| Hemeroteca | Lista Mundanal ruido |
![]() |
||
|
|
Ayudas mutuas Ahmadineyad no acudió a Damasco para trazar un proyecto común con Assad, sino más bien para defenderse del acoso al que los somete Naciones Unidas y la Unión Europea L os extremos se tocan, las personas y regímenes políticos hostigados se unen recordando viejas amistade's y vías de comunicación que en otro tiempo les sirvieron, y de qué manera, para fortalecerse en compañía y disuadir así al enemigo. Quien resiste gana, se ha dicho muchas veces, lo que parece confirmarse de nuevo en Oriente Medio, con sorprendentes muestras de firmeza, correosidad, así como de navegación en círculo, porque las crisis comienzan otra vez allí donde parecían haberse dejado y los problemas siempre se cierran en falso. Ejemplo de todo ello es el panorama insólito que empieza a dibujarse con elementos de enorme incidencia como el triunfo de los Hermanos Musulmanes en las elecciones egipcias, el de Hamas en las elecciones palestinas y el encuentro en Damasco del presidente Assad con el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad. En pocas semanas y en vísperas de la formación en Iraq del nuevo gobierno, tras unas elecciones que igualmente beneficiaron las filas islámicas, sean o no chiítas, el paisaje adquiere perfiles propios que obligarán a Occidente, a los Estados Unidos en especial, a actualizar análisis y estrategia. A los Estados Unidos en especial, repito, porque la programada democratización, en efecto, se está produciendo, aunque anunciando actores tras la apertura de las urnas que ni son los favoritos de Washington y Bruselas, ni los que en principio protagonizarían esa especie de democracia light que favorezca las buenas relaciones con Israel, promueva los derechos de la mujer y asegure el aprovisiona-miento del petróleo. Más o menos secular, más o menos moderado, más o menos inclinado hacia Occidente, todo elector convocado en Oriente Medio, sin que falten requisitos y garantías, contribuye a promover el triunfo de formaciones islámicas respondiendo democráticamente, valga la paradoja, a la reislamización de ese mundo. Más aún, tales elecciones legitimarán de manera indudablemente embarazosa para los observadores occidentales unos regímenes con todo el derecho a defender mucho de lo que antes defendían sin democracia, recurriendo eventualmente a actuaciones terroristas. Se pretendía que dejaran el fusil y cogieran la papeleta: han cogido la papeleta y aparentemente han dejado el fusil, se tarda en verificar, pero ahora resulta que con la papeleta hacen triunfar a quien no gusta demasiado, sin que ya sepamos qué decir, sin tener tampoco derecho a reñirles por haber seguido a su manera nuestro consejo de acudir a las urnas. La democracia en Oriente Medio está configurando una democracia con actores veteranos que al fin gobiernan y que se retroalimentan unos a otros, creando una sinergia de ayudas mutuas y fuerzas conectadas, un común denominador trasnacional, en suma, que cuenta con Hizbollah, llamas, los Hermanos Musulmanes, los chiítas, etc., y cuya máxima expresividad se habría logrado con el encuentro de Assad y Ahmadineyad en Damasco, a mediados de enero. Propiamente no se reunieron para trazar un proyecto común, más bien para defenderse del acoso de las Naciones Unidas y la Unión Europea, amenazada con sanciones Siria por su política en Líbano y la complicidad en el asesinato de Rafik Hariri, amenazada con sanciones Irán por su política nuclear. Arrinconados ambos regímenes ante una firme exigencia de responsabilidad internacional, lospresidentes respectivos han utilizado otra vez los casos más claros del juego de factores en la alianza de naciones que les llevaron a juntarse contra Saddam Hussein en su guerra contra Irán de los años 80, y a favorececer la coalición multinacional contra Iraq por la invasión de Kuwait en los años 90. Que Clausewitz, Bismarck y Kissinger vengan y lo vean. No parece haber un ambiente propicio para las sanciones contra Siria e Irán, fortalecidos por poderosos movimientos de opinión que las urnas reflejan. Además, su mera sugerencia ya ha suscitado tensiones en el mercado del petróleo por la posibilidad de una nueva guerra energética y de que se repita el escenario iraquí; es decir, una confrontación diplomática o militar con un gran país petrolífero que provoque la interrupción de suministros en un momento de alta demanda con enormes subidas de precios como consecuencia. Por ello, resulta interesante repasar los temas tratados por los dos presidentes en una agenda que en último término se prolongaría por el triunfo de Hamas en Palestina. Reivindicaron Hizbollah en Líbano y denunciaron la política nuclear de Israel. O sea, que Siria ni es el país cómplice del magnicidio, ni Irán el país que desafía los controles nucleares internacionales, lo que supone una lectura opuesta a la que se hace en Occidente, en función aquélla de la ayuda mutua que se fortalece y dinamiza en todo Oriente Medio, contando además con la inestimable ayuda del petróleo. Quizás estemos de nuevo al comienzo del círculo con actores encantados de conocerse, en fase de redescubrimiento, y con interés en que haya cierta inestabilidad en Iraq, para así esquivar mejor las amenazas occidentales. Ignacio Ruperez |