto entre bloques parece dar la razón a quienes no piensan que las guerras están obligadas a desaparecer. Es más, desde la caída del Muro de Berlín, los conflictos perviven y evolucionan. Ahora tienen menos que ver con Estados en ejercicio de la fuerza y más con crisis de origen guerrillero, terrorista o interétnico. Como los que existen en Iraq. A esta nueva forma de guerra -si es que todavía puede denominarse así- Frédéric Gros, la llama “provisionalmente estado de violencia”. La crisis iraquí, a pesar de que en su origen parta de la voluntad de una serie de Estados de hacer la guerra a otro Estado, es un buen ejemplo de un estado de violencia pues el Iraq de la ocupación presenta tras la desbaasificación una situación que podría calificarse de “anárquica” y “privatizada”. Estas son dos de las características con las que Gros describe a los estados de violencia. La privatización en Iraq resulta
manifiesta muy especialmente en el sector de la seguridad. De hecho, el
territorio iraquí ha visto cómo se han implantado empresas privadas de
seguridad que desempeñan tareas precisas como la de Erinys, contratada en Iraq
para defender las infraestructuras petrolíferas del país pues a menudo son
objetivo de la insurgencia. Según Ybes Boyer, director adjunto de
Semejante tesis lleva a pensar en lo
esencialmente irresoluble que puede resultar la actual crisis iraquí. Sin
embargo, puesto que la destrucción de las instituciones iraquíes ha sido la
principal causa del caos que reina en Iraq, cabe pedir a la coalición que ponga
más interés en la reconstrucción del país que ocupa para enderezar la peligrosa
deriva de la insegura actualidad iraquí. Si nada cambia, los 135.000
estadounidenses desplegados en Iraq junto con los 50 billones de dólares
anuales que le cuesta a
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