Nº 680 - 30 de enero de 2006

 

Para resolver un problema primero
hay que crearlo

La frase que sirve de título a este artículo se le atribuye a Henry Kissinger, el que fue secretario de Estado con Richard Nixon cuando éste era presidente de los Estados Unidos. La sentencia puede interpretarse como una boutade, una ironía, una broma, una paradoja..., pero hay muchos políticos que parecen estar empeñados en tomársela en serio, casi como si fuera una orden. En fin, existen notables dirigentes siempre dispuestos a crearle problemas al personal con la intención, eso sí, de aparecer más tarde como salvadores o liberadores, eliminando las dificultades que sólo ellos han creado. A este propósito, podría poner el ejemplo del Estatuto de Cataluña, pero no lo voy a hacer, por el prurito de no caer en una obviedad.

El propio Kissinger tiene en su haber abundantes hechos que ilustran esta cínica frase a él atribuida. Así, por ejemplo, en la fase final de la Presidencia de Lindon B. Johnson, la Administración demócrata había iniciado las negociaciones de paz para acabar con la guerra de Vietnam. Las cosas estaban muy avanzadas, hasta el punto de que el Vietcong, el Gobierno de Vietnam del Norte y los Estados Unidos estaban ya dispuestos a firmar el acuerdo definitivo y sólo faltaba que el Gobierno de Vietnam del Sur (dependiente y títere de los Estados Unidos hasta límites infinitos) se aviniera... Pero no se avino y la negociación acabó fracasando, y, como consecuencia, la guerra y las muertes continuaron por algún tiempo. ¿Por qué fracasó el intento?

Porque el señor Kissinger, por cuenta de Nixon, convenció al Gobierno títere de Vietnam del Sur para que se opusiera al tratado de paz bajo promesa de mejorar la oferta si Nixon ganaba las elecciones. Los vietnamitas amigos boicotearon el acuerdo, la guerra siguió, perjudicando en las urnas al candidato demócrata (Humphrey) y, en efecto, Nixon ganó las elecciones. La coda de esta edificante historia fue que Nixon, ya presidente, retomó las conversaciones de paz y rápidamente llegó al acuerdo final, dejando al Gobierno de Vietnam del Sur literalmente a los pies de los caballos. Kissinger y Nixon no tuvieron ninguna piedad con sus peones de ayer, poniéndolos de patitas en la calle... Y a sus huestes vagando durante meses o años por todos los mares sin que se les facilitara un puerto de acogida. La Roma de Kissinger no sé si pagaba traidores, pero los amigos quedaban desagradecidos e impagados.

Se suele suponer que a los políticos se les elige, entre otras cosas, para que resuelvan problemas; sin embargo, muchos de ellos se dedican precisamente a lo contrario. Con gran dedicación no hacen cosa distinta que crearlos. Son gente muy peligrosa cuyo censo se encarga la historia de incrementar cada día y, entre todos ellos, los peores, aquellos que maltratan con más saña a sus conciudadanos, son quienes quieren pasar a la Historia (con mayúsculas). A éstos no hay quien les aguante, llevan en sus genes el mandato de incordiar al prójimo por la vía del enatecimiento de la raza, la patria, la nación o la clase social a la que prometen liberar.

La política no se inventó para que se eliminaran todos los problemas que tiene la sociedad mediante el juego político. Más humildemente, la política sirve, no para eliminar los conflictos, sino para que éstos no desemboquen en enfrentamientos civiles.

Además de los políticos con vocación más o menos napoleónica, existen en nuestras sociedades gentes y movimientos que no tienen por objetivo ocupar o ejercer democráticamente el poder, sino que pretenden, exclusivamente, no sólo crear un problema, también ser ellos mismos el problema. Ser el problema que dicen querer resolver. Esa es, por ejemplo, la actitud de ETA y de su entorno, la de convertirse en "el problema vasco" para, a continuación, pretender resolverlo. Mientras tanto se dedican a la "gestión del sufrimiento".

Los de ETA se han dedicado (y se dedican) al ataque de vidas y de haciendas, mientras ellos meten tiros en la cabeza y ponen bombas, sus cómplices señalan con el dedo esos horribles hechos diciendo: "¿Lo véis?Tenemos un problema". Para, a continuación, ofrecerse como interlocutores para "dialogar", "negociar" o "acordar" una solución. Un juego cínico y perverso que los españoles han soportado durante muchos años..., hasta que los legisladores (¡y ya era hora!) pusieron a estos "dialogantes" por cuenta de los terroristas fuera de la ley, donde debieran haber estado siempre.

Joaquín Leguina

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