Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 684
27/2/2006

Los peligros del voluntarismo

El voluntarismo forma parte del optimismo antropológico de Zapatero, una virtud que le puede jugar malas pasadas. El voluntarismo le enredó el Estatut, le está complicando la negociación para acabar con ETA y le puede restar autoridad frente a la OPA de E.ON. El presidente está mostrando una capacidad, propia de buen estadista, para escapar de los líos en los que se mete, aunque a veces se deja pelos en la gatera.

En lo del Estatut ha sabido reaccionar sustituyendo a Carod por Mas como pareja de baile aun a costa de desterrar de su corte a Maragall. En lo que se refiere a ETA ha recibido un toque de atención de Felipe González, a quien no hace mucho recomendaba Zapatero, sin nombrarle, que hiciera el favor de callarse. Pero a Felipe, que asegura haber dejado su condición de ex presidente por la de ex ex presidente no hay quien le calle y ha prevenido al compañero contra un “ataque de optimismo”. Le ha dicho algo más en un tono profesoral que irrita al presidente: “Si uno tiene que hacer una negociación secreta, ésta no puede aflorar a la opinión pública hasta que no hay los suficientes puntos de irreversibilidad que hagan imposible volver atrás en el proceso”. Quizás a González le hubiera gustado decirle estas cosas en privado al compañero presidente, pero como éste no le recibe se lo dice a través de los periódicos.

El tercer episodio es el de la OPA , contra la que Zapatero se ha expresado con muy buenas razones: “Estamos hablando del cincuenta por ciento de la energía nuclear que hay en España; estamos hablando del carbón, que tiene un interés estratégico; estamos hablando del abastecimiento energético a las islas, que tiene un interés singular para nuestro país y el Gobierno tiene que estar pendiente para el futuro”. En esta ocasión quien le ha dado un discreto toquecillo, pidiéndole calma y Europa, ha sido Carlos Solchaga, pieza clave de los Gobiernos de González, quien insinúa en Cinco Días la posibilidad de contraatacar en el terreno meramente mercantil. A ese respecto el agudo periodista Alberto Valverde, buen conocedor del sector eléctrico, asegura en el confidencial Capital Madrid que se está organizando un “consorcio nacional” para españolizar Endesa liderado por La Caixa y con la participación de otras cajas regionales (incluso Caja Madrid), empresas constructoras y de servicios, como Ferrovial, y el apoyo del Grupo Santander y el conglomerado francés Indo-Suez, que ofrecería a los accionistas de la eléctrica más que la alemana.

A la firme actitud de Zapatero habría que aplicarle la reflexión de Felipe: ¿”Hay los suficientes puntos de irreversibilidad”? ¿Tiene el presidente realmente controlado el asunto? Esperemos que sí pues, como finalmente Pizarro-PP le ganen el pulso, la autoridad presidencial sufrirá un deterioro peligroso.

Pizarro se defenderá con uñas y dientes como corresponde a su probada energía, ON, ON,ON, apoyado en la estrategia del Partido Popular que, si no ha podido evitar la perdida del poder político, no está dispuesta a abandonar el económico. El presidente de Endesa ha demostrado lo que algunos ya sabíamos: que es un genio de la comunicación, un terreno en el que Gas Natural ha actuado como un pardillo. El mundillo económico es siempre medroso con el poder político salvo que le vea débil; en ese caso su descaro no tiene límites. El PP les está diciendo: “Esperad un poco que ahora volvemos”.

Las OPAs siempre enseñan algo y en ésta estamos viendo de todo, como por ejemplo el cambio sobre la marcha de los principios de uno de los contendientes; por la defensa de su enclave eléctrico el PP ha trocado el patriotismo industrial de la derecha intervencionista de inspiración aznariana por un oportunismo en el que todo vale si sirve para deteriorar al Gobierno. Lo que está en juego no es un debate ideologico sobre la naturaleza y el futuro de nuestras grandes corporaciones ni sobre alternativas industriales, sino una pugna sobre quién ocupará el sillón de Endesa; de si permanece al frente de la misma quien nombró José María Aznar o una persona mejor vista por su sucesor.

Algo puede hacer Zapatero pero se encuentra en un brete: la prohibición de la OPA defraudaría a más de un millón de accionistas a quienes se ha hecho una suculenta oferta; por otro lado, frenar a los alemanes sería un mal mensaje cuando Telefónica, los grandes bancos españoles y las propias empresas energéticas compran todo lo que pueden más allá de nuestras fronteras; finalmente, España se arriesgaría a entrar en la lista infamante de “país con alto riesgo regulatorio”, lo que sería altamente pernicioso para el futuro de las inversiones extranjeras.

José García Abad

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