Nº 682 - 13 de febrero de 2006

 

Caminos de igualdad

por Joaquín Leguina


"Educar a sus hijos en el amor a la libertad y al trabajo, dedicarse a la costura y a otras tareas necesarias para el hogar, tal debe ser el papel de la mujer".
                                   Resolución del Congreso de Organizaciones Obreras. Marsella, 1879.

"El trabajo doméstico es el más conforme a la naturaleza y destino de la mujer. El hombre y la mujer deben realizar su destino, pero deben realizarlo conforme a su naturaleza, que es diferente".
                                                                    Enciclopedia de la Sección Femenina. 1957.

El 23,5% de las mujeres encuestadas dedica algún tiempo al cuidado de los niños. El porcentaje baja al 14,5% en los varones Para nadie es un secreto que la igualdad entre varones y mujeres exige la ruptura con el modelo tradicional de reparto del trabajo, según el cual la mujer estaba destinada al trabajo doméstico mientras el varón aportaba, desde fuera, mediante su trabajo cobrado monetariamente, los recursos para las compras que necesitaba hacer la familia. En este sistema, varón y mujer trabajan, pero sólo él ve remunerado su trabajo. No me detendré en criticar este modelo patriarcal que coloca a las mujeres en posición subordinada, expulsándolas fuera del ámbito público, es decir, reduciendo su actuación, su vida, al ámbito privado

Pero, ¿por qué trabajan hoy las mujeres? Pues por la misma razón que trabajan los hombres: por necesidad, sí, pero ellas trabajan por algo más: por la independencia económica personal, que tiene que ver, obvio resulta decirlo, con la propia identidad. También hay otra razón: ¿para qué han estudiado, si no es para ejercer una profesión? Y tampoco es desdeñable el hecho de que el trabajo en sí, cuando se realiza fuera de casa, muchas veces es fuente de satisfacción. Este impulso femenino, el impulso de trabajar fuera de casa, choca con el obstáculo de la realidad, para empezar, con la realidad de los hijos. ¿Son un obstáculo para el trabajo fuera de la casa de las mujeres? El 51% de los españoles considera que sí son un obstáculo (el 68% entre los británicos y el 49% entre los italianos). Por el momento, no nos rasguemos las vestiduras porque, en efecto, los niños son un inconveniente para trabajar fuera de casa. Lo significativo está en que entre esos mismos españoles, británicos o italianos tan sólo el 6%, el 10% y el 5,5%, respectivamente, considera que los hijos son un obstáculo para el trabajo fuera de la casa de los padres varones. ¿Qué está detrás de estas respuestas del Eurobarómetro? Pues que los encuestados, en su inmensa mayoría, consideran que son (¿o han de ser?) las mujeres quienes cargan con el peso de los niños.

Si tomamos, por un lado, al conjunto de las mujeres y, por otro, al conjunto de los varones, la Encuesta de empleo del tiempo, cuya última publicación por parte del INE corresponde al período 2002-2003, nos dice que el 25,2% de las primeras trabaja fuera del hogar, mientras que los varones lo hacen en una pro-porción del 43,4%. Los varones trabajan fuera de casa (incluidos los desplazamientos) 8,2 horas cada día y ellas, las mujeres, 6,5 horas. Detrás de estas diferencias de horario está el "trabajo a tiempo parcial", que se ha convertido en un fenómeno extremadamente feminizado, trayendo consigo otra discriminación.

Comprobamos así que estamos ante una sociedad no-igualitaria en lo que se refiere al acceso al trabajo fuera del hogar o, quizá, sería mejor decir que en esta sociedad conviven dos modelos de comportamiento femenino: uno tradicional (descrito antes) y otro moderno, al que correspondería ese 25,2% de mujeres que trabaja fuera de casa.

Pero, ¿cómo se reparten las "tareas del hogar"? El 90,6% de las mujeres participan en esas tareas y dedican a ello 3,3 horas diarias de media. El 56,6% de los varones también dedica algún tiempo a esas labores hogareñas... pero sólo 1,2 horas diarias. Algo parecido ocurre con el cuidado de los niños y adultos dentro del hogar: el 23,5% de las mujeres encuestadas dedica algún tiempo a ello, de media, 2,2 horas diarias. El porcentaje baja al 14,5% en los varones, que dedican menos tiempo: 1,4 horas diarias.

Estamos, pues, ante una sociedad en transición en la cual conviven el viejo esquema de reparto y otro que se abre paso, pero en el cual también se dan otras discriminaciones contra las mujeres.

Entre estas discriminaciones están las muy conocidas: mayor paro femenino y, en igualdad de condiciones profesionales y horarias que los hombres, menores salarios, pero también aparecen en la distribución del trabajo. Veamos cuáles son los comportamientos respecto al trabajo y en qué difieren varones y mujeres cuando ambos trabajan fuera del hogar, es decir, cuando ambos son activos y están ocupados.

Ya hemos visto que las mujeres que trabajan fuera del hogar (las mujeres ocupadas) dedican a ese trabajo 1,7 horas menos (de media diaria) que los varones, pero lo compensan con creces dedicando tres horas y media diarias (de media) al "Hogar y familia". De hecho, el 92,8% de las mujeres que trabajan fuera dedican algún tiempo a trabajar en casa, porcentaje que baja al 68,1% entre los varones ocupados y éstos, además, dedican a esas tareas mucho menos tiempo, concretamente 1,3 horas ca-da día. Quizá por eso pueden dormir algo más (8,2 horas frente a 8,1 de las mujeres ocupadas) y ven más la televisión. Con más precisión: el 800/, de los varones ocupados ve todos los días la televisión una media de dos horas. El porcentaje baja al 75% en las mujeres ocupadas, con una media diaria de 1,4 horas.

En España el 60% de las mujeres con hijos pequeños están en el mercado de trabajo y representan, sin duda, la parte más débil de la cuerda o, por mejor decir, son la gente más esforzada y por ello la más significativa dentro de este proceso de cambio. Son esas mujeres las que cargan hoy con el mayor peso de ese carro. Un carro que conduce a otro reparto del trabajo, a una sociedad distinta que precisa para su implantación de otros esquemas mentales, de otras prácticas y también de apoyos.

¿Y qué piensan las madres trabajadoras? Una encuesta realizada en 1999 por Constanza Tobío y Juan Antonio Fernández Cordón entre madres trabajadoras arroja datos muy significativos. El 50% de las encuestadas considera que la situación ideal para ellas es trabajar a tiempo parcial mientras los niños son pequeños y el 21% considera que lo ideal sería no trabajar. Esto desde su óptica personal, pero cuando se les pregunta cuál es la situación ideal desde el punto de vista de sus hijos, de los niños, el 48% dijo que la situación ideal para los niños sería que ellas, sus madres, no trabajaran y el 29% que las madres trabajaran a tiempo parcial.

Como se ve, una "situación ideal", nada ideal, pero que sí lo es bajo los condicionantes hoy existentes. Son esos condicionantes los que tendrán que cambiar para que las mujeres encuestadas encuentren, mayoritariamente, como situación ideal no el trabajo parcial o la renuncia al trabajo fuera de casa, sino el trabajo pleno y fuera de casa.

Resulta evidente que a la incorporación de la mujer al trabajo fuera del hogar, que es la clave del arco sobre el cual se han de construir las relaciones de igualdad entre hombres y mujeres, le queda mucho camino por recorrer y, además, se está produciendo sin que, paralelamente, se haya visto acompasada con una incorporación suficiente delos varones al trabajo doméstico. Y aquí reaparece el trabajo a tiempo parcial al que se acogen muchas mujeres y muy pocos hombres. ¿Por qué? En primer lugar, por el peso de la tradición, que coloca a las mujeres ante obligaciones hogareñas supuestamente femeninas, pero también por una decisión económicamente racional que se deriva de la fuerte discriminación salarial que sufren las mujeres. Por eso, a la hora de decidir cuál de los dos se acoge al trabajo a tiempo parcial, resulta menos oneroso, económicamente hablando, que sea la mujer quien se acoja y no el varón. Por eso, también, los descansos y permisos por maternidad —que están establecidos legalmente en pie de igualdad para ambos miembros de la pareja— son utilizados abrumadoramente por las madres.

Si todos los mecanismos que pretenden ahora o puedan pretender en el futuro "conciliar la vida laboral y familiar" van a ser utilizados casi exclusivamente por las mujeres, el objetivo de igualdad no se conseguirá. Es más, estará alejándose. Por eso, aunque parezca una contradicción, todo incentivo que pretenda "conciliar la vida laboral y familiar", es decir, el trabajo dentro y fuera del hogar, deberá primar al varón, aunque ello determine un aparente perjuicio para el colectivo femenino, pero es la única forma de que, ceteris paribus, se incentive el trabajo femenino fuera de casa.

Pero no nos debemos engañar: por mucho que se apoye desde las normas legales, esa igualdad se re-siente de una discriminación profesional y salarial que coloca a las mujeres en una situación tan injusta como subordinada en el vasto campo de la empresa privada. Es ahí, en esa discriminación laboral, donde está hoy el mayor obstáculo contra la igualdad, es decir, contra el reparto razonable del trabajo entre varones y mujeres dentro y fuera de casa.

Joaquín Leguina

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