Nº 684 - 27 de febrero de 2006
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Libertad de prensa y alianza de civilizaciones

por Juan Antonio Barrio

Cuando parece que por fin amaina la ola de atentados y manifestaciones violentas en los países de mayoría musulmana –con importantes disturbios todavía en Pakistán e Indonesia– quizás resulta presuntuoso pretender decir algo novedoso sobre el tema. Pero el asunto es tan importante que merece al menos la pena intentar una revisión del "estado de la cuestión".

Para algunos, Savater por ejemplo, la libertad de expresión debe ser irrestricta, no sometida a censura o autocensura, pues ésta no sería sino el principio del fin: sería un apaciguamiento a la manera en que lo fue el Pacto de Munich con Hitler. El final es conocido: "Aceptásteis la humillación para tener la paz; tendréis el deshonor y además la guerra". Bien, ¿cabe criticar –en nombre de la misma libertad de expresión que se proclama– políticamente las viñetas? ¿Cabe criticar al ministro Calderoli –afortunadamente ya ex ministro– de la Liga Norte italiana cuando afirma que a su cerdito le encanta hacer pipí en las mezquitas?

Parece razonable contestar afirmativamente. El contenido político de esta crítica que debe, a mi juicio, basarse en el aprovechamiento político que puede hacerse del caso de las caricaturas, afirmaciones como la del ministro citado, etc. por parte de grupos como Al Qaeda. El objetivo de estos grupos es, creo yo, unificar a la Umma (comunidad musulmana) en un objetivo común: la yihad contra el infiel. Asustados ante el auge del islamismo radical, regímenes comoel sirio o el egipcio no han hecho demasiado para evitar las manifestaciones violentas. Creen quizás que con ello evitan males mayores. Pero el auge del islamismo radical (facilitado por la caída de posiciones políticas anteriores como el nacionalismo panarabista o el marxismo de antes de la caída del Muro) no se parará por eso. La batalla se da en los países de mayoría islámica y también con respecto al islam en Europa. Ambos problemas están íntimamente relacionados. No en balde el problema es difundido en el mundo musulmán por un imán danés. La respuesta en Europa no puede ser el multiculturalismo entendido como desarrollo cultural separado de grupos étnicos o religiosos de origen extranjero. Como dice Gilles Kepel, "frente a eso no hay otra opción que trabajar para la participación plena de la juventud de origen musulmán en la vida ciudadana, a través de instrumentos especialmente educativos y culturales, que favorezcan la aparición de nuevas elites surgidas de esa población (...). Tendrán que ser la encarnación por excelencia (...) del nuevo rostro de un mundo musulmán reconciliado con la modernidad". Es por ello que debe entenderse en sentido amplio la expresión Alianza de Civilizaciones como alianza de valores. Y en ese sentido, merece ser defendida la posición adoptada por Zapatero y Erdogan en la famosa carta. La figura de Erdogan es muy importante en este proceso, por más que su posición sea frágil (o quizás, también por eso mismo). Se trata de combinar lo que algunos piensan imposible: democracia islámica. ¿No tenemos nosotros partidos que se reclaman democratacristianos? Pues con todas sus imperfecciones no deja de ser algo a apoyar.

La solución, con las enormes dificultades que implica, no puede ser aceptar la lógica democrática sólo cuando ganan los demócratas. Sin embargo, reciente está el mirar para otro lado cuando se interrumpió la democracia en Argelia ante el triunfo del FIS. Aplicar la misma lógica. En Egipto con los Hermanos Musulmanes o ante el triunfo de Hamas en Palestina sólo contribuirá al desprestigio de la opción democrática. Y, hablando de Palestina, demos la palabra, por ejemplo, al filósofo Said Zeedani: "Creo, como millones de conciudadanos demócratas de cultura islámica, que fijar los límites de la libertad de expresión no corresponde a las algaradas callejeras ni a las amenazas violentas, sino a los tribunales de los que se dotan las democracias para velar por que todos los ciudadanos podamos ejercer nuestros derechos sin lesionar los de los demás".

Estupendo, ¿no?. Pero a continuación añade algo un poco más incómodo... "¿Cómo defender la democracia contra dictaduras infames apoyadas por el Occidente democrático?, ¿Cómo defender la democracia contra la agresión de un Israel democrático? ¿Cómo defender la democracia cuando Occidente democrático invade y recoloniza Iraq y se apropian de sus recursos en nombre de la democracia? ¿Cómo justificar que, en nombre de la democracia, se apoye a un dictador vergonzoso como Mubarak en Egipto?".

Juan Antonio Barrio

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