Hemeroteca Esta semana
Nº 681
6/2/2006

Fernando Moraleda, secretario de Estado de Comunicación

"EL ACUERDO ZAPATERO-MAS ES CENTRALIDAD POLÍTICA"


No ha tocado el despacho que heredó de Miguel Barroso. Sólo ha colocado un par de fotos: una histórica de la sede de UGT en 1925 y otra de él con Zapatero, recién llegado al liderazgo del PSOE, con otro compañero del sindicato. Son las únicas señales de que quien lleva las riendas de la política informativa del Gobierno es un bregado sindicalista. Tras el acuerdo Zapatero-Mas en torno al Estatut no se anda con rodeos: el Gobierno no tiene socios, sino acuerdos parlamentarios con todo el que quiera modernizar España. Defiende que esto no va a derechizar la acción del Ejecutivo y que este presidente quiere culminar la vertebración territorial del país corresponsabilizando a los nacionalismos moderados.

Por Inmaculada Sánchez

D uerme ya más tranquilo desde que el presidente pactó con Artur Mas las líneas básicas del Estatut catalán?
-Yo siempre he dormido bien. Pero no cabe duda de que la negociación nos había llevado meses y obtener de ella un resultado positivo siempre es bueno.

—¿Por qué eligió el presidente a Artur Mas para pactar con él antes que con los otros partidos del tripartito catalán?
—El presidente eligió a todos los actores representativos que aprobaron el proyecto de Estatuto que salió del Parlamento catalán. El hecho de que el presidente haya querido que se visualizara el acuerdo con Convergencia sólo se debe a que es el primer partido parlamentario catalán. Creo que, simplemente, es un procedimiento que respeta la representatividad que tiene CiU.

— Sin embargo, no sólo ahora, en la fase final de la negociación, sino ya antes, Zapatero ha ido concediendo a Artur Mas un protagonismo que ha escocido no sólo en ERC sino incluso en el PSC. ¿Qué objetivo se persigue?
— No se trata de dar un protagonismo por encima de lo que es la realidad democrática. Es verdad que hay un gobierno formado por tres partidos pero también lo es que hay otro partido que, aunque en la oposición, es el primero en el Parlamento y que en la historia de la gobernabilidad de España ha defendido principios que han hecho compatible la identidad catalana con la nación española. Esa experiencia de colaboración des-de Cataluña con los gobiernos centrales da, por sí mismo y por su historia, un papel relevante a CiU. El acuerdo Zapatero-Mas es un acuerdo de centralidad política, en definitiva, y cuando dos partidos son dos partidos moderados, se entienden rápidamente.

— Desde el PSOE parece estarse invitando a ERC a distanciarse del Gobierno. ¿Esto no pone a Maragall y a su tripartito al borde del abismo?
— No, las cosas hay que verlas desde una posición coherente. La pregunta es: ¿resulta razonable que, manteniendo el Gobierno, con dos de los partidos que forman el tripartito, una posición favorable al acuerdo sobre el Estatuto, haya un tercer partido que esté en contra? ¿Cómo es posible establecer esa diferencia tan sustancial formando parte del mismo gobierno? Me parece que es difícil de compaginar. Por eso hay una invitación razonable a que ERC, por la labor que ha hecho y por el enorme protagonismo que también ha tenido en el desarrollo de las negociaciones, se sume al acuerdo. Pero no de manera excluyente, sino incluyente.

— Da la impresión, no obstante, de que el Gobierno se ha cansado ya de los requerimientos de Esquerra y ahora quiere cambiar de socios. ¿Es que es más fiable Artur Mas que Carod-Rovira?
— No, no. El gobierno no tiene socios. El gobierno está, sin acuerdos de legislatura, desarrollando su programa electoral en función de pactos concretos. De esta manera, con ERC ha alcanzado, del total de acuerdos parlamentarios, aproximadamente, dos tercios. Pero, aunque sean acuerdos de pequeña dimensión, también los ha habido con el Partido Popular, aproximadamente la mitad. Por ejemplo, el PP ha votado con el Gobierno la Ley contra la Violencia de Género o la Ley antitabaco. Quiero decir esto por-que, a veces, se recurre a ciertos tópicos quei luego no son reales. El Gobierno desarrolla su acción sobre la base de acuerdos concretos y la verdad es que ha tenido la satisfacción de poder encontrar siempre aliado. El gobierno no ha dejado de encontrar acuerdos con todos los grupos parlamentarios, absolutamente con todos. Le hubiera gustado, en los temas de Estado, haber encontrado más con el Partido Popular, pero, lamentablemente eso no ha sido posible.

— Pero hasta ahora sí se hablaba de unos' "socios preferentes", que eran ERC e IU. ¿Ya no son tales?
— Vamos a ver. Hay socios que se manifiestan desde el inicio de la legislatura a través de la votación de la investidura. Esos son, digamos, los "aliados estables", pero luego, esos aliados estables no configuran acuerdos estables sino que los acuerdos proceden de negociaciones concretan según cada ca-so. Y ahí, ERC ha apoyado al gobierno en algunos casos y en otros no.

— ¿Ha conseguido, entonces, el Gobierno más libertad tras el acuerdo Zapatero-Mas?
—Ya tenemos mucha libertad porque hemos acordado con CiU, sin que ellos hubieran votado la investidura. El Gobierno quiere acordar con todos los que quieran dar un impulso de modernización al país, que apuesten por un avance sustancial de lo que es la característica fundamental de este Gohienro y este presidente, que es un gobierno reformista y un presidente innovador. Todos los que defiendan un avance en los derechos civiles y en las libertades individua-les de los ciudadanos, los que quieran progresar en el nivel de bienestar... Todo este conjunto de reformas, que han sido muchas en muy poco tiempo, han obtenido un importantísimo respaldo parlamentario. Careo que eso es lo sustantivo de la acción del gobierno respecto a los demás grupos parlamentarios. Llama la atención el grado de consenso en los grandes temas, salvo en los que ha querido confrontar el PP, con el nivel de ruido que se pretende llevar a la calle.

— ¿No va a pasar a ser este Gobierno menos "de izquierdas" con esa libertad de alianzas que anuncia?
— Vamos a ver. Creo que hay dos elementos para juzgar la política del Gobierno. Una, la que hace sobre los ciudadanos. A mí me parece que es, sin duda, una política de izquierdas y se ha podido ver tanto en los proyectos de libertad e igualdad ciudadana como en que hemos subido el salario mínimo, las pensiones mínimas, hemos aprobado el anteproyecto de la Ley de Dependencia...No cabe la menor duda de que este gobierno es reformista y con un clarísimo componente social. Hemos hecho del acuerdo la resolución de los conflictos sectoriales, algunos lo interpretaban como un elemento de debilidad cuando la mayor fortaleza de un gobierno representativo es negociar y acordar. Me parece que no cabe la menor duda de que éste es un gobierno de izquierdas en lo social. Pero es un gobierno que ha hecho posible que la economía crezca. Esa antítesis que se ha dicho, a veces, de que la derecha hacía crecer la economía pe-ro distribuía mal y que la izquierda distribuía bien pero era incapaz de hacer que la economía creciera, la ha roto el Gobierno Zapatero. La economía crece por encima de la media europea, tenemos la tasa de paro , del último año, más baja de los últimos 26, y, además, estamos haciendo la política de redistribución y de gasto social más ambiciosa de los últimos 20 años. Nadie puede discutir esto. Pero hay otro elemento: la dimensión territorial. Este presidente quiere, también, culminar la vertebración autonómica española haciendo de la corresponsabilidacl con los nacionalismos moderados una nueva etapa de gobernabilidad del Estado. No se trata de confrontar identidades sino de buscar mecanismos para la convivencia que nos hagan más fuertes a todos. Ya sabemos lo que hizo Aznar. Nosotros estamos en el camino justo contrario. Eso es lo que acabará culminando con un gran pacto con los nacionalismos moderados que harán una España mucho más fuerte y más unida que lo que haya estado nunca. Quien quiera cohesionar este país a golpe de historia de los Reyes Católicos se equivoca, sobre todo porque no conecta con el alma española. Además, si con Aznar España no se rompió es que es irrompible.

— ¿Se han acabado ya las voces disonantes dentro del PSOE a este respecto?
— El PSOE es un poco ciclotímico y, como las ideas de prosperidad y libertad están profundamente arragiadas en los sentimien tos, éstos nos influyen mucho. Esto no pasa en las gentes de la derecha: sólo quieren mandar. La manifestación de los sentimientos sobre la base de la libertad es lo que viene ocurriendo en el PSOE. Eso ha sido visto como su principal problema, cuando es su principal virtud. Si no fuera su principal virtud, el PSOE no habría cumplido más de 100 años llamándose igual. No hay ningún partido en España, tanto como defienden la unidad de España, que no haya cambiado de denominación, al menos, tres veces.

— Usted sabe, sin embargo, que más de uno estaba esperando a ver si Zapatero se estrellaba con el Estatut. ¿Ha sido un triunfo personal dentro del PSOE?
— Sin duda. Pero no dentro del PSOE. Es un triunfo de su proyecto. Es un proyecto de medio plazo, por eso, cuando se presentó de candidato a secretario general, pocos pensaron que podía ganar,ni de secretario general ni en las elecciones. Pocos piensan ahora que pueda ser el representante de la etapa de modernización más importante de este siglo en nuestro país. Las dos primeras cosas ya sabemos que las ha conseguido, la tercera será tan verdad corno las dos anteriores.

— ¿Cuánto queda para saber que esto será verdad?
— Dos o tres entrevistas corno ésta.

—Hemos oído a algunos veteranos del PSOE, como Rodríguez Ibarra o Chaves, críticos previamente con el proyecto de reforma del Estatut, aplaudirlo tras el acuerdo Zapatero-Mas. A quien no hemos oído, al menos en el momento de realizar esta entrevista es a Felipe González.
—Estoy convencido de que él también lo verá como ellos. Se ha intentado hacer una frontera entre la "vieja guardia" y las nuevas generaciones socialistas. Yo me considero de los "nuevos", estando afiliado al PSOE des-de 1980. O sea que, no tan nuevo. Pero créame si le digo que todos los compañeros y compañeras con los que pueda tener una identidad generacional respetamos antes que a nadie a todos los que formaron parte del gobierno de Felipe González. Si hay alguien a quien, como colectivo, respetamos es a González y a todos los que junto a él hicieron posible un cambio histórico en España.

— Pero parece que Felipe González no les entiende tan bien...
—No lo sé. Me gustaría hablar con él. Creo que hay muchas personas que interpretan a González. Ya ha pasado otras veces. Pero creo que González tiene un profundo res-peto sobre el presidente y un enorme cariño sobre esta generación. Con González es imposible ser neutro y yo sigo queriéndole de una manera apasionada como líder político. Ahora, también he de decir, para ser sincero, que "mi" presidente socialista es y será Rodríguez Zapatero.

— La reación del PP al acuerdo estatutario ha sido convocar una campaña de recogida de firmas. ¿Cuántas empezarán a inquietar al gobierno?
— A mí no me importaría firmar.

—¿Qué quiere decir?
— Claro. No me importaría firmar a la pregunta que se hace si me garantizan que mi firma no la utilizan para atacar al gobierno. ¿Quién puede decir que no está de acuerdo con la pregunta que hacen? Podría haber sido, incluso, más sencilla: ¿Está usted contento con ser español?. La cuestión no es medir las firmas sino contrastar un procedimiento inconstitucional en un partido que ha sido gobierno. Esto es lo que me llama poderosamente la atención. Es inaudito. Si me dijera que esto lo hace el antiguo MC lo entendería. Pero el PP... Que tenga un comportamiento extraparlamentario..., es lo que es inaudito. Y, sobre todo, si el PP está in-tentando que la crispación llegue a la vida cotidiana de los españoles, será el comportamiento más antipatriótico que se haya da-do nunca. Si me permiten un consejo, aun-que no soy dado a ellos: la primera condición para alcanzar un gobierno es trabajar: ellos no trabajan en el Parlamento. Pero, sobre todo, no mentir. Cuanto antes dejen de mentir menos tardarán en conseguir, democráticamente, volver al gobierno. El PP ha conseguido meter ciertas dosis de veneno en la sociedad española: el miedo. El miedo es paralizante. "Los catalanes se quieren llevar todo...", "Se va a romper España..." Esto noes nuevo. La derecha en España siempre ha ido detrás de los mejores momentos del país. Hoy, el núcleo duro del PP es la esencia de Alianza Popular, no de la UCD. Han metido tanto ruido que han inoculado un poquito de ese miedo en la sociedad. Pero la sociedad sólo tiene que recordar quiénes son. De tal manera que no sé cuál será el futuro político de Rajoy, pero presidente del Gobierno, seguro que no.

— Tras el acuerdo del Estatut ahora queda la pacificación del País Vasco. ¿Estamos más cerca de una tregua o de un final definitivo de la violencia?
— Estamos más cerca de conseguir las aspiraciones de los demócratas: que en este país no haya una banda terrorista. Porque llevamos cerca de tres años en los que no hay una sola muerte. El primero de ellos, con el gobierno de Aznar, justo es reconocerlo. También porque creo que se está empezando a superar la controversia de nacionalistas-no nacionalistas. Y porque las organizaciones que han venido dando cobertura a la banda terrorista tienen una actitud distinta, pero no suficiente, para conseguir el objetivo que todo pretendemos. Dicho esto, sólo se podrá avanzar en el proceso de paz guando se cumpla un único requisito: el abandono definitivo de las armas.

— RTVE está dentro de sus competencias directas y en lo que llevamos de legislatura no ha dejado de caer en audiencia. Cuando se aplique la reforma prevista... ¿quedará algo que salvar?
— Por supuesto. No van tan mal. En informativos tiene un 21 de share, con lo cual no se puede considerar ningún desastre.

— Detrás de Antena 3...
— Sí, pero antes estaban peor, por lo que sólo cabe felicitar a los profesionales. Y también pueden estar más tranquilos porque no reciben llamadas mías así que se equivocan solos. La evolución de RTVE está en manos de los ciudadanos. El Gobierno ha confirmado su compromiso de independencia.

— A cambio se han atrevido a dar un canal en analógico a Polanco, a pesar de las críticas, y han concedido otro a un grupo de productoras entre cuyos socios hay un antiguo asesor del PSOE. ¿No han querido compensar con privadas más afines?
— Pues menudo negocio. Estaríamos cambiando un 21 por ciento de share por el 5 de la Cuatro. No, queremos que haya competencia, de verdad.

— Usted, que conoce al presidente desde hace mucho. ¿En qué le ha visto cambiar? —Me podrá creer, o no: no ha cambiado en nada. Por ejemplo, yo no le he visto nunca alzarle la voz a nadie. Creo que ésa es una cualidad que le define. Y siempre ve los problemas en perspectiva.

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