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| Nº 680 - 30 de enero de 2006 |
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Decisiones importantes Las últimas semanas han estado cargadas de intensidad en el Parlamento Europeo (PE). El canciller Schüssel presentaba el programa de la Presidencia austríaca, se rechazaba la propuesta del Consejo sobre las Perspectivas Financieras, aunque se aceptaba el inicio de negociaciones. Asimismo, los presidentes de las tres instituciones acordamos que se votarán en el Pleno de abril.
El debate sobre esa Directiva motivó que el PE fuese literalmente sitiado por estibadores de toda Europa que se manifestaban contra ella. Al mismo tiempo, la mayoría de los puertos europeos se paralizaban por las huelgas. No es normal que eso ocurra, pero es una señal de que en el PE, al que se acusa de estar lejos de las preocupaciones de los ciudadanos, se toman decisiones importantes. La Directiva rechazada es un buen ejemplo del conflicto entre la liberalización, para introducir competencia y, se supone, bajar los precios, y sus consecuencias sociales al poner en competencia unos trabaja-dores con otros, en este caso las tripulaciones de los barcos y los estibadores portuarios. Fue elaborada por la anterior Comisión Prodi, en una de las últimas actuaciones de la comisaria Loyola del Palacio, argumentando que era necesario romper los monopolios en los puertos para aumentar su eficacia. El nuevo comisario de Transportes, Jacques Barrot, sin duda más sensible a las cuestiones sociales, no retiró la propuesta pero ha mantenido una actitud muy templada en su defensa. Sin embargo, tal y como explicaron los representantes de la Federación Europea de Trabajadores del Transporte (ETF), que condenaban las acciones violentas, los puertos europeos son de los más eficientes del mundo: la carga y descarga de un contenedor de 40 pies cuesta 100 dólares en los puertos europeos, 200 en los puertos de América del Norte y 300 dólares en los asiáticos. Según los sindicatos, la competencia es ya efectiva entre los puertos de la UE y solamente aquellos cuyos servicios son eficaces y que cuentan con unos retornos comerciales óptimos han resistido la feroz competencia internacional. Así pues, la liberación de los servicios portuarios es para sus partidarios indispensable para promover el crecimiento y el empleo, pero para sus detractores dichas medidas causarían pérdidas de empleos masivas, un deterioro de las condiciones de trabajo y problemas de seguridad en operaciones delicadas que precisan de personal especializado. Ese debate no sólo planea sobre los puertos, sino que se ha visto reflejado en otros proyectos como la Directiva de Servicios. Está claro que Europa necesita dar su propia respuesta a la globalización, pero muchos sectores sociales ven las normas comunitarias no como una forma de regular la globalización, sino como el caballo de Troya de una liberalización que puede destruir nuestros modelos sociales. Por otra parte, el rechazo tan grande del PE (532 votos a favor, 120 en contra y 25 abstenciones), con liberales y parte del PPE incluido, se debe a que el PE tenía la sensación de que se le servía un plato recalentado. En efecto, la propuesta era la segunda presentada por la Comisión. Una iniciativa similar, prácticamente idéntica, ya fue rechazada por el Parlamento en 2003. Esta nueva propuesta ha convencido al PE todavía menos que la primera vez que se le presentó. Muchos eurodiputados han considerado que la Comisión no ha tenido en cuenta las razones por las cuales ya se había rechazado. Y ahora, ¿qué?, podríamos preguntarnos. Ese rechazo equivale a lo que sería en las Cortes una enmienda a la totalidad. Pero queda ver cuál es la respuesta de la Comisión. Si retira la propuesta, el procedimiento habrá terminado, aunque el PE tendría que confirmar formalmente el rechazo con un nuevo voto. Si por el contrario no lo hace, será la comisión parlamentaria de Transportes la que tendrá que volver a pronunciarse y reenviarla al Pleno en el plazo de dos meses. Como ven, en el PE las cosas son un poco más complicadas que en los Parlamentos nacionales, pero no por eso menos importantes. |