| Hemeroteca |
![]() |
|
| Nº 680 - 30 de enero de 2006 |
|
En torno al Estatuto de Cataluña L as entrevistas de Rodríguez Zapatero y Artur Mas, han concluido con un acuerdo de fondo sobre el futuro Estatuto catalán. Se trata de un paso político de suma importancia. En CIU ha predominado el sentido de responsabilidad de hombres como Artur Mas y Durán i Lleida. Cualesquiera que sean las utilizaciones tácticas de diversas entrevistas en el marco de la política catalana nunca podrá disminuirse el mérito del Gobierno tripartito de Maragall en la iniciativa del nuevo Estatuto y ese mérito corresponde colectivamente –¡cómo no!– a Esquerra Republicana de Cataluña, Iniciativa-Verdes y desde luego al PSC. Es un mérito de muchos. Para empezar, lo es del Presidente Rodríguez Zapatero, que ha resistido estoicamente a fortísimas presiones, demostrando sus cualidades de gobernante firme, cumplidor de sus promesas y capaz de asumir riesgos sin arrugarse. Tales presiones llegaron a parecer irresistibles. Por un lado el terrorismo político desencadenado por la cúpula del PP, que llegó a acusar al Gobierno de traición a la nación española y al Estado. Lamentablemente esta campaña encontró eco en las vacilaciones de algunos barones del PSOE. Todavía no he entendido la iniciativa de una persona como Juan Carlos Rodríguez Ibarra –con cuya amistad me he sentido siempre muy honrado– proponiendo interrumpir la negociación del Gobierno con los partidos catalanes, para intentar previamente un acuerdo con el PP, que el mismo Ibarra consideraba prácticamente imposible. Ceder a la presión del PP, que dio origen con su alarmismo al intento de poner en escena un amago de ruido de sables, fácilmente desmonta-do por la misma cúpula del Ejercito y el ministro del ramo, hubiera tenido consecuencias muy graves: provocar una auténtica ruptura política y un enfrentamiento entre españoles y un grave retroceso de los progresos democráticos realizados a partir de la transición. El propósito de la dirección del La preocupación de todos los demócratas viendo echarse al monte a los principales dirigentes de un partido que tuvo tantos millones de votos en elecciones anteriores, es lógica y comprensible. Todos deseamos una derecha española más sensata, más parecida a las derechas parlamentarias que se llevan en Europa. Pero lograr eso es parte del esfuerzo por consolidar los resultados de la transición democrática. Y no lo conseguiremos cediendo a las amenazas y chantajes de unos dirigentes que a veces parecen una reproducción de personajes de épocas afortunadamente pasadas, sino por un esfuerzo de superación democrática de lo que es hoy la dere cha española, que tiene que hacer ella misma con la participación del buen sentido de los ciudadanos que la apoyan. Cuando escribo estas líneas los lideres del PP siguen erre que erre. Ahora pretenden modificar el procedimiento constitucional que la revisión del Estatuto y exigen un referéndum. Saben de sobra que eso infringe las reglas de la Constitución. ¿Qué más da?. El caso es bloquear el proceso y crear confusión. Llevar al extremo la crispación política. Aunque eso les cueste enfrentarse con la organización de su Partido en Cataluña. por Santiago Carrillo |
| Hemeroteca |
