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Nº 681 - 6 de febrero de 2006

Claves del ‘noviazgo’ Zapatero-Mas

FLECHAZO

   

  El mano a mano de seis horas entre el presidente Zapatero y el líder de CiU Artur Mas del pasado 21 de enero alumbró algo más que las líneas maestras del futuro Estatuto de Cataluña. La cita convirtió en oficial el entendimiento entre ambos dirigentes para sorpresa, y disgusto, de no pocos de los que hasta ahora tenían acceso privilegiado a Moncloa. El flechazo entre el leonés y el catalán, sin embargo, venía fraguándose tiempo atrás alimentado por el pragmatismo de ambos, su cercanía en edad y el sentimiento común de sucesor incomprendido. Poco tienen que ver sus orígenes sociales, su ideología o sus respectivos caminos de llegada a la política. Sin embargo, quienes les conocen de cerca auguran una relación de largo recorrido para la que Artur Mas se prepara conjurando su antigua imagen de radical y apuntalando la de líder con mayúsculas.

 

 

Por I. S.

  Cuando Artur Mas  era conseller en cap de Pujol y José Luis Rodríguez Zapatero el Bambi del PSOE el dirigente catalán fue a visitarle oficialmente a Ferraz en un encuentro que no fue bien entendido en la entonces gobernante CiU. “¿Qué vas a hacer con ése, si no va a durar mucho?”, le decían según lo cuenta hoy uno de sus colaboradores más cercanos. “Sin embargo, él siempre lo defendió: “Habrá que tenerlo en cuenta. Es joven, tiene carácter, proyecto...”, decía de Zapatero”, recuerda asimismo.

Aquel fue el primer encuentro de ambos. Para quienes han recibido con mayor sorpresa la constatación del “flechazo” resultará más significativo otro detalle que pocos conocen: Cuando el Partido Popular consiguió inesperadamente en 2000 la mayoría absoluta y CiU decidía si votaba una nueva investidura de Aznar sólo hubo un miembro de la dirección de Convergencia que argumentó en contra. Fue Artur Mas.

Para el hoy líder convergente CiU nunca había votado la investidura de Felipe González cuando tenía mayoría absoluta. “¿Cómo lo vamos a hacer ahora con Aznar!”, explicó, según uno de los presentes en la reunión. Mas se quedó solo frente a quienes veían síntomas de que el clima de entendiemiento con el PP de la anterior legislatura podía continuar a pesar de no necesitar sus votos. El tiempo le daría la razón y ya nadie le ha criticado internamente cuando, en noviembre pasado, en el debate de la toma en consideracion del nuevo Estatut en el Congreso de los Diputados  espetó a Mariano Rajoy aquello de que “el PP no podrá contar con CiU durante una generación”.

Sin embargo, el radical desencuentro de Mas y su nuevo equipo de dirigentes con el Partido Popular no explica por sí solo el acercamiento al PSOE de Zapatero. Es más, cuando el sucesor de Pujol y su gente hubieron de encajar la pérdida de la Generalitat después de haber logrado ganar en escaños a Maragall “sentó muy mal” en CDC que Zapatero apoyara la formación de un gobierno tripartito que les excluyera.

Ha tenido que ser la dura negociación del Estatuto catalán la que proporcionara el escenario y las condiciones para que el feeling que algunos cercanos ya constataron en su primer encuentro en Ferraz creciera y se dearrollara.

 “Pues no es tan radical, se puede negociar con él”, aseguran sus cercanos que dijo el presidente Zapatero del líder catalán tras el primer encuentro “discreto” en Moncloa al que le llamó para tantear las posibilidades de acuerdo respecto al Estatuto. Discurría septiembre del año pasado. Durante el verano y antes ya habían mantenido otros contactos telefónicos. Oficialmente no hubo otra cita hasta la definitiva del pasado 21 de enero pero fuentes solventes del entorno de Mas aseguran que han sido “mas de cinco” los encuentros personales entre los dos dirigentes durante el último año, cifra que no quieren ratificar ni desmentir en Moncloa.

Al margen del dato exacto sí parece lógico que el acercamiento –”vis a vis”, aquí no ha habido intermediarios”, confirman desde los dos lados– ha sido discreto pero sostenido durante los últimos meses. Así, el pasado noviembre era el propio Zapatero el que daba el primer toque de atención a ERC al mostrarse en desacuerdo con algunas de sus actuaciones, como la exigencia al Rey de que pidiera perdón por las víctimas del franquismo, por ejemplo, para añadir que “hay otros grupos” con los que el Gobierno puede pactar. Por primera vez se dejaba ver, para quienes conocían de las conversaciones Zapatero-Mas, que el presidente concedía posibilidades a su interlocución con el líder convergente. ¿La química había dado ya paso a un pre-noviazgo?

Cuando el sábado 21 Zapatero y Mas se afanaban en acercar posiciones para alumbrar un texto estatutario que salvara  el proyecto, al catalán aún le faltaban diez días para cumplir  50 años. La cita, pues, podrá pasar a la historia como protagonizada por dos políticos cuarentones , aunque el presidente del Gobierno tenga cuatro años menos que el dirigente de CiU.

“Lo que más en común tienen, en realidad, es el sentido común” explica un miembro del equipo de Mas. “Y que de los dos esperaban menos en sus propios partidos”, añade. Esa complicidad en la inicial “incomprensión” dentro de sus propias organizaciones parece estar en el origen del respeto que se tienen, según fuentes tanto de Convergencia como de Moncloa.

En poco más coinciden, sin embargo. Mientras Zapatero, procedente de una familia modesta con abuelo fusilado por defender a la República, entró en política desde abajo bregándose en la pelea de los aparatos hasta alzarse con el liderazgo en un tenso congreso que ganó por 9 votos, Mas es el típico tecnócrata, de familia industrial y bien educado llegado a la política desde su trabajo como gestor en el sector público.

Procedente de una familia industrial media, el joven Mas estudió en el Liceo Francés de Barcelona y en el Aula Escola Europea, aunque luego se licenciara en Económicas y Empresariales en la universidad pública de Barcelona. Habla perfectamente inglés y francés, además de castellano y catalán, se defiende con el italiano y sabe algo de alemán.

Empezó en la empresa privada pero pronto entró en la Administración de la Generalitat pujolista como un buen técnico. Nunca militó en las juventudes del CDC, origen común de algunos de sus principales colaboradores de hoy y de su reconocida radicalidad nacionalista.

No, Artur Mas entró en el partido después de trabajar en la Generalitat e hizo el típico recorrido de la Administración local a la autonómica sin pasos intermedios: fue concejal en el ayuntamiento de Barcelona desde 1987 hasta 1995, año en que Pujol lo llama para su Gobierno. Ha sido conseller de Obras Públicas y de Economía antes de que el President lo ungiera como su hereu y le nombrara conseller en cap en su último Ejecutivo. Pese a las resistencias internas CDC aceptó los designios de Pujol y fue elegido secretario general del partido en el congreso de noviembre de 2000, cuatro meses después de que Zapatero ganase a Bono en el del PSOE.

Desde entonces ha tenido que luchar contra su imagen de candidato prefabricado, a la americana y “robotizado”. A pesar de su interés en dejar de ser el “nen de plastic” (“niño de plástico”), como llegaron a llamarle, Mas no permitió que le cambiaran su aspecto. Su peinado, a pesar de sus rígidas formas, continuó en manos de su peluquero “desde hace 40 años”, y sólo algunos toques en su habitualmente impecable indumentaria, asesorado por su mujer, Helena Raskonik, de profesión docente, aunque ahora trabaje en una empresa pública de transportes, permitieron transmitir algo más de cercanía en su última campaña.

Su ascetismo comiendo –mucha verdura y fruta, nada de dulces, el café lo dejó hace años por prescripción facultativa, sólo fuma algún purito tras las comidas a pesar de la excepción del día del pacto en Moncloa, en que hubo más de uno– y su gusto por el deporte –era la “flecha negra” en sus tiempos de futbolista en que jugaba de extremo, todavía practica el tenis y se ha calzado traje y casco para hacer automovilismo en Montmeló– le permiten mantener una imagen atractiva y bien cuidada que, curiosamente, ha jugado no pocas veces en su contra.

Consciente de ello su equipo de comunicación decidió nohacerle posar –cosa que sabe hacer muy bien– para las fotos de la última campaña. Contrató un fotógrafo que le siguió en actos y mítines y de entre las miles de fotos que le “robó” salió el Artur Mas en camisa blanca mirando al horizonte que ocupó su cartel electoral.

Sólo le faltaba rodearse de un equipo propio, tarea que inició en el último congreso de CDC, celebrado ya en la oposición, y ha culminado en el transcurso de las negociaciones del Estatut (Ver “Sus hombres de confianza”), y adornarse con un cuerpo ideológico del que la CiU de Pujol siempre careció. Aun a sabiendas de que en CDC “no sabemos ni qué somos”, según ironiza uno de sus dirigentes, Mas los ha metido en la Internacional Liberal, paso que Pujol jamás quiso dar en su día, y ha apostado en recientes intervenciones por una versión de la socialdemocracia europea menos intervencionista, basada en unos servicios públicos en los que las familias tengan el “derecho a escoger” quién le presta la educación, la atención sanitaria o la asistencia social.

Esta opción por el liberalismo económico es matizada por algunos de sus colaboradores. “La convivencia de un modelo social de  bienestar con la iniciativa privada se entiende mejor desde Cataluña que desde otros sitios de España”, explican al tiempo que señalan que la propuesta no dista mucho de la que Pujol hizo, en los 80, sobre la “vía sueca” al Estado del Bienestar.

¿Es posible que alguien que defiende el “cheque” para pagar la educación o la sanidad se entienda con el “izquierdista” Zapatero?. Desde CiU sostienen que “cuando se es presidente de Gobierno se te van pasando esas ideas tan de izquierdas” mientras que en Moncloa, por el contrario, lo niegan radicalmente (Ver la entrevista al Secretario de Estado de Comunicación en páginas siguientes).

Aunque en la ya famosa cita del 21 hubo tres momentos en los que la larga negociación estuvo a punto de romperse, según transmiten ahora los entornos de los protagonistas, la foto delpacto ha marcado un antes y un después tanto para Zapatero como para  Mas. El catalán puede ser el nuevo socio del leonés, en breve o tras las próximas elecciones, que este noviazgo no tiene, aún, fecha de caducidad.

Duran, descolocado

  Con Jordi Pujol parecía que se sentía más cómodo, pero desde que Artur Mas se hizo con las riendas de Convergencia, el líder de Unió Democrática, Josep Antoni Duran Lleida tiene cara de no creerse lo que ve.

El presidente del grupo parlamentario de CiU en Madrid apoya sin reservas el pacto alcanzado en La Moncloa entre Artur Mas  y Rodríguez Zapatero, sin embargo todavía no ha salido de su asombro de las formas utilizadas por su compañero de filas y presidente de la federación. De ahí que no dudara en acusar publicamente de deslealtad a Mas por no haberle informado de su reunión con el presidente del Gobierno. Aún así consintió en hacerse la foto en la puerta de La Moncloa.

No era la primera vez que Mas le hacía de menos. El pasado mes de septiembre Durán también se quejó de haber sido excluído de los contactos entre el Gobierno y CiU. Y es que Durán se siente descolocado compartiendo responsabilidades con alguien para quien el protagonismo es tan importante.

Hace solo unas semanas en algunos círculos se especulaba con la posibilidad de que el democristiano dejara la política activa para pasar a la empresa privada, sin embargo el recien estrenado noviazgo Zapatero-Mas ha cambiado el panorama y Durán puede estar pensando en resistir a ver si el idilio es lo suficientemente sólido como para cumplir su viejo sueño: ocupar  una cartera ministerial.

  Los chicos de Mas

Hace tres años se veían con cargos de primer orden en el gobierno de la Generalitat, pero no por haber fracasado en las elecciones catalanas los hombres más cercanos a Artur Mas se han separado de su vera.

El núcleo duro lo conforman cuatro personas, tres que no llegan a los 40 años y que se conocen desde la adolescencia, y Felip Puig, con más experiencia en política y dentro de la administración catalana.

El trío profesa un nacionalismo duro y esta compuesto por Francesc  (Quico) Homs, Oriol Pujol -hijo del ex President- y David Madí. Pese a su juventud cada uno desde un área llevan años conformando la guardia pretoriana de Artur Mas, quien tenía grandes planes para ellos de haber llegado al Palau de San Jaume.

Digerida la derrota electoral, el líder catalán se encargó de seguir teniéndolos a mano para poder contar con un apoyo que se inició hace años, cuando Jordi Pujol comenzó a fijarse en Mas para convertirlo primero en su delfín y posteriormente su heredero. En ese punto fue esencial el papel jugado por esos tres amigos de adolescencia que decidieron arropar sin ambages al elegido por el padre de Oriol. 

 Mas recompensó a sus cercanos con un puesto de secretario ejecutivo en Convergencia. Tanto Madí como Pujol Ferrusola y Homs lograron un amplio respaldo en el congreso de julio de 2004 de la formación.

Francesc Homs -no confundir con quien fue conseller de Economía con Pujol- es quizás el más importante pero también el menos conocido fuera de Cataluña pese a ser el responsable directo de la redacción y coordinación del programa electoral de CiU en las elecciones de 2003. En su juventud militó en la Federaciò Nacional d'Estudiants de Catalunya (FENEC), una de las canteras del pujolismo, y en otras organizaciones cívicas cercanas al independentismo, de hecho, junto a David Madí, era uno de los jóvenes que se entregaron a la campaña Freedom for Catalonia coincidiendo con los Juegos Olímpicos de 1992.

 Dentro de la Generalitat asumió su primer cargo en 1996 como jefe de gabinete del Conseller de Gobernación y posteriormente del de Interior. De ahí saltó en 2001 a la dirección general de Asuntos Interdepartamentales hasta que Pasqual Maragall desalojó a los nacionalistas de la Generalitat en unas elecciomes en las que Homs estrenó acta de diputado autonómico.

Prueba de la confianza que le tiene Mas, Quico Homs fue uno de los pocos elegidos que conocieron en el momento las negociaciones que llevaban a cabo este y Zapatero en La Moncloa el fin de semana en el que se selló el acuerdo. De hecho, recibió varias llamadas del líder catalanista para pedirle asesoramiento. Sin duda era uno de los hombres del momento ya que Homs fue el ponente de CiU en el proyecto estatutario.

David Madí también tuvo un papel de la máxima importancia en la pasada campaña electoral autonómica. Junto a dos colaboradores en mayo de 2002 viajó hasta Washington para asistir a un seminario intensivo sobre campañas electorales. Ahí descubrió que el "enemigo" también había comenzado a calentar motores ya que se encontró en ese mismo curso a Miquel Iceta, uno de los principales asesores electorales de Pasqual Maragall.

Madí es el miembro de este grupo con una carrera más fulgurante: a sus 26 años fue el subdirector general más joven en la historia de la administración catalana, a los 28 años ya era director general y a los 30 la persona más jóven en ocupar una secretaría general. Igual que Homs y Pujol se encargó de reforzar el mencionado FNEC, en su caso poco tiempo despues de haber formado parte de la Crida, la plataforma de agitación nacionalista que en los años ochenta nutrió de militantes a ERC.

Dio sobradas muestras de su lealtad a Mas cuando dimitió de su cargo de secretario de Comunicación para calmar a los socialistas tras el escándalo de las encuestas manipuladas del Gobierno catalán a mediados de abril de 2003. Aquel día se despidió de su cargo público asegurando su inocencia y denunciando una conjura para erosionar "el proyecto deslumbrante" de Mas. A partir de ese momento pasó a seguir velando por su líder pero ya sólo desde la sede de Convergència como responsable de las campañas electorales de la federación. La noche en que CiU ganó las elecciones en número de diputados -aunque en cantidad insuficiente para gobernar- Mas personalizó en Madí su agradecimiento a todo el partido. Hoy es el portavoz de la organización.

En cuanto a Oriol Pujol Ferrusola, quinto hijo del ex presidente de la Generalitat, vio como su carrera política se impulsaba con Artur Mas como conseller en Cap. De hecho, en la última remodelación que afrontó Jordi Pujol para hacer un gobierno más afín a Mas, éste situó a Pujol Ferrusola como número dos de la macro consellería de Trabajo e Industria. Unos meses despues el líder convergente incorporó al hijo del President en las listas de  CiU al Parlamento catalán en un puesto suficientemente destacado como para asegurar su elección.

Pujol Ferrusola fue finalmente en la candidatura por Barcelona, en la misma lista en la que Felipe Puig ocupaba un significativo tercer puesto, sólo detrás de Artur Mas  yJosep Antoni Duran Lleida. De esta forma el candidato a President daba alas al sector más soberanista que sigue encabezando Puig. Sirva de ejemplo de ese perfil que al poco de ser nombrado portavoz del Gobierno catalán, cargo que compatibilizó con la consejería de Política Territorial, Puig tuvo que pedir disculpas a la delegada del Gobierno en Cataluña, Julia García-Valdecasas, por la eliminación de una bandera española en una fotografía de un folleto editado por su departamento.

Dada la poca química entre  Artur Mas y los líderes de ERC, Puig, partidario del acercamiento a la formación republicana, es quien se encarga de mantener cierto contacto con Esquerra Republicana, sobre todo através de habituales reuniones con Joan Puigcercós. El actual portavoz del grupo Parlamentario de CiU en la cámara catalana es desde el pasado Congreso de CDC uno de los seis vicesecretarios generales.

Completa la terna de Chicos de Mas, Oriol Llop que desde hace años es su hombre en las relaciones con los medios de comunicación. Como su jefe de prensa, Llop ha seguido a Mas en todo su recorrido político, logrando dulcificar su imagen, sobre todo fuera de Cataluña.


Cuidado con las coronaciones anticipadas , por Enric Sopena
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