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Nº 683 - 20 de febrero de 2006

La OPA

Cuando en España se habla de la OPA se piensa de inmediato en Gas Natural y Endesa. Pero estos días en Europa y en buena parte del mundo financiero internacional, cuando se habla de una OPA, se piensa en el intento de compra del grupo europeo Arcelor por la multinacional Mittal.

Esta OPA, no sólo por la dimenión de la operación, sino porque va nás allá de las relaciones entre em)resas, pone de relieve la nueva esructura de la economía mundial y se plantea como un problema entre sociedades y continentes. Mittal Steel es el primer grupo siderúrgico mundial y pertenece al multimillonario indio Lakshmi Mittal, con el que tenía la oportunidad de entrevistarme hace algunos días. Mittal posee instalaciones en 14 países, emplea a 175.000 personas y en 2004 tuvo unas ventas de 22.000 millones de dólares.

Arcelor es el segundo grupo mundial. Fruto de la fusión en 2002 de tres compañías europeas, la francesa Usinor, la belgo-luxemburguesa Arbed y la española Aceralia, tuvo una cifra de negocio de 30.000 millones de euros en el 2004 y cuenta con una plantilla de 164.000 trabajadores, 90.000 en la UE y más de 15.000 en España. Recientemente también tuve ocasión de reunirme con los representantes de la Federación Europea Metalúrgica (FEM), que me expusieron sus puntos de vista, y en breve lo haré con el presidente del grupo.

La OPA ha sido rechazada por el Consejo de Administración de Arcelor y por muchos de los gobiernos europeos, aunque habrá que esperar para ver el desenlace final. Ten-ga o no éxito finalmente, esta OPA rompe muchos tabúes y es un signo más de los tiempos que corren. ¡Una empresa de un país emergente, India, hace poco sumido en el subdesarrollo, pretendiendo comprar el grupo insignia del tradicional (y otrora todopoderoso) sector siderúrgico europeo! Un sector sobre el que se basó la primera revolución industrial, se levantaron los primeras grandes fortunas en el continente y del que nació el proletariado y su lucha. Pero, en realidad, en el mundo globalizado de los mercados de capital las nacionalidades no existen. Y esta OPA opone dos empresas que ya operan a nivel mundial. El pasaporte y el recorrido vital de Lakshmi Mittal es indio, pero Mittal Steel es un sociedad inscrita en los registros mercantiles holandeses, que cotiza en las Bolsas de Amsterdam y Nueva York, y dirigida de facto desde Londres, país de adopción de Lakshmi.

Pero más que los hechos lo que cuentan son los símbolos, porque son los que emergen y quedan en el subconsciente. Por eso esta OPA ha levantado tanto revuelo y roto tantos mitos. Es una clara señal de la nueva geopolítica que viene, donde el poderío tradicional de Occidente se ve amenazado por el ascenso de potencias como China o India. Esta OPA nos recuerda el mundo en el que vivimos. Es necesario que entendamos que nuestro futuro depende de la forma en la que afrontemos el reto indio y chino. Estas dos grandes potencias unen su masa a la velocidad de su desarrollo. No podemos creer que van a estar produciendo indefinidamente millones de camisetas y toneladas de acero de gama baja.
Mientras tanto, la gran superpotencia, Estados Unidos, defiende con uñas y dientes sus intereses, industrias y agricultura, a riesgo de cuestionar los valores sobre los que nació. Rusia reaparece de las ruinas soviéticas utilizando sus riquezas de gas y petrolíferas. El mundo musulmán no encuentra salida. Sudamérica se rebela mientras puede, para que no le pase como a África, a la que se deja morir y liderar los rankings de penurias... Ante este panorama, Europa necesita abrir urgentemente los ojos.

Una Europa mustia, cuyo proyecto apenas parece ilusionar, desgarrada por guerras inútiles, incomprensible para el ciudadano, obnubilada por la incomprensión mutua entre sus socios, que ha dejado la herencia de la guerra fría, asustada por sus ampliaciones, con Estados incapaces de darse cuenta de la necesidad de articular una respuesta común y que a veces parecen únicamente preocupados de sus pequeños intereses..., una Europa ciega a la verdadera batalla de hoy, la competencia entre continentes. Encerrados en nuestra isla de paz y relativa prosperidad, es necesario que empecemos a entender que nuestro futuro no pasa por los lamentos nostálgicos, sino por una reacción proactiva.

No quisiera parecer pesimista... Nada de eso. Europa sigue siendo uno de los mejores lugares para nacer en este planeta.

Pero Europa debe salir de su ensimismamiento identitario. Bien está celebrar a Mozart este año, como celebramos el Quijote el pasado. Pero si no hacemos mucho más, no nos asombremos de las OPA que vengan en el futuro.

José Borrell
* Presidente del Parlamento Europeo

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