Los peligros del voluntarismo
El voluntarismo forma parte del optimismo
antropológico de Zapatero, una virtud que le puede jugar malas pasadas. El
voluntarismo le enredó el Estatut, le está complicando la negociación para
acabar con ETA y le puede restar autoridad frente a
la OPA
de E.ON. El presidente
está mostrando una capacidad, propia de buen estadista, para escapar de los
líos en los que se mete, aunque a veces se deja pelos en la gatera.
En lo del Estatut ha sabido reaccionar
sustituyendo a Carod por Mas como pareja de baile aun a costa de desterrar de
su corte a Maragall. En lo que se refiere a ETA ha recibido un toque de
atención de Felipe González, a quien no hace mucho recomendaba Zapatero, sin
nombrarle, que hiciera el favor de callarse. Pero a Felipe, que asegura haber
dejado su condición de ex presidente por la de ex ex presidente no hay quien le
calle y ha prevenido al compañero contra un “ataque de optimismo”. Le ha dicho
algo más en un tono profesoral que irrita al presidente: “Si uno tiene que
hacer una negociación secreta, ésta no puede aflorar a la opinión pública hasta
que no hay los suficientes puntos de irreversibilidad que hagan imposible
volver atrás en el proceso”. Quizás a González le hubiera gustado decirle estas
cosas en privado al compañero presidente, pero como éste no le recibe se lo
dice a través de los periódicos.
El tercer episodio es el de
la OPA
, contra la que Zapatero se
ha expresado con muy buenas razones: “Estamos hablando del cincuenta por ciento
de la energía nuclear que hay en España; estamos hablando del carbón, que tiene
un interés estratégico; estamos hablando del abastecimiento energético a las
islas, que tiene un interés singular para nuestro país y el Gobierno tiene que
estar pendiente para el futuro”. En esta ocasión quien le ha dado un discreto
toquecillo, pidiéndole calma y Europa, ha sido Carlos Solchaga, pieza clave de
los Gobiernos de González, quien insinúa en Cinco Días la posibilidad de contraatacar
en el terreno meramente mercantil. A ese respecto el agudo periodista Alberto
Valverde, buen conocedor del sector eléctrico, asegura en el confidencial
Capital Madrid que se está organizando un “consorcio nacional” para españolizar
Endesa liderado por
La Caixa
y con la participación de otras cajas regionales (incluso Caja Madrid),
empresas constructoras y de servicios, como Ferrovial, y el apoyo del Grupo
Santander y el conglomerado francés Indo-Suez, que ofrecería a los accionistas
de la eléctrica más que la alemana.
A la firme actitud de Zapatero habría que
aplicarle la reflexión de Felipe: ¿”Hay los suficientes puntos de
irreversibilidad”? ¿Tiene el presidente realmente controlado el asunto?
Esperemos que sí pues, como finalmente Pizarro-PP le ganen el pulso, la
autoridad presidencial sufrirá un deterioro peligroso.
Pizarro se defenderá con uñas y dientes
como corresponde a su probada energía, ON, ON,ON, apoyado en la estrategia del
Partido Popular que, si no ha podido evitar la perdida del poder político, no
está dispuesta a abandonar el económico. El presidente de Endesa ha demostrado
lo que algunos ya sabíamos: que es un genio de la comunicación, un terreno en
el que Gas Natural ha actuado como un pardillo. El mundillo económico es
siempre medroso con el poder político salvo que le vea débil; en ese caso su
descaro no tiene límites. El PP les está diciendo: “Esperad un poco que ahora
volvemos”.
Las OPAs siempre enseñan algo y en ésta
estamos viendo de todo, como por ejemplo el cambio sobre la marcha de los
principios de uno de los contendientes; por la defensa de su enclave eléctrico
el PP ha trocado el patriotismo industrial de la derecha intervencionista de
inspiración aznariana por un oportunismo en el que todo vale si sirve para
deteriorar al Gobierno. Lo que está en juego no es un debate ideologico sobre
la naturaleza y el futuro de nuestras grandes corporaciones ni sobre
alternativas industriales, sino una pugna sobre quién ocupará el sillón de
Endesa; de si permanece al frente de la misma quien nombró José María Aznar o
una persona mejor vista por su sucesor.
Algo puede hacer Zapatero pero se
encuentra en un brete: la prohibición de
la OPA
defraudaría a más de un millón de accionistas
a quienes se ha hecho una suculenta oferta; por otro lado, frenar a los
alemanes sería un mal mensaje cuando Telefónica, los grandes bancos españoles y
las propias empresas energéticas compran todo lo que pueden más allá de
nuestras fronteras; finalmente, España se arriesgaría a entrar en la lista
infamante de “país con alto riesgo regulatorio”, lo que sería altamente
pernicioso para el futuro de las inversiones extranjeras.
José García Abad |