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Felipe Alcaraz, presidente ejecutivo del PCE
"IU DEBE PASAR A UNA
OPOSICIÓN
PROGRAMÁTICA"
Felipe Alcaraz, durante muchos años primer espada de los comunistas en Andalucía y uno de los parlamentarios más brillantes de la historia
de la democracia, ahora desempeña la presidencia ejecutiva del Comité Federal del PCE. Enfrentado con la línea que representa el coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, explica la actual posición del Partido Comunista y su criterio de retomar un papel de oposición ante lo que califica como "nuevo ciclo", en el que el Gobierno busca nuevas alianzas
con la derecha nacionalista.
Por P. A. N.
El Partido Comunista, por primera vez, ha instado formalmente a un cambio en la línea política de IU.
—No sólo el Partido Comunista. Estamos en un debate transversal; mucha más gente, incluidas las dos principales federaciones de Izquierda Unida, las de Madrid y Andalucía, compartimos la misma visión. Hay un cambio de ciclo, que ya se venía anunciando en los cambios introducidos en la Ley de Educación de un modo clarísimo. Si, al final se pacta el Estatuto catalán, y el pacto fundamental es un pacto presupuestario –las inversiones con respecto al PIB catalán en el conjunto del PIB español-. Al mismo tiempo, el PSOE suelta lastre, porque ERC le ha supuesto una sangría de votos, según venían analizando; al PP le lanzan el mensaje de que ellos también pactan con la derecha nacionalista moderada. Hay un cambio de aliados que se va traduciendo en un cambio de contenidos políticos, y ése es el fondo de la cuestión. Ahora llegan asuntos que le vienen muy bien a CiU; como la reforma fiscal tal y como está planteada, la reforma laboral, una determinada estructura de la Ley de De-pendencia y de la Ley de Igualdad. Ante esto, de funcionar dentro de un protocolo que no existe en ningún sitio, como "socio preferente", debemos pasar a una oposición programática donde empecemos a trabajar con nuestro perfil propio. Si no, corremos un riesgo serio, y las encuestas lo están anunciando.
— ¿Esta posición de apoyo permanente al Gobierno está diluyendo la imagen y el proyecto de IU?
— Éste es el problema. Estamos en una situación extraña, ni en el Gobierno ni en la oposición. Al mismo tiempo ha cambiado el ciclo. Tenemos que trabajar con nuestro programa de izquierdas, con independencia de que podamos pactar cosas. Por ejemplo, en Andalucía hemos pactado el Estatuto, que no es poca cosa. Pero cada uno con nuestro perfil propio y no adentrarnos en un terreno de desaparición, de oposición irrelevante. Ahí nos va en juego muchísimo, y es el gran debate que tenemos en el interior de IU. No es un problema de distanciarse del PSOE. Yo creo que hay que seguir hablando con Rubalcaba que, además, es un hombre que sabe mucho de atletismo y es muy simpático. La cuestión es que no somos el Partido Socialista; somos una fuerza alternativa, programáticamente distinta –roja, verde y violeta-, que debe agudizar su perfil propio. Hay temas fundamentales, el Gobierno nos hace guiños en los derechos civiles, pero lo que no pueden hacer es pactar los derechos laborales y sociales con la derecha –reforma fiscal, reforma laboral, nuevos presupuestos-. Nosotros tenemos que empezar a ser lo que somos. Y que nadie se llame a engaño, el PP no puede adelantar la legislatura ni desestabilizar con nuestro apoyo, eso que quede claro. Pero tenemos que ser lo que somos y demostrar nuestro perfil.
— ¿Cuáles son las discrepancias entre las direcciones del PCE y de IU?
— No sólo es el PCE; es un debate transversal. Está la cuestión de la identidad, y también la de los métodos. Por ejemplo, la Presidencia Ejecutiva, que es el órgano que marca la táctica y la política institucional, se está reuniendo cada cuatro meses, y esto no es posible, cuando los estatutos establecen una reunión mensual. Se está estrechando la cúpula y la participación de la gente en decisiones fundamentales, muchas de las cuáles, nos hemos enterado por los medios de comunicación, como sucedió en el caso de la Ley de Defensa. Hay que llegar a una nueva síntesis y así se ha expresado en la reunión de la Presidencia. Tampoco se ha acertado en la cuestión del Estatuto catalán. Estuvimos defendiendo una posición confederal, en lugar de nuestra postura federal y solidaria. Al final se arregló, pero ya tarde. Hay, pues que buscar una síntesis. En el puente de mando deben comenzar a entrar todos, conseguir una organización más participativa.
También está la cuestión del protocolo que nos plantean IC y los Verdes que, en el fondo es una OPA hostil, y por parte de un socio. Una OPA hostil que puede afectar, incluso, al nombre del grupo parlamentario, Si ellos van a hacer una fuerza verde que se va a llamar Izquierda Verde, ¿cómo se va a llamar el grupo parlamentario en el que estén IU e Izquierda Verde? Hemos configurado una comisión en la que hemos logrado que se integre todo el mundo, Llamazares, Rosa Aguilar, yo mismo, en la dirección de comunicarles que no sólo hay un principio serio de deslealtad, sino que las consecuencias pueden estar ahí, y que nosotros no pretendemos un "arreglo", máxime cuando uno de los socios de este protocolo, Francisco
Garrido, de Los Verdes, dice que con IU no hay arreglo porque tiene dentro a los comunistas.
— Se habla de un cierto personalismo en la gestión de la coalición.
—Yo no quisiera criticar a nadie a nivel personal y fuera de los órganos. Yo hago hincapié en la necesidad de que los órganos se reúnan y de que los acuerdos adoptados sean colectivos, no personales.
— Habéis denunciado que algunas decisiones fundamentales las ha tomado el grupo parlamentario y no la dirección.
— Sí, lo hemos dicho. Así sucedió con el Estatut. Se aprobó una resolución presentada por las federaciones de Andalucía y Madrid, en el sentido de que había que enmendar dos cuestiones básicas: dejar claro que el principio de caja única de la Seguridad Social era intocable, y una enmienda frente al cambio total del sistema de financiación, que considerábamos bilateral y confederal, para convertirlo en un sistema federal y solidario. Al final, esas enmiendas fueron al preámbulo, sin fuerza suficiente, y no se ha dado el perfil federal de IU, máxime cuando en Andalucía, y al mismo tiempo, sí se estaba pactando un sistema federal. Las decisiones colectivas hay que cumplirlas.
— Otra discrepancia seria vino con la Ley de Educación.
—Hubo un debate fuerte, también muy transversal. Con independencia de las posiciones de unas y otras federaciones, había una mayoría clara en el sentido de que esa ley no se podía votar, empezando por las recomendaciones emanadas de nuestra Área de Educación. No nos basta con que el PP se siga oponiendo. La posición del PP ha sido como la de ese cuñado coñazo, que todo se hace para favorecerlo a él, el menú y las conversaciones, y al final te dice que "muy mal todo". Dirán lo que quieran, pe-ro la ley ha sufrido un giro a la derecha tremendo, en cuanto a la financiación de la educación concertada, en cuanto al acceso de los alumnos, los compromisos que no adopta la iniciativa privada. Al final, la mitad del grupo parlamentario votó afirmativamente, y la otra mitad, la parte de IU, se abstuvo.
—¿Existe algún planteamiento para promover un relevo en la dirección de IU?
—No. En principio planteamos la necesidad de sentarnos a hablar para alcanzar una nueva síntesis. Primero, los métodos. Hay que incluir a más gente en el puente de mando y potenciar la pluralidad con gente que tenga un sentido colectivo de las cosas. La lectura política que hemos hecho nos indica que debemos rectificar. Eso es lo que planteamos, fomentar la participación, y que cuando se intente participar, no se amenace con expedientes, como ha llegado a suceder en un momento dado. Se trata de intentar una nueva síntesis, pero de verdad, no meramente formal, no superficial, sino de fondo en los contenidos y en los métodos.
— Tras la última asamblea de IU, el liderazgo actual es bastante débil. Llamazares es el primer coordinador general que alcanza esa responsabilidad con menos del 50 por ciento de los votos.
— Ésa es la primera nota que se tuvo que haber tomado. Esa dirección surgía con un 49 por ciento de los votos. Ésa tuvo que haber sido la primera anotación a la hora de dirigir este proyecto, que es un movimiento político y social, no un partido clásico jerarquizado. A partir de ahí, habría que haber funcionado, sobre todo, a través de algo que es el ADN de nuestra organización: la democracia participativa. Pero, entonces, no se tomó nota. Vamos a ver ahora si, con este debate se consigue.
— ¿Hay posibilidades de generar una plataforma amplia que respalde a la dirección o IU está condenada a la pelea interna para siempre?
— Claro que sí. Planteamos lo siguiente, comunistas, anarquistas, independientes, cristianos, socialistas, verdes, mujeres, nos encontramos en un programa, que es el punto de referencia. Lo que sucede es que ahora funcionamos sin programa; por eso terminamos votando cosas que no tienen nada que ver con nosotros. Vamos a elaborar un programa de cara a las elecciones municipales y autonómicas, en mayo y junio, de manera democrática y participativa. Debemos llegar a ese programa todos juntos. El comunista sigue siendo comunista, el cristiano, cristiano, pero nos encontramos todos juntos en ese punto de referencia. No podemos funcionar en torno a un liderazgo personal, sino sobre la base de un programa. Éste es el problema de fondo. Desde este programa se podría conseguir una mayoría clara y conjuntada, y presentarnos a los comicios en las mejores condiciones.
— ¿Existe un riesgo de escisión?
—No lo creo, aunque la OPA lanzada por Los Verdes e Iniciativa per Catalunya es muy peligrosa. Piensan que su fuerza podría dividir tres o cuatro territorios. Pero este peligro no viene del debate que estamos promoviendo, sino de esta OPA hostil.
— ¿Se teme que en los próximos comicios no se alcance el cinco por ciento?
— Bueno, el cinco por ciento es para grupos parlamentarios y, lamentablemente, para el Parlamento valenciano. También hemos analizado, con respecto a los socialistas, que terminan rompiendo los acuerdos. Había un pacto con el secretario general del PSPV para bajar al tres por ciento el porcentaje necesario para obtener representación parlamentaria y, al final, se ha quedado en el cinco. También en Córdoba han planteado una comisión de investigación sobre urbanismo, generando un debate en torno a Rosa Aguilar. |