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Nº 684
27/2/2006

¿Volverá Aznar?
¿No volverá?

C omo las encuestas insisten en el empate técnico –lo que confirma el CIS–, la verdad es que el PP de Mariano Rajoy da la impresión de haber encontrado, casi dos años después del 14-M, un camino viable para retornar al poder. La estrategia de la crispación permanente, in crescendo, ha contribuido a recortar la distancia entre el PSOE y el PP. Zapatero llega al ecuador de la legislatura sintiendo en su cogote el aliento de Rajoy, aunque no es menos verdad que la diferencia entre ambos líderes es notoriamente positiva para el presidente del Gobierno.

Abundan, sin embargo, en las encuestas datos –aparentemente secundarios–que resultan inquietantes o negativos para Rajoy. Por otra parte, si las urnas arrojaran el empate que se percibe, el PSOE dispondría de potenciales aliados parlamentarios para seguir en el Gobierno, bien en solitario, bien mediante un Ejecutivo de coalición. Mientras, al PP no le sería en absoluto fácil encontrar socios.

La situación política, a día de hoy, gira en torno a dos cuestiones básicas, enormemente polémicas y de alto riesgo. Hay otras también significativas, pero aparecen como más coyunturales y de escaso recorrido. Está claro que esas dos cuestiones a las que aludo son el Estatut de Cataluña y al proceso de paz en Euskadi. Ambos problemas levantan pasiones, propician la demagogia de la derecha y provocan un estado de opinión "caliente", donde se mezcla la racionalidad y los sentimientos a flor de piel que son inevitables.

El Estatut puede complicarse mucho todavía, pero parece que se halla por fin en una vía menos peligrosa que hace meses, relativamente encarrilado e incluso blindado frente a los acosos primarios del patriotismo de hojalata que con tanta diligencia representa el PP. Sus contradicciones son gigantescas. El "asunto Endesa" las ha puesto de relieve. ¿"Asunto Endesa" o, mejor dicho, "asunto Pizarro"? Cuando el estado mayor del PP prefiere una empresa alemana a una española de origen catalán, pensando en salvar a Pizarro, cerebro económico del aznarismo, sus lecciones de amor a España y de defensa de la unidad de la patria se transforman en una caricatura, en una farsa o en un espectáculo tan esperpéntico como, desde luego, grotesco.

Otra cosa es la dinámica en el País Vasco sobre el diálogo con ETA como instrumento para poner punto final a la violencia. Hay motivos fundamentados para creer que no se trata de ninguna ensoñación o fantasía de Zapatero, sino que hay circunstancias objetivas que avalan tal hipótesis. Pero la obstrucción del PP puede dar sus frutos, si no se atisban pronto gestos por parte de ETA que suplan las especulaciones y que anulen de una vez por todas los atentados que se suceden con frecuencia, aunque éstos sean incruentos. ¿Qué le pasaría al Gobierno si en uno de tales bombazos hubiera –incluso involuntariamente– muertos o heridos graves?

En este contexto, el PP se dispone a celebrar su convención. El protagonista de la reunión será probablemente, a juzgar por el programa previsto, José María Aznar. ¿Volverá? ¿No volverá? Preguntas estériles. La realidad es que, a los efectos de la opinión pública, Aznar sigue siendo el referente más nítido del PP. 0 sea, más de lo mismo. Con la losa de la guerra de Iraq, del vasallaje ante Bush y del 14-M encima ¿alguien puede creer seriamente que este PP tiene futuro? No lo tiene a pesar de lo que digan las encuestas, salvo que ZP pierda el oremus o, acercándose en demasía al fuego, acabe quemándose.

Enric Sopena

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