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Nº 682 - 13/2/2006

Francisco Camps se consolida en Génova tras la aprobación del Estatuto Valenciano

EL PP ALUMBRA UN LÍDER `NACIONALISTA'


El valenciano ha sido el primero de los Estatutos autonómicos que ha aprobado el Congreso de los Diputados. Un texto que, en oposición al polémico catalán que ahora estudia la Comisión Constitucional, llegó a Madrid con el acuerdo de PP y PSOE, algo realmente insólito en los tiempos políticos que corren. Su principal autor ha sido Francisco Camps, uno de los presidentes autonómicos populares que más está creciendo en los últimos tiempos. Autodenominado centrista, vuela ya solo una vez ganada la batalla a Eduardo Zaplana, con cuya incómoda sombra ha tenido que lidiar hasta hace bien poco. En plena tormenta del Estatuto catalán, Camps ha sido capaz de convencer a su partido de las bondades de la reforma estatutaria, cambios que otros líderes populares como Jaume Matas o Alberto Núñez-Feijóo quieren para sus respectivos territorios. Josep Piqué ya ni se atreve.

Por V.C.

El lío del Estatuto catalán sin duda le ha quitado protagonismo, pero mientras que José Luis Rodríguez Zapatero negociaba con los líderes de CiU el pacto sobre el polémico texto, Francisco Camps llevaba meses con un histórico acuerdo con los socialistas valencianos bajo el brazo; mientras el Gobierno tejía sus nuevas alianzas políticas con los nacionalistas moderados, los valencianos estaban ya en la cuenta atrás para que el Congreso de los diputados aprobara su reforma estatutaria.

A diferencia del Estatuto catalán en el que todo el mundo ha perdido la esperanza de que el PP participe en su reforma, en el valenciano fueron los populares los propulsores de esta reforma que como principal cambio supone equiparar esta autonomía a las que, en su día, accedieron por la vía del artículo 151 de la Constitución, las históricas. Así, se concede al presidente de la Generalitat plena capacidad para disolver las Cortes Valencianas y convocar elecciones. Además, el texto elimina el tope de consellersque puede tener el gobierno autonómico, atributos que su actual titular ha renunciado a aplicar esta legislatura.

Y es que Camps también tiene talante o por lo menos su imagen es mucho más dulce de la que tenía Eduardo Zaplana como president y ahora como feroz portavoz del Grupo Popular en el Congreso.

Tras ganar en las últimas elecciones autonómicas, Camps tuvo claro que debía de tener una personalidad propia, una imagen lo más alejada posible de Zaplana con quien todavía seguía disputándose el poder territorial. De hecho, cuando asumió la Generalitat aún ocupaba la secretaría general del PP valenciano, para la presidencia tuvo que esperar casi un año.De ahí que Camps liderara la reforma estatutaria como la mejor forma de hacerse fuerte en Valencia.

Mientras que Zaplana utilizaba el valencianismo según le viniera bien o mal, Camps en cuanto llegó al puesto de president comenzó a revalorizar la lengua valenciana, utilizándola habitualmente en sus comparecencias públicas, al tiempo que ha intentado poner de relieve elementos de valencianidad, como cuando juró su cargo sobre un volumen de EIs Furs, los fueros de Jaume el Conquistador.

Si el arquetipo de hombre de negocios hecho a sí mismo es el del chaval que entró de botones y escalón a escalón conquistó la presidencia, Camps también puede decir que conoce bien los distintos estamentos de la política. Lo cierto es que ha sido casi de todo.

Fue presidente regional y vicesecretario nacional de Nuevas Generaciones, así como miembro de su Junta Directiva Nacional. Ya en el PP de la Comunidad Valenciana (PPCV) ha sido secretario provincial de Valencia y en abril de 2004 asumió la presidencia tras pasar por la secretaría General. Actualmente es miembro del comité Ejecutivo del PP. Ha sido Concejal en el Ayunta-miento de Valencia, diputado nacional, autonómico, Conseller de Cultura, Educación y Ciencia de la Comunidad Valenciana, secretario de Estado, delegado de Gobierno y finalmente presidente de la Generalitat.

Ganó en las elecciones autonómicas de 2003 por amplísima mayoría superando en votos incluso los importantes triunfos electorales de su antecesor Eduardo Zaplana de
1995 y 1999. Sin embargo, ha tenido que perder demasiado tiempo sorteando zancadillas de algunos de sus compañeros. Ahora Camps se ha puesto manos a la obra y sabe que tiene a su alcance volver a ganar las elecciones de 2007, máxime cuando Joan Ignasi Pla, el líder de los socialistas valencianos, no consigue remontar en las encuestas.

Dentro del Partido Popular se le augura mucho más recorrido, un futuro que puede comenzar a atisbarse dentro de pocas semanas, cuando se celebre la próxima Convención, fijada por Mariano Rajoy para los primeros días de marzo.

Pese a haber ocupado una secretaría de Estado y sacar acta de diputado nacional, Camps nunca había tenido grandes contactos en Madrid, un territorio en el que campaba a sus anchas su rival Eduardo Zaplana desde que Aznar le llamó a la capital para asumir la cartera de Trabajo en 2002.

Sin embargo poco a poco ha ido ganando prestigio, máxime cuando ha alumbrado para el PP una reforma estatutaria que no pa-rece colisionar con la Constitución, brindándole a Rajoy la oportunidad de sonreír en la foto. Y es que el líder popular ha podido demostrar en Madrid que allá donde se plantean las cosas "de otra manera", distinta en apariencia a la catalana, se puede llegar a acuerdos y hay dirigentes populares no tan fieros como Acebes o Zaplana; los hay centristas como se encarga de repetir Camps cada vez que tiene ocasión. En definitiva, se ha convertido en un referente del Partido Popular en el ámbito nacional, en una especie de estandarte del autonomismo "bien entendido" que pregonan los populares.

Prueba de su mayoría de edad como político es que el punto más importante del nuevo Estatuto lleva su nombre. La denominada Cláusula Camps establece que cualquier ampliación de competencias de comunidades autónomas fijada en otros estatutos, se podrá aplicar al valenciano. De es ta forma se guarda el as en la manga de exigir para sí mismo lo que ahora puedan lograr los catalanes. De hecho ya ha habido alguna mención a reivindicaciones sobre financiación.

Con Manuel Fraga fuera de la Xunta, Camps se ha convertido en uno de los presidentes autonómicos más importantes, disputándose el puesto con Esperanza Aguirre. Tiene a su favor su juventud, 44 años, y que en Madrid los populares gobiernan con una mayoría precaria, conseguida a la segunda oportunidad tras el escándalo Tamayo y Sáez. Esperanza Aguirre constituye uno de sus principales activos políticos, es cierto, aunque dentro de dos años podría encontrarse en la oposición si Rafael Simancas logra reeditarsu victoria robada de hace tres años.

Los otros barones autonómicos se encuentran en Castilla y León y Murcia, sin embargo su importancia es mucho menor. Que duda cabe de que, por población, riqueza y perspectivas económicas, la Comunidad Valenciana es una de las joyas del PP.

Acuerdo histórico. Con la aprobación de este Estatuto comienza a cerrarse -ha sido remitido al Senado y todavía ha de ratificarse en el parlamento autonómico- un proceso que comenzó a tener forma cuando el presidente de la Generalitat y del PPCV, y el secretario general del PSPV y portavoz en las Cortes Valencianas, Joan Ignasi Pla, lograron el acuerdo que permitió que la Cámara autonómica aprobara el texto el pasado 1 de julio, fecha simbólica en la que también se aprobó la norma marco del autogobierno en 1982. El 20 de septiembre se acordaba su toma en consideración en el Congreso de los diputados, contando sólo con el voto en contra de IU-ICV.

El proyecto llegó 'al Congreso avalado por un consenso entre los dos partidos mayoritarios, que estuvo a punto de romperse hace unos días tras anunciar el PSOE su intención de apoyar dos enmiendas de Izquierda Unida. Una de estas enmiendas proponía bajardel 5% al 3% el número de votos mínimo para obtener representación en las Cortes Valencianas y la otra suprimir del texto la expresión "idioma valenciano", que no aceptan los defensores de la unidad del catalán.

Aquel órdago parecía que iba a acabar con el único pacto PP-PSOE probable de la le gislatura, sin embargo las cosas se recondujeron en el último momento y finalmente el valenciano seguirá en el texto mientras que la bajada del suelo electoral ha desaparecido del Estatuto para ser tratado en una normativa diferente, dejando la regulación a la Ley electoral, pero ésta sólo podrá modificarse por una mayoría cualificada de dos tercios, que de hecho implica que una hipotética rebaja al 3% debería contar siempre con el apoyo del PP.

Es este último punto el causante de la única nota discordante que se produjo el pasa-do jueves durante la aprobación del texto en el Pleno del Congreso. Los grupos minoritarios votaron en contra tras acusar a populares y socialistas de realizar una tramitación parlamentaria "con prisas" para evitar incorporar sus aportaciones al texto, señalando directamente a los socialistas por no haber cumplido su compromiso en esos puntos.

La determinación de Camps por sacar adelante la reforma estatutaria le ha dado más de un disgusto dentro de su partido. No han sido pocos los que intentaron que en vez de reconducir las cosas con los socialistas tras la crisis de hace unos días a cuenta de las mencionadas dos enmiendas, se utilizara la "traición socialista" como una nueva oportunidad para hacer oposición. Sin embargo, Camps no transigió y prefirió sacar adelante el texto. Prueba de la buena sintonía entre los dos partidos en su versión regional es que tras la aprobación del Estatuto la delegación socialista se fotografió en la escalinata de los leones del Congreso, junto a diputados valencianos y los ministros Pedro Solbes y Jordi Sevilla. A continuación lo hicieron los 'populares' y, finalmente, se produjo una mezcla: Jordi Se-villa, Cipriá Ciscar y Pla acompañaron al grupo del PP.

Pese a ser el protagonista indiscutible del día Camps no acudió al Congreso. En la tribuna de invitados se sentó una representación del Parlamento valenciano, con el popular Serafín Castellano y el socialista Joan Ignasi Pla, a la cabeza. El presidente autonómico prefirió dar una imagen de responsabilidad al mantener su agenda y acudir a las inauguraciones de colegios previstas por municipios del interior de la Comunidad. Quizás Camps intentaba evitar cruzarse con el portavoz del PP en el Congreso.

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