Hemeroteca Esta semana
Nº 681
6/2/2006

Programas máximo y mínimo

Por José María Benegas

Cuando ingresé en el Partido Socialista en el año 1971, entre otras cosas me llamó la atención la existencia de un programa máximo y otro mínimo. El máximo era la concreción de la utopía. Los sueños revolucionarios concretados en una cuartilla. Aquel programa era irrealizable o, dicho de otra manera, no sería muy conveniente llevarlo a la práctica. Tampoco se discutía en los Congresos. Nadie se atrevía a plantear su modificación. Entre otras cosas decía: "El Partido Socialista declara que tiene por aspiración: 2°) La transformación de la propiedad individual o corporativa de los instrumentos de traba-jo en propiedad colectiva, social o común". El programa mínimo era otra cosa. Lo que se podía hacer de inmediato. Suponía poner los pies en la tierra y discutir un proyecto político viable, factible, realizable en el corto plazo. Sin pretender dar consejos a nadie, Esquerra Republicana debería tener un programa máximo en el que plantearan sus ensoñaciones independentistas y uno mínimo en el que tuviera cabida y aceptación el Estatut. No es bueno que Esquerra Republicana quede al mar-gen de lo que puede ser un gran pacto para Cataluña. Coincidir, aunque sea por otras razones, en el rechazo con el PP sólo podría explicarse con la teoría de los extremos que se se-paran autoalimentándose. Quedarse fuera del acuerdo puede afectar a la estabilidad de la Generalitat y a la política de alianzas. Esquerra Republicana no debe olvidar que un Estatuto no es sólo un marco competencial y un sistema de financiación, sino que además es un proyecto de convivencia. Sería deseable la participación de Esquerra Republicana en ese proyecto.

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En la política actual, dentro y fuera de nuestras fronteras, cada vez se practica menos el principio anglosajón de wait and see (esperar y ver). Ante el triunfo de Hamas en las elecciones palestinas ya se han precipitado los de siempre en rechazar cualquier diálogo con el futuro gobierno que surja del nuevo Parlamento palestino. Habría sido más conveniente esperar y ver cuáles son las decisiones que adopta Hamas en el supuesto de que forme gobierno. No deja de ser una contradicción reclamar democracia a los palestinos y dar la espalda al proceso, escrupulosamente limpio al parecer, cuando los resultados no nos gustan. Sería más sensato por parte de Israel, USA y la UE poner condiciones al diálogo, por ejemplo, tregua indefinida o cese de la violencia mientras duren las conversaciones, que rechazar de plano y a priori cualquier tipo de contacto con Hamas. En todo caso hubiera sido más sensato esperar a que movieran pieza, porque no es lo mismo ser un movimiento de resistencia que utiliza la violencia a tener la responsabilidad de gobernar en una situación en la que cada decisión afecta al futuro de todo el pueblo. Insisto en que la paz debe ser impuesta en una Conferencia Internacional convocada al efecto.

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Las declaraciones de Jacques Chirac sobre su propósito y de utilizar armas nucleares contra países que pudieran producir ataques terroristas aparte de ser una aberración y una atrocidad, constituyen una ingenuidad mayúscula. El nuevo terrorismo internacional no tiene país, no tiene patria conocida sobre la cual poder responder mediante un ataque nuclear a una acción terrorista. Por poner un ejemplo, si Francia hubiera sufrido un ataque como el que vivimos en España, en Madrid, el 14 de Marzo, ¿contra qué país hubiera decidido una respuesta nuclear? Si Francia sufre un ataque terrorista será de naturaliza similar a los de Nueva York, Madrid, Londres, etc., no será el ataque de un país concreto. Es preocupante algo en lo que vamos incidiendo ya con reiteración en estas páginas. En la lucha contra el terrorismo es fundamental el principio de precisión, que supone que la respuesta debe afectar y golpear exclusivamente a los terroristas, sus apoyos y cómplices, nunca a la población inocente ajena a estas aberraciones de la violencia. ¿Dónde quedaría el principio de precisión si la respuesta fuera nuclear?

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Desde que Bush declaró la guerra americana contra el terrorismo e invadió Iraq, en todos aquellos países que han tenido algún tipo de elecciones o de consulta se ha incrementado el apoyo a los islamistas. Véase la lista: Egipto, Líbano, Irán, Reino de Bahrein, Kuwait, Arabia Saudita, Turquía, Marruecos, Palestina... El resultado es espectacular. El balance de la Administración Bush en la lucha contra el radicalismo islamista y el terrorismo es deplorable.


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