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Lista Punto de vista
Nº 682 - 13 de fenero de 2006

Empecemos por Palestina

por Santiago Carrillo

L a victoria de Hamas en las elecciones palestinas) debería ser motivo de una reflexión profunda en Occidente. Hubo quien creyó que la desaparición de Arafat iba a simplificar el camino hacia la paz, ahora se ve que el líder palestino, con su carisma era más bien un elemento de moderación. La mayoría del pueblo palestino había perdido la confianza en sus antiguos exponentes políticos y hacía responsable de su dramática situación particularmente a los EE.UU., pero también en gran modo al conjunto de Occidente.

Volviendo la vista atrás hay que reconocer que la decisión de la ONU, de crear dos Estados, uno judío y otro árabe sobre el territorio de Palestina, aunque en Occidente se interpretó como un acto de justicia al pueblo judío, compensación del Holocausto nazi, fue recibido en cambio como un trágala por el mundo árabe, que reaccionó declarando la guerra a Israel. Los árabes fueron derrotados militarmente y el resultado fue que en vez de dos Estados hubiera sólo uno en aquel territorio: el de Israel. Centenares de miles de palestinos fueron expulsados de sus casas y sus tierras y aparcados como ganado en enormes campos de refugiados, en países vecinos que se convirtieron en focos de odio y de resistencia frente a Israel. Lo cierto es que nunca llegó a establecerse en Palestina el otro Estado previsto en 1947. Decenas de resoluciones de la ONU, favorables a los árabes, han quedado reducidas a letra muerta. Algunas concesiones logradas difícilmente impusieron en parte del territorio una autoridad pa-lestina, pero tan limitada en sus medios y poderes que de hecho siguió siendo un protectorado israelí, en el que se cometieron todo género de barbaridades, como la destrucción de viviendas y los llamados asesinatos selectivos.

Este conflicto comenzó a abrir un foso profundo entre Occidente –y particularmente los EE.UU,.- y los pueblos árabes e islámicos.

El malestar se multiplicó, primero con la instalación de bases militares norteamericanas en Arabia Saudí, donde se encuentran los lugares sagrados de la religión islámica. Después con la invasión y la guerra de Irak y Afganistán. Ahora problemas como la decisión de Irán de desarrollar su industria nuclear y desgraciados episodios como la caricatura de Mahoma en un periódico danés, han desencadenado una oleada impresionante de protestas en todo el mundo islámico, alcanzando incluso a los sectores de esas creencias en diversos países europeos.

Hemos llegado demasiado lejos en el conflicto. Suenan incluso voces amenazantes. Se habla de un nuevo papel, no el de la ONU, sino el de la OTAN, que es una organización militar para intervenir en el conflicto.

Pero eso sería la guerra acariciada por Bush. La guerra entre los dos mundos en que se divide hoy el planeta. La guerra entre civilizaciones de la que tanto se ha hablado. Hay que decirlo con claridad, antes de que nos metan en una situación sin salida.

La situación hay que mantenerla en el terreno diplomático y el diálogo Y eso es lo que Occidente de-be dejar claro con palabras y con hechos. El primero de estos tendría que ser alcanzar una solución rápida del problema palestino que consista en conseguir la creación de un Estado Palestino auténtico, junto al de Israel. Por los caminos seguidos hasta aquí eso ha sido imposible, lo que explica la victoria democrática de Hamas. La llamada Hoja de ruta ha fracasado, hundiendo de paso a Al Fatah. Hay que cambiar de ruta con decisión y acelerar el momento en que los dos Estados acordados en 1947 por la ONU sean una realidad. La ficción está resultando demasiado cara.

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