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| Nº 683 - 20 de fenero de 2006 |
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Mercado y democracia por Santiago Carrillo Algún día los ciudadanos tendrán que enfrentarse a una contradicción de estos tiempos: la sociedad en la que el mercado es Rey y la Democracia, no son la misma cosa por mucho que nos lo repitan a diario políticos, periodistas y estrellas mediáticas. Ni son la misma cosa, ni siquiera son cosas distintas, sino más bien contrapuestas. Sólo que el mercado con su enorme poder se ha atribuido la identidad con la Democracia y es capaz de transmitir esta nueva ideología a buena parte de los ciudadanos, confundiéndolos. Un ejemplo clamoroso nos los proporciona la campaña electoral italiana. Allí formalmente impera también el principio de "un ciudadano, un voto". Pero resulta que un solo señor, Berlusconi, actualmente jefe del Gobierno, tiene nada menos que el monopolio de la televisión. Y esa hoy es un arma casi decisiva. Berlusconi es dueño de la televisión privada y controla además la pública. Por consiguiente logra estar casi permanentemente entrando en casa del elector, invadiendo su intimidad, repitiéndole sus eslóganes. A la hora de comer sus pastas o de descansar tomando un capuchino, cada italiano tiene ante su vista la imagen del inevitable Berlusconi o de alguno de sus socios con la ventaja de que hablaba Goebbels: "Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad". Y Berlusconi es muy pródigo en mentiras. Parece que en esta campaña unas veces se presenta como un nuevo Napoleón, cuando no como un nuevo Churchill, a pesar de no ser más que un triste émulo de Benito Mussolini. Después de pasados quince años de la caída del muro de Berlin, Berlusconi –que ignora la batalla de Don Quijote contra los molinos de viento– se propone derrotar en estas elecciones a la "hiedra comunista" personificada en el moderado Romano Prodi, que como ustedes saben bolchevizó recientemente a los países de la U.E. desde la presidencia de la Comisión Europea. La ventaja de Berlusconi controlando las televisiones italianas es enorme. He aquí un ejemplo indudable de que el derecho de propiedad y la Democracia –con mayúscula– son muchas veces contradictorios. La coalición que encabeza Prodi se encuentra en clara inferioridad a la hora de la propaganda electoral frente a Berlusconi y solo puede poner su esperanza de triunfo en que la agobiante presencia de esta caricatura del "Duce" en televisión produzca los efectos de un vomitivo en los electores de la República transalpina. Cierto que los portavoces de la ideología de la globalización, de lo que suele denominarse actualmente el "pensamiento correcto" cuando unas elecciones democráticas dan un resultado opuesto a sus concepciones, no tienen empacho en descalificadas radicalmente. Por ejemplo, al presidente venezolano Chávez, elegido y confirmado varias veces de forma irreprochablemente democrática, como es antiimperialista se le niega el pan y la sal y se le coloca en el índice. Algo parecido puede sucederle a Evo Morales o a cualquier presidente latinoamericano que no se rinda a los intereses de EE UU. Últimamente en Palestina el partido Hamas ha vencido también un unas elecciones democráticas a despecho de las inmensas presiones ejercidas para impedirlo. Guste o no guste ese resultado habrá que negociar con un gobierno formado en esas condiciones. Y habrá que reconocer que el pueblo palestino tiene también derecho a un verdadero Estado propio en su tierra. Y a dejar de ser un protectorado no sabemos si israelí o norteamericano. Los medios de comunicación tienen hoy un papel decisivo en la formación de la opinión pública. Y esos |
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