Hemeroteca Esta semana
 
Nº 682 - 13/2/2006

El sector institucional y las bases independentistas se enfrentan

 

MOVIDA EN ERC


Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) vive un momento político delicado. El pacto sobre el Estatuto alcanzado entre José Luis Rodríguez Zapatero y Artur Mas han descolocado al partido de Josep Lluís Carod-Rovira y Joan Puigcercós, y los sectores militantes más radicales y hostiles al actual estrategia de la dirección de ERC en Cataluña y en Madrid no están dispuestos a renunciar a sus esencias. En su inmensa mayoría, las bases de ERC no están por la labor de apoyar el proyecto de nuevo Estatuto, y algunos militantes cuestionan incluso la permanencia del partido republicano en el Gobierno de Pasqual Maragall

Por Paco Soto (Barcelona)

Soplan vientos huracandos en ERC. El histórico partido catalán permaneció en hibernación política durante los casi 40 años de dicta dura franquista y los primeros 15 años de de mocracia, y experimentó un cambio generacional y un giro abiertamente independentista a partir del nombramiento de Angel Colom a la secretaría general, en 1989. Es querra Republicana siguió conservando el núcleo de dirigentes y militantes históricos, algunos de los cuales eran muy conserva dores, como el ex presidente del Parlamento catalán, Heribert Barrera, pero se fue nutriendo de savia juvenil independentista. En la década de los 90, gran parte del independentismo radical y partidario de la lucha armada abandonó sus elucubraciones revolucionarias y una estrategia violenta digna de risa si no hubiera causado varios muertos y heridos entre la población y en sus propias filas y se intregró en ERC. El partido independentista desempeñó un papel determinante en el abandono de las armas y la disolución de Terra Lliure y la liberación de sus presos, así como en la desaparición de grupos ultraizquierdistas como el MDT o Catalunya lliure. ERC acogió a muchos antiguos radicales en sus filas, pero también a jóvenes independentistas enemigos de la violencia y a sectores sociales desengañados por el nacionalismo tradicional e incluso el socialismo catalán. ERC dejó de ser un partido político testimonial y se convirtió en la tercera fuerza parlamentaria. La salida de Colom y de un grupo de dirigentes y militantes de ERC imprimió al partido un carácter de mayor seriedad y lo alejó de la estrategia del show mediático y las provocaciones infantiles que había impulsado el antiguo seminarista y hoy en día hombre de negocios en Marruecos, junto con algunos compañeros de viaje como la periodista Pilar Rahola. En ERC, conviven socialdemócratas clásicos con antiguos izquierdistas más o me-nos marxistas leninistas, libertarios, centristas liberales que sueñan con la independencia de Cataluña, ultranacionalistas que odian a España y nacionalistas razonables y respetuosos y militantes sin adscripción ideológica clara. El denominador común entre todas las corrientes y sensibilidades es el republicanismo y el independentismo. La fraseología federalista que utiliza ERC en estos momentos no es más que un discurso de cara a la galería para tranquilizar al PSOE y superar por la izquierda la posición del PSC. La libertad de expresión en ERC es, a fecha de hoy, mayor que en otros partidos catalanes, y quizá contribuya a esta realidad la propia organización asamblearia del partido.

Las bases deciden, pero no tanto... Son las bases del partido las que deciden la estrategia y la táctica a seguir y controlan a los dirigentes. Así fue, por lo menos teóricamente, hasta hace casi dos años y medio, cuan-do ERC consiguió excelentes resultados en las elecciones catalanas de octubre de 2003 y entró a formar parte del Gobierno de Pasqual Maragall. La decisión, según señalan fuentes del partido republicano, "no fue fácil de tomar, porque no todos los dirigentes territoriales y militantes estaban de acuerdo, y no querían gobernar con los socialistas, a los que consideran personas políticamente poco fiables y demasiado entregadas al PSOE, empezando por Maragall". El propio presidente del partido, Josep Lluís Carod-Rovira, manifestó dudas al respecto, mientras que el secretario general y hombre fuerte del aparato, Joan Puigcercós, se pronunció decididamente a favor de la entrada en el Gobierno de la Generalitat. Después, el PSOE ganó las elecciones y ERC se convirtió en el principal apoyo parlamentario de los socialistas españoles. La dirección republicana supo repartirse muy bien las tareas: Puigcercós, un político pragmático y seductor y dotado de una gran inteligencia política, que sabe adaptarse a las circunstancias, se fue al Congreso de los diputados. Carod-Rovira se quedó en Cataluña controlando la actividad de su partido en el Gobierno y las instituciones. El presidente de ERC tuvo que dimitir por su desafortunada reunión con dirigentes de ETA, en Perpiñán, y desde entonces ha sido objeto de despiadados ataques por parte de la derecha mediática y algunos sectores del PSOE. Aún así, la actividad del tripartito, con algunos altos y muchos bajos, y la negociación del proyecto de nuevo Estatuto colocaron a ERC en el candelero político catalán y español. En Madrid, Puigcercós supo aplacar los ánimos impetuosos de algunos diputados republicanos y des-empeñó una actividad parlamentaria impecable. En Cataluña, ERC dejó de ser el 'partido de la pancarta' y la reivindicación permanente para convertirse en una fuerza 'respetable' con implicación directa en la gobernación de la Generalitat, 100 alcaldes y 1.200 concejales y presencia en diversas instituciones. "Pasamos de ser un partido que rechaza el 'statu quo' a un partido que gobierna y ofrece alternativas maduras a la sociedad", señala un dirigente de Barcelona.

Según este dirigente local de ERC, "no se puede entender lo que pasa en el partido en estos momentos si desconocemos que un amplio sector de los militantes siempre vio con dificultades nuestra participación en el Gobierno de la Generalitat con el PSC y nuestra implicación en la política española". La dirección del partido supo aparcar las diferencias tácticas e incluso estratégicas entre algunos de sus miembros y controló con habilidad a las bases; lo hizo con la promesade que la etapa actual no iba a durar siempre, y convenció a los militantes para que asumieran que ERC, hoy por hoy, no tiene fuerza suficiente para conseguir sus objetivos y necesita de las alianzas y los acuerdos. Pero el sector más purista del partido y de los simpatizantes y electores aceptó con dificultades esta "alianza con los españoles", y algunos la interpretaron como una "traición". La reforma del Estatuto y el nuevo sistema de financiación fue el caramelo que dieron los dirigentes de ERC a sus bases, para tranquilizarlas y que entendiera que estos objetivos eran necesarios de cara al objetivo final: la independencia de Cataluña por la vía democrática y con un apoyo social suficiente. En mayor o menor medida, "los militantes lo entendieron y las voces críticas se redujeron a la mínima expresión", aseguran fuentes de ERC. Los acontecimientos políticos de las últimas semanas y el pacto estatutario PSOECiU han desencadenado un fuerte malestar en las bases de ERC y desconcierto entre sus dirigentes más proclives a gobernación de la Generalitat junto con el PSC y la participación en la política española. Las bases se sienten engañadas por el PSOE y los más radicales, traicionados por sus dirigentes. Las presiones políticas y mediáticas que recibe ERC para que se apunte finalmente al carro estatutario, o abandone el tripartito si vota en contra del nuevo marco de autogobierno, avivan aún más el desconcierto y el enfado de muchos dirigentes y militantes.

Por una cuestión de mero realismo político, hay dirigentes y militantes de ERC que consideran que tienen que seguir en la Generaliat, entre otros motivos porque los republicanos gobiernan ayuntamientos gracias a pactos con los socialistas o ICV-EUiA. "Otra cosa es lo que nos dice el corazón, porque sabemos que la mayoría del PSC es poco catalanista y su proyecto es básicamente español. Esto, a nosotros, no nos gusta, y ahora que el PSOE ha pactado con CiU a espaldas del tripartito y del propio PSC, pues aún menos", cuenta a este semanario un militante de ERC de Girona. La postura de este activista es compartida por la mayoría de los militantes de base, que así lo expresaron prácticamente al unísono en todas las asambleas territoriales que el partido celebró recientemente. Los dirigentes, con Carod-Rovira en cabeza, tomaron nota, y no olvidan que el conjunto de las bases no quiere que ERC voté sí a un Estatuto en el que, en su opinión, los independentistas han sido marginados en la etapa final de la negociación. Mucho tendrá que maniobrar la cúpula de ERC para convencer a la militancia sobre la necesidad de que el partido no se quede al margen del nuevo Estatuto, ni abandone el Gobierno del tripartito. El dirigente de Barcelona de ERC consultado por EL SIGLO explica que "el sector institucional del partido, este núcleo representado por consejeros del Gobierno, alcaldes y altos cargos públicos, se resiste a abandonar sus parcelas de poder y hasta pequeños privilegios y volver a la oposición pura y dura, y hará todo lo posible para que Esquerra no vuelva a las tinieblas exteriores". Oficialmente, la dirección de ERC niega que exista una dualidad entre dirigentes y militantes y minimiza las discrepancias internas, pero los observadores políticos mejor informados en Cataluña aseguran que si finalmente se aprueba un Estatuto a la baja y CiU pasa a desempeñar un papel más activo en la escena política española, el tripartito se romperá, ERC tendrá que abandonarlo y sus dirigentes, rendir cuentas a las bases y a los sectores más radicales del electorado.

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