Nº 683 - 20 de febrero de 2006
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Francia nos mira

por Miguel Ángel Aguilar

La semana pasada Juan Luis Cebrián, consejero delegado del diario El País, y Jean Marie Colombani, director del diario Le Monde, cruzaron sus miradas en un encuentro promovido por la Asociación Diálogo de Amistad Hispano-Francesa dentro de una serie que patrocina la tabaquera Altadis. Ante un público encendido, Juan Luis resumió nuestras percepciones de Francia, puerta de Europa, cuna de la Ilustración, patria de nuestros exilios, luz de nuestros intelectuales, hogar de nuestros pintores y esperanza de las fuerzas democráticas que penaban bajo la dictadura franquista felizmente superada. Hizo también un pasaje por los desencuentros históricos con referencias a la francesada con Napoleón y a los cien mil hijos de San Luis, que vinieron después a restablecer en el absolutismo al felón de Fernando VII. Además dejó constancia de la impregnación resultante a base de códigos y de centralismo jacobino.

Acortando el plano, Cebrián se dirigió a Colombani, su interlocutor francés, para reconocer la contribución de José Antonio Nováis, tantos años corresponsal de Le Monde en Madrid, a favor de la recuperación de las libertades públicas y a la forma ignominiosa en que fue perseguido por el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, propulsor de una brutal campaña de injurias y calumnias personales orquestada en los medios de prensa de la cadena del llamado Movimiento de FET y de las JONS, que nuestro colega, de cuerpo frágil y de entereza moral admirable, hubo de aguantar sin posibilidad de réplica alguna.

En aquellos tiempos Le Monde, cuya difusión en España tantas veces prohibida apenas alcanzaba unos miles de ejemplares, era el alimento básico de las cancillerías y el lugar desde donde se le pedían cuentas al régimen. Porque aunque el preámbulo de la Ley de Principios Funda
mentales rezaba: "Yo Francisco Franco, Caudillo de España, responsable ante Dios y ante la Historia...", y ya sabemos lo lejos que queda Dios y cómo se escribe la Historia, en la práctica resultaba que Franco era también responsable ante la prensa extranjera. Cebrián reconoció abiertamente que cuando preparaban el proyecto del diario El País el modelo de referencia que primero se apresuraron a visitar era Le Monde.

El segundo turno, que correspondía a Jean Marie Colombani, permitió un mejor conocimiento de las impresiones causadas por nuestras realidades en los observadores franceses. Así comprobamos cómo se ha evaporado aquella imagen que producían nuestros antepasados en los viajeros románticos a base de Carmen de Merimée y por ahí adelante. España, que tantos años fue vista como una suma anacrónica de problemas retardatarios, empieza a atisbarse como una cantera disponible de soluciones modernizadoras. Por ejemplo, en el plano de la distribución territorial del poder. Colombani hizo un pasaje breve para referir los problemas que Francia empieza a tener con su historia.

Nuestro invitado puso dos ejemplos, las dificultades insalvables para conmemorar la victoria de Austerlitz en contraste con las celebraciones de la derrota de Trafalgar y la revisión crítica que ahora se inicia de la colonización. Hizo también un rendido reconocimiento al comportamiento de la democracia española ante la barbarie del 11-M y destacó cómo aquí nadie había promulgado instrumentos legales de excepción del estilo de la Patriot Act norteamericana o de las adoptadas en Gran Bretaña después de los atentados del metro londinense o de las impuestas por el gobierno de París cuando el levantamiento de la banlieu. Al final devolvió los cumplidos a Juan Luis Cebrián y aseguró que la recuperación de Le Monde busca inspiración en El País. ¿Perseverarán los españoles en la buena dirección?.


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