Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 681
6/2/2006

Pareja de hecho

El flechazo ha sido total, como dicen los castizos. La noche en la que Zapatero y Mas arreglaron el Estatut apañaron también España y el mundo. Les une la química más que la ideología y comparten ideas sobre la “España plural”. Ambos son del Barça, modernos, idealistas y pragmáticos, buenas condiciones para un pacto de  auxilios mutuos. A la vista del Respetable se ha consumado un cambio de parejas en medio del baile en el que Carod, patito feo, ha quedado confundido. En el amor y en la política, como en la guerra, vale todo.

Se desconocen los acuerdos secretos que han podido urdir el leonés y el catalán, pues para eso son secretos pero seguro que miran más allá del Estatut. Se vislumbra una operación de largo alcance para la gobernanza de Cataluña y de España. La nueva pareja ha dado un giro moderado y previsible a la mayoría parlamentaria cuya eficacia se prueba por la inquietud de los populares, a quienes se les cae un demonio inofensivo y rentable. Del PSOE se desprenden otros signos que permiten intuir la solidez de la nueva alianza. Hay que ver, por ejemplo, la soltura con que José Blanco, el número dos, recomienda coherencia a ERC, o sea: que hagan el favor de marcharse.

Otra cosa es lo que piense Pasqual Maragall, el único facultado para disolver el Parlament y convocar nuevas elecciones y hasta ahora un candidato difícil de sustituir. Esos son sus poderes, pero es difícil ir mucho tiempo a contrapelo de su partido, del PSC de la calle Nicaragua y del PSOE de Ferraz. A veces las indiscreciones prmiten apreciar un retazo de la verdad que esconde el lenguaje cifrado de los políticos. Me refiero a las palabras robadas por un micrófono televisivo al ministro Sevilla: “Montilla es un tío cojonudo pero es un charnego y es demasiado pronto para que un charnego sea president”.  Tampoco despliegan esfuerzos desmesurados en Moncloa por guardar las formas. En la entrevista de Iñaki Gabilondo con Zapatero en la Cuatro, le preguntó si Maragall repetiría en las próximas elecciones catalanas. El presidente dio una respuesta de plantilla: lo decidirá el PSC en su día. Una respuesta obligada a una pregunta inevitable que unos meses antes habría sido complementada con la expresión de las maravillas que adornan al compañero catalán. Los silencios son más significativos que las palabras. Las malas lenguas socialistas propalan el mensaje de que no sería una tragedia que se adelantaran las elecciones en Cataluña aun a riesgo o ventura de perderlas. Ya nadie se molesta en desmentir que Zapatero no quiere ni oír hablar de Maragall, que le ha metido en el mayor embrollo de su carrera política y, en cambio, encuentra cada día nuevos encantos en el líder de la derecha catalana. El presidente de CiU ha matado política y psicológicamente al padre Pujol, como Zapatero ha liquidado a Felipe. Artur Mas, que ha pasado un buen período sin pesebres, necesita tocar poder. Su figura un tanto desfigurada se ha hecho más nítida; ya no es el nen de plastic, un muñeco diseñado en la factoría de Barbie. Las posibilidades que se divisan son excitantes: de coalición o de oposición benevolente en Cataluña y  de coalición en el gobierno de España en el que Duran el incordiante vestiría la cartera de Asuntos Exteriores, un compromiso histórico inédito desde Cambó. Los tiempos pueden ser diferentes en la comunidad y en la nación, cuyo término reservamos a España, pero el diseño está trazado.

Mientras tanto, el día a día impone su ley y no son desdeñables los riesgos de crisis interna PSOE-PSC ni irrelevantes los flecos del acuerdo alcanzado en el que quedan por concretar o por publicar algunos aspectos turbadores para el discurso español de Zapatero; me refiero al reconocimiento de unos derechos históricos de Cataluña que reintroduciría en el articulado por una puerta falsa el significado del término nación confinado en el Preámbulo como una declamación retórica del Parlament.

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