Nº 682 - 13 de febrero de 2006
 
Hemeroteca Esta semana

De Carlos Herrera, de César Alonso de los Ríos,
de Gabriel Albiac

por Luis G. del Cañuelo

Después de haberse conocido públicamente que el pacto para el Estatuto valenciano entre el PP y el PSOE se mantenía, a pesar de algunas vacilaciones y contrapropuestas de última hora de los socialistas valencianos, Carlos Herrera, el conductor de las mañanas de Onda Cero, metió periodísticamente la pata. Este periodista filopepero, cortejado por Javier Arenas, líder del PP andaluz, para que se presente a las elecciones municipales encabezando la lista conservadora de la capital andaluza, publicó un artículo en el diario ABC, donde colabora habitualmente, como si el acuerdo se hubiera roto o estuviera a punto de romperse.

Herrera impidió, siguiendo la norma sagrada del periodismo amarillo, que la realidad  le estropeara sus razonamientos. ¡Y qué razonamientos! Bueno, nada sorprendentes porque Herrera sigue a su aire la estela de Federico Jiménez Losantos, como es fácil de comprobar a diario. “El fascismo difuso que destilan algunas de las esporas del “Pacto del Tinell”, ése según el cual nunca se deberá ni se podrá pactar con el Partido Popular en ninguna instancia del Estado, acaba de evidenciarse de forma explícita en el amago de ruptura del acuerdo que las dos principales fuerzas políticas de la Comunidad Valenciana establecieron para sacar adelante su renovado Estatuto”. Así empezaba el comentario de Herrera.

Comienza su comentario falseando la verdad porque calificar al  aludido Pacto del Tinell de fascismo difuso es una simpleza. ¿Por qué asegura eso el locutor de Onda Cero si, como es notorio, Josep Piqué fue requerido por el resto de partidos catalanes para que entrara nada menos, desde posiciones críticas naturalmente, que en el pacto del Estatuto? Piqué no lo hizo, aunque él sí hubiera querido, lo que le ha reportado numerosos problemas en el interior de su propio partido, y sí acudió personalmente, por ejemplo, a la reunión de Marivet, promovida por el presidente de la Generalitat, Pascual Maragall. Los que prohibieron que  el jefe del PP de Cataluña se implicara más en el proceso del Estatut fueron los máximos dirigentes del PP nacional. ¿Calificaría Herrera a éstos, a los Rajoy, Acebes y Zaplana, de fascistas difusos?

Uno de los puntos de confrontación de última hora planteados por los socialistas valencianos fue el de facilitar la entrada de partidos minoritarios en el Parlamento autonómico, exigiendo sólo un tres por ciento de votos en lugar del cinco por ciento vigente. Tal circunstancia incrementaría el pluralismo en la vida política valenciana, aunque ciertamente podría beneficiar en estos momentos al PSOE porque podría pactar con ellos y alcanzar la mayoría suficiente para gobernar. Recuérdese, sin embargo, que en épocas pretéritas el PP fue quien se benefició de la existencia de partidos pequeños como Unió Valenciana, que predicaba un cierto nacionalismo populista de carácter valenciano, fuertemente anticatalanista. La suma del PP y de UV propició el primer Gobierno Zaplana, si mi cada día más frágil memoria no me traiciona. Luego UV desapareció del escenario y acabó siendo absorbido por el PP.
Esos partidos minoritarios, uno de los cuales sería el llamado Bloc, de tendencia nacionalista filocatalanista, o la propia ERC, son descritos por Herrera como “alborotadores colaboracionistas”, un estilo de lenguaje muy del agrado de la derecha más rancia o más extrema. Pero los excesos retóricos conservadores forman parte de sus notas más características. César Alonso de los Ríos, por su parte, sintetiza lo que está aconteciendo en relación a la paz en Euskadi de este modo: “!Paso a ETA!” ETA gana, el Estado de Derecho pierde. Coincidencia básica con las tesis de Mariano Rajoy: “Fungairiño es una víctima más del intento de negociar con ETA” “Lo han liquidado desde el Gobierno en un paso más hacia su objetivo de negociar políticamente con el entorno de ETA”, sostiene el líder del principal partido opositor. Argumentos simplificadores, de brocha gorda, orientados al comecocos: “Es lamentable que Fungairiño haya tenido que renunciar a su cargo cuando era un baluarte del Estado de Derecho contra ETA. Él ni es de derechas, ni es de izquierdas, ni sé de qué es, ni mi importa, es un servidor del Estado de Derecho”.

¿De derechas? ¿De izquierdas? ¡Qué más da! ¡Qué vulgaridad referirnos a estas cosas! Rajoy se sitúa por encima del bien y del mal. ¿Qué es él mismo? No es de derechas. Tampoco de izquierdas. Continúa viajando hacia el centro. No tiene prisa, pero es constante en la tendencia. Siempre hacia el centro. El centro reformista, qué bonito, el centro liberal y reformista, más bonito todavía. El PP es un partido moderado, tolerante, dialogante, flexible, abierto, que alberga a distintas sensibilidades. En las antípodas del PSOE, que es un partido radical conducido por un político como Zapatero dispuesto a ejercer “el monopolio político”, según advierte en La Razón el filósofo Gabriel Albiac, otro converso, pasado de la extrema izquierda al PP.

Examinemos la radiografía de Albiac sobre el PSOE: “Liquidaron a Liaño. Liquidan a Fungairiño. La lógica del PSOE es implacable. Con Zapatero como con González. Con Maragall como con Serra. El poder judicial sobra. Todo poder independiente está de más para una doctrina asentada sobre el monopolio político de esa amalgama partido-Estado, que hereda la quintaesencia del franquismo: el Movimiento como alternativa totalitaria al galantismo postulado por Montesquieu (…) Con Zapatero como con González; con Conde Pumpido como con Roldán, Vera y Barrionuevo; con Montilla como con la banda de Sala, sólo una es la concepción socialista del Estado: su absorción por el Partido. Único, por supuesto”.

O sea, el PSOE es el heredero del franquismo. Hay que ser filósofo, filósofo como Albiac, claro, para llegar a tan lúcidas conclusiones. Añade alguna otra observación relevante: “Esto está en juego: la impunidad de ladrones y asesinos. La impunidad deífica de los políticos. Esa casta terrible frente a la cual no queda al ciudadano (…) más que bajar la cabeza, sufrir el abuso y no poder siquiera reclamar cuentas por vía alguna (…) Liquidaron a Liaño. Y fue uno de los momentos más tristes de la tristísimo cosa esta a la cual llamamos –y da cierto rubor- democracia (…) En un país así, ya no hay futuro. Para nadie”.

No se ponga tan fúnebre, Albiac. A Vd. siempre le quedará el PP y, si no París, al menos le quedará
Génova.

Luis G. del Cañuelo

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