Nº 683
20/2/2006

Los periodistas europeos reflexionan sobre la crisis


ALERTA EN LA PRENSA POR "LA INTIFADA DE LAS VIÑETAS"



Para las más destacadas publicaciones internacionales, el eje del debate en torno a las caricaturas de Mahoma se centra en definir claramente los límites entre la libertad de expresión de la que goza la prensa occidental y la, de facto, censura imperante en muchas naciones islámicas, al tiempo que desde sus editoriales se lanza una señal de alarma ante lo que bautizan como nueva forma de revuelta del
mundo árabe radical: "La Intifada de las viñetas".

Por Fernando Heller

Destacable en ese sentido es el lúcido editorial del semanario galo L'Express, firmado por Denis Jeambar, quien pone el semáforo en rojo al referirse a que la polémica por las viñetas de Mahoma "es la expresión de una nueva 'Yihad' (Guerra Santa) del fundamentalismo islámico para intimidar a las democracias occidentales". Apunta Jeambar que quienes estos días han atizado la cólera islamista contra Occidente se adscriben "a una manera de pensar que no tolera la pluralidad política, religiosa o filosófica".

No obstante, la publicación francesa va más allá al señalar el peligro que representan "los núcleos duros de fundamentalistas de Europa"; jóvenes musulmanes "frustrados" que no se integran en nuestras sociedades y que responden al "dictado ciego" de "un islamismo radical conquistador que obedece a poderes dictatoriales".

Esos grupos –opina L'Express– en realidad "se radicalizan para evitar desaparecer". La última ola de violencia contra Occidente persigue, en opinión del semanario, "desencadenar una nueva'Intifada' (revuelta) y someter a prueba la capacidad de resistencia de nuestros países, la fuerza de nuestras convicciones y la determinación de nuestros gobernantes". La revista se muestra contundente al afirmar que "no hay que ceder a las pretensiones de un islam radical", al tiempo que vaticina que el islam actual "nunca evolucionará hacia la modernidad si no acepta la pluralidad y la libertad, que son el fundamento de las verdaderas democracias".

En el Reino Unido, el liberal The Economist opta por hablar a las claras, y en plural, de "las guerras de las caricaturas: la batalla por la libertad de expresión". Se pregunta quién debería, en sucaso, poner los límites a esa libertad: "No es una buena idea que los periódicos insulten gratuitamente las creencias religiosas de nadie" pero, según apunta el semanario editado en Londres, "debe ser su decisión el hacerlo o no: eso no es algo que sea competencia de los gobiernos, de los clérigos, o de ningún otro autoproclamado árbitro del buen gusto y la responsabiIidad".

Para The Economist, "en un país civilizado, los individuos deberían tener libertad para publicar aquello que deseen dentro de los límites de la ley". Precisamente sobre el debate acerca de dónde deberían estar las fronteras a la libre expresión y sobre quién debería erigirse en garante o figura tutelar de la misma, la publicación británica comenta: "La libertad de expresión, entre ellas la libertad de burlarse de la religión, no es sólo un derecho que ha costado mucho esfuerzo conseguir, sino el rasgo distintivo de nuestras sociedades liberales. Cuando esta libertad se ve amenazada por la violencia, la tarea de los gobiernos debería ser defenderla a ultranza".

No obstante, el semanario lanza la siguiente pregunta: ", No debería el derecho a la libertad de expresión verse matizado por el sentido de responsabilidad? La contestación es obvia: "Por supuesto", afirma. Y es que -como bien apunta su editorial- "la mayor parte de la gente no va por ahí insultando al prójimo sólo porque está en su derecho de hacerlo".

La llamada de atención y la apelación al "sentido de responsabilidad" de los medios
al ejercer su libertad de expresión, queda patente en esta llamada "a la cordura" y a la "sensatez deontológica" que hace la publicación: "Los medios de comunicación deberían hacer gala de una sensibilidad especial cuando lo que están publicando es susceptible de herir o provocar la ira de minorías vulnerables".

No obstante, The Economist matiza que "la sensibilidad no puede siempre ordenar que nos callemos. Proteger la libertad de expresión tendrá como consecuencia –en muchas ocasiones– el herir los sentimientos de grupos o de individuos, incluso si eso daña la armonía social. Posiblemente las caricaturas de Mahoma son un ejemplo de ello", concluye.

En el periódico milanés II Corriere della Sera, el experto arabista Olivier Roy reflexiona que "el fundamentalismo es identificado por la opinión pública europea con una cultura musulmana que rechaza el 'occidentalizarse'. De ahí deriva la expresión 'choque de civilizaciones' o 'enfrentamiento de culturas'. Pero –de hecho– la renovación religiosa, sea bajo la forma del fundamentalismo o del espiritualismo, es más bien la consecuencia de la separación entre religión y cultura, o lo que es lo mismo, de la reformulación del elemento religioso desde fuera de la cultura". Para el experto, "el fundamentalismo actual, sea cristiano o islámico, expresa -en definitiva- una crisis de la cultura debida a la globalización". El articulista afirma que "los jóvenes musulmanes no se convierten en fundamentalistas para reafirmar una identidad que les niega la civilización occidental, sino porque han roto los vínculos con sus padres y han perdido su cultura tradicional".

Tampoco la prensa germana ha sido ajena al acalorado debate sobre las viñetas del profeta. El semanario Die Zeit recuerda el postulado sobre el "choque de civilizaciones", formulado ya hace trece años por Samuel P.Huntington, y reflexiona sobre lo que considera "el nuevo orden mundial" que supone -en su opinión- "el comienzo del fin de los equlibrios políticos" como se los conocía hasta le fecha. "La rebelión de los musulmanes y el imparable auge de los'dragones' asiáticos son los primeros síntomas de que Occidente ya no domina el orbe. Y si Occidente quiere seguir imponiendo sus postulados, debe comenzar por cambiar sus propios principios", alerta el prestigioso semanario político germano.

Por otro lado, una de las revistas de mayor tirada en Alemania, Stern, dedicaba una expresiva portada al conflicto: sobre el dibujo de una bomba encendida, en representación del mundo islámico, se formulaba el interrogante de ¿Hásta dónde deberíamos preocuparnos? por la ola de radicalismo islámico.
Para Andreas Petzold, redactor jefe de la publicación, a lo largo de la historia el islam se ha visto sumido en el "diktat" (dictado) religioso, que ha acabado por confundirlotodo y poner la etiqueta de "tabú" a todo aquello vinculado con el mundo espiritual.

En ese sentido, Petzold recuerda la "osadía" que tuvo recientemente Dyihad Momani, redactor jefe del periódico jordano Shihan, al atreverse a lanzar la siguiente reflexión en un editorial: ¿Quién ofende más al islam: un extranjero que dibuja una viñeta del profeta o un musulmán que, con un cinturón explosivo, provoca una masacre en medio de un banquete de bodas?

La respuesta, explica el redactor jefe de Stern no se hizo esperar: el periodista jordano fue despedido fulminantemente por su "insolente atrevimiento".


Imán Abu Laban: "No me arrepiento"

El imán Abu Laban, figur de referencia entre los mu sulmanes de Dinamarca y de Escandinavia, quien ha atizado la cólera musulmana contra Occidente tras la publicación de las caricaturas del profeta Mahoma, afirma que no se arrepiente de haber "puesto el dedo en la llaga", al tiempo que afirma que "es muy bueno que la cólera del mundo islámico se desate justo ahora".

En una entrevista exclusiva con el rotativo holandés "Algemeen Dagblad", el líder religioso se reafirma en que fue "correcto haber protestado contra los intolerables insultos al profeta por parte de Occidente". "En absoluto, no me arrepiento de nada. Por supuesto que con nuestras críticas (por la publicación de las caricaturas en el periódico danés "Jyllands Pos-ten") hemos desatado la cólera de los musulmanes, pero nosotros no somos partidarios de la violencia, sabemos que eso no nos llevará a ninguna parte. Lo que nos hace falta ahora es capacidad de reflexión sobre lo que está pasando", afirma. "De todas maneras, he de decir que no me siento para nada responsable por la ola de violencia que se ha desatado contra Occidente en el mundo", matiza. Abu La-ban envió delegaciones a Medio Oriente para quejarse por la publicación de las viñetas, después de que - el pasado octubre- ni el primer ministro danés, Anders Fogh Rasmussen, ni el ministerio danés de Justicia, ni el propio periódico "Jyllands Pasten" hicieran nada tras la publicación de las doce"ofensivas" caricaturas del profeta, en septiem bre. "Mire, el asunto está claro: ¿Es que usted no presentaría una queja a una determinada marca de coches si se demostrara que por un defecto de fabricación de alguno de sus modelos la gente se matase en las carreteras? Pues nosotros hemos hecho eso, simplemente", asegura.

"No quiero amenazar a nadie, pero seamos claros: el balón está ahora en el tejado de Europa. La Unión Europea debe ahora preocuparse por garantizar que los 25 millones de musulmanes que viven en su territorio sean tratados con el mismo respeto y tolerancia que otras minorías....".


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