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| Nº 681 - 6 de fenero de 2006 |
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Sobre la unidad de los pueblos de España L a campaña del PP contra el acuerdo pactado entre el Gobierno y los partidos catalanes sobre el Estatuto tomado en consideración por el Pleno del Congreso de los diputados, está alcanzando tonos que la hacen parecer un llamamiento a la desobediencia civil. Resulta asombroso que un partido que se dice democrático caiga en tales extremos, que amenazan en este caso de manera muy efectiva a la unidad de España. El intento de provocar un referéndum entre todos los españoles con la pregunta capciosa, sembradora de confusión, atenta directamente contra el papel que la Constitución atribuye a las Cortes españolas, depositarias de la soberanía nacional y pone de manifiesto que el PP, solo respeta dicha Constitución cuando cree que conviene a sus fines partidistas, pero se la salta alegremente cuando parece no convenir a éstos. Incompresiblemente, habiéndose logrado un acuerdo con los partidos catalanes, que cambió los extremos del proyecto de Estatuto que podían afectar a la Constitución, se impulsa en toda España lo que no puede ser considerado más que como una oleada irresponsable de anticatalanismo. A esta campaña se unen algunas voces surgidas del ámbito socialista, partidarias de reformar la ley electoral para que los partidos de carácter autonómico no estén representados en el Congreso de los Diputados, lo que entre otras cosas dejaría su representación a una parte importante de los mismos socialistas. En este país y en este momento se dicen cosas que denotan que algunos miembros de lo que se llama clase política parecen haber perdido el juicio.
Por fortuna, la Europa de hoy ha cambiado. Y hasta en la prensa norteamericana se han pronunciado voces que condenan ese pasado considerándolo como troglodita. Aún en la hipótesis anticonstitucional de que hubiera dos referendums encontrados sobre el caso, uno en Cataluña y otro en el resto de España ¿qué conseguirían?. ¿Qué en Cataluña humillada surgiera un movimiento auténticamente secesionista?. En ese caso ni siquiera la Constitución legitimaría la unidad de España. En Europa y en Occidente podrían surgir voces poderosas que apoyarían a los secesionistas en nombre de los derechos de un pueblo a su autodeterminación. Se abriría en lo que hoy es nuestro Estado un conflicto de proporciones gravísimas. ¿Es eso lo que pretenden los cuatro del PP?. Resulta significativo que quien está definiendo la política alocada de los cuatro, más que Rajoy sea Acebes, el más fiel intérprete del oráculo Aznar. Y resulta incomprensible que cuando el pacto entre el Gobierno y los partidos catalanes sobre la financiación -el tema más conflictivo- es muy semejante a la fórmula que al principio defendió Piqué y aprobó el Sr. Rajoy; ahora el PP -que lógicamente debería sentirse satisfecho de este resultado- dé marcha atrás y amenace con romper las reglas del juego constitucional. No puedo creer que esta actitud refleje la voluntad de los diez millones de españoles que en las pasadas elecciones votaron al PP, argumento maza de los cuatro. También España ha cambiado, se ha hecho más democrática y tolerante y tendremos ocasión de comprobarlo si junto a la voluntad de dialogar del Gobierno y del PSOE, y otras fuerzas progresistas llevan adelante el único proyecto que puede reforzar la unidad libremente consentida de los pueblos de España. Los españoles no estamos dispuestos a enzarzarnos en una nueva guerra civil en el siglo XXI por más que les pese a unos cuantos políticos enloquecidos. por Santiago Carrillo |
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