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Nº 679 - 23 de enero de 2006

Antiguos amigos’ en expectativa de destino

Las ‘estrellas errantes’ de Zapatero

No son muchos, pero sí bastante conocidos. O al menos, lo eran hace dos años. Acompañaron a Rodríguez Zapatero en su asalto a La Moncloa “fichados” personalmente por el nuevo líder o incorporados a su equipo gracias al “aire fresco” de sus “nuevas caras”, para disgusto de no pocos dirigentes del aparato oficial del PSOE. Tras la inesperada victoria, sin embargo, algunos no accedieron al brillante puesto que se les suponía mientras otros se alejaban del líder sin remedio. La más cercana a Zapatero, Trinidad Jiménez, impuesta en su día por el hoy presidente para disputar la Alcaldía de Madrid, espera estos días, inquieta, mejorar de destino. Carme Chacón, Mercedes Cabrera, Antonio Gutiérrez o Carmen Alborch, también llenaban las quinielas de ministrables antes del triunfo. Hoy su brillo no traspasa su escaño del Congreso de los Diputados. Pero no son los únicos.

Por Inmaculada Sánchez

Ella está a la espera. No hay decisión tomada”. Quienes están más cerca de Trinidad Jiménez, portavoz socialista en el ayuntamiento de Madrid, saben que para la que fuera candidata a la alcaldía tener que volver a enfrentarse con Alberto Ruiz-Gallardón en 2007 sería una desilusión. “Ella ya ha demostrado que ha sido capaz de trabajar en la oposición, Ahora está abierta a otras cosas”, afirma un buen amigo. “Aunque hará lo que le diga el partido”, añade.

El partido, en Madrid, preferiría asimismo cambiar de candidato, según fuentes solventes, y así se lo ha comunicado al aparato de Ferraz, pero también sabe que, tratándose de Trini, como es conocida la portavoz socialista, “todo dependerá de Zapatero”, en palabras de un miembro de la ejecutiva regional. La concejala parece debatirse en la misma incertidumbre y en una reciente entrevista publicada en el diario “El País” se muestra abierta a cualquier posibilidad aunque remarcando que “aceptaría” tener que quedarse en la casa consistorial. “Yo, en política, nunca me he expresado en función de deseo personal. Y porque tengo un enorme respeto y una enorme ilusión por lo que estoy haciendo, creo que no debería pronunciarme. Pero pienso que ya lo he dicho todo cuando digo que lo que más me ilusiona es Madrid”, respondió a la pregunta de si preferiría ser ministra o candidata.

El problema a su posible reubicación es la dificultad que siempre han tenido los socialistas para encontrar un candidato para la capital, máxime cuando las expectativas enfrentándose a Ruiz-Gallardón, “si le da tiempo a acabar las obras”, como temen en el PSM, apuntan más a una derrota que a una victoria. “Tendría que ser Zapatero quien eligiera a alguien con peso, porque otra vez con “cara nueva” no vamos a repetir”, añaden desde Miguel Fleta, la nueva sede del PartidoSocialista de Madrid (PSM). Además de algún ex ministro o ministro actual, el nombre de Javier Solana, actual responsable de Exteriores de la Unión Europea, está volviendo a sonar y en el diario digital “Elplural.com”, el solvente periodista Antonio San José, le citaba como elección segura en su crónica habitual.

El caso de Trinidad Jiménez resulta emblemático del nuevo tipo de dirigentes de los que quiso rodearse Rodríguez Zapatero en su inicial andadura como líder del PSOE: desconocida para el gran público, de su generación, atractiva y mediática... pero también, y a diferencia del mismo Zapatero, sin recorrido orgánico en el partido, algo que para muchos dirigentes socialistas equivale a carecer de la autoridad necesaria para elegir colaboradores sólidos o para que la organización reme a tu favor. Y quienes conocen la labor de la portavoz socialista en el ayuntamiento en estos casi tres años, aunque respetan su trabajo y dedicación, aseguran que en todo este tiempo no ha mejorado un ápice su confianza con el partido en Madrid, ni ha logrado crear equipo de verdad en el que apoyarse.

Esta inestable situación vino a empeorar cuando Zapatero, quizá como “compensación” después de no haberla llamado para su primer gobierno, la reincorporó a la ejecutiva federal en el congreso posterior a la victoria electoral como secretaria de Relaciones Internacionales. Desde entonces Trini ha tenido que compaginar su dedicación al ayuntamiento con su despacho en Ferraz y sus funciones de portavoz de asuntos exteriores del partido, por no citar los viajes que han acompañado al cargo.

Todo lo contrario del recorrido que ha hecho, en el mismo tiempo y en sentido contrario, el secretario general del PSM, Rafael Simancas, contra quien Zapatero llegó a apoyar a un candidato alternativo tras arribar al liderazgo del PSOE. “Entre Rafa y Zapatero, ahora mismo, hay una sintonía total”, coinciden desde Miguel Fleta y desde Ferraz.

La traición de Tamayo y Sáez y la crisis que desató la pérdida de la Comunidad de Madrid fue el punto de inflexión para que las relaciones entre ambos equipos, el de Simancas y el de Blanco, ya erigido en “nuevo amo” del aparato de Ferraz, se recondujeran. “El sufrimiento une mucho”, explica socarronamente un miembro de la ejecutiva madrileña refiriéndose a aquellos aciagos días en que dos diputados elegidos en las listas del PSOE se negaron a votar con los suyos. Más que la rabia o la congoja por los duros acontecimientos, la búsqueda de responsabilidades a la crisis fue la que hizo confluir sus caminos. Tanto Simancas en su momento, como Blanco durante el crucial congreso en que Zapatero ganó a Bono, habían contado con los “balbases”, el grupo de origen de los dos traidores, así conocidos por el nombre de su líder, José Luis Balbás. A partir de entonces el nuevo PSOE incorporó al PSM y a su líder a las huestes “zapateristas”. El hecho de que Simancas pueda convertirse en el próximo presidente de la Comunidad de Madrid, dependiendo de “cómo salga lo del Estatut”, según reconocen en el PSM, ha limado las últimas asperezas.

Así pues, Trini aparece descolocada en este nuevo mapa de relaciones de poder suscrito entre Simancas y Blanco pendiendo, nuevamente, al igual que tres años atrás, del dedo que la ungió para su primer puesto público, el de Rodríguez Zapatero, del que hoy están pendientes muchas otras decisiones.

Entre ellas podría encontrarse la búsqueda de algún puesto de relieve para la ex ministra Carmen Alborch, uno de los nombres con más brillo mediático que Zapatero incorporó a su conocido Comité de Notables, y al que los complejos equilibrios de la legislatura han dejado sin el sillón al que parecía destinada.

De los diez miembros de tan “notable” grupo de expertos, seis son hoy ministros –Pedro Solbes, José Bono, Miguel Angel Moratinos, Carmen Calvo, Magdalena Álvarez y Maria Jesús San Segundo-, otro es Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, Gregorio Peces-Barba, otro ocupa un cargo con rango de Secretario de Estado en la Moncloa, Miguel Sebastián, y otro se mantiene de presidente en su comunidad, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. ¿Y Carmen Alborch? Es diputada.

Fuentes informadas del entorno del presidente filtraron convenientemente en su momento que la ex ministra no había sido relegada en absoluto sino que le estaba reservado el puesto de futura Defensora del Pueblo, un cargo institucional al que Zapatero quería llevar, haciendo gala de su feminismo, por primera vez a una mujer. Sólo había que esperar a que acabase el mandato de Enrique Múgica.

Sin embargo este cargo requiere el consenso con el principal partido de la oposición y el PP no estaba dispuesto a negociar un nuevo nombre para tan delicada institución. En mayo del año pasado Moncloa tuvo que  aceptar la continuidad de Múgica, que tan bien se había entendido con Aznar a pesar de ser socialista y que ahora aparecía muy alejado de la nueva dirección del partido. Alborch deberá esperar, pues, una nueva oportunidad desde su puesto de presidenta de la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer y de la Igualdad de Oportunidades del Congreso, cargo que apenas la permite intervenir en la arena política aunque la proporciona despacho, secretaria, chófer y otras prebendas de las que carecen el resto de diputados de a pie.

En su misma situación se encuentran otros dos “fichajes estrella” del actual presidente. Nunca mejor dicho en el caso de la catedrática Mercedes Cabrera. Ella fue la que, in extremis, y a apenas unas horas de que tuviese que aprobarse la lista electoral de Madrid, aceptó ser la número dos, tras Zapatero, después de la solemne y rimbombante promesa del candidato de que llevaría a su vera a una mujer de renombre.

Tras varias negativas, que llegaron a trascender a la prensa, fue esta doctora en ciencias políticas y colaboradora de la Fundación Pablo Iglesias quien dio el paso adelante. Tras su elección asumió la presidencia de la comisión de Educación y Ciencia del Congreso desde donde el gran público no ha vuelto a saber de ella.

Otro tanto se puede decir de Antonio Gutiérrez, ex secretario general de Comisiones Obreras y oportunamente incorporado al nuevo equipo de colaboradores de Zapatero —en el PSOE de Felipe González, al que Gutiérrez montó la huelga general del 14-D,  hubiera tenido muy difícil acomodo—. El ex líder sindical se acercó a los nuevos dirigentes socialistas durante la campaña electoral como asesor del programa electoral. Luego llegó su incorporación a las listas electorales en un puesto seguro. Y, después, las especulaciones sobre el ministerio que, en caso de victoria, podría ocupar.

Tras el 14-M, sin embargo, Gutiérrez esperó desde su escaño, en vano, una llamada para ocupar algún alto cargo. Como otros  diputados “con nombre”, fue reservado para una de las cotizadas presidencias de comisión, en su caso, la de Economía y Hacienda. Hasta ahí su presencia en la nueva “administración socialista”, dado que hoy ni en la Comisiones Obreras que dirige José María Fidalgo su ex lider tiene la más mínima ascendencia como posible puente.

Caso distinto, aunque con perfiles cercanos, es el de Carme Chacón, una de las jóvenes dirigentes socialistas que, al igual que Trinidad Jiménez, apostaron claramente por Zapatero desde el primer momento, antes de que éste manejase el timón de mando del PSOE.

Con ella, dirigente del PSC, mujer de confianza de José Montilla y secretaria de Educación de la primera ejecutiva que liderase Zapatero, el presidente dio la gran sorpresa: cuando todas las informaciones la situaban en un futuro ministerio de Educación o de Cultura Zapatero la “dejaba” en el Congreso, aunque con la “compensación” del cargo de vicepresidenta de la Cámara, un regalo envenenado que, por su carga institucional, suele destinarse a políticos “en retirada” y no a los que están fraguando su carrera ya que les impide bajar a la arena y dejarse querer por los focos de los medios.

Encajado el “golpe” la joven Chacón ha asumido con tal entusiasmo su papel que, para sorpresa de muchos, ha conseguido, por primera vez en la historia de los galardones, ser premiada hace un mes con la distinción de “diputado más trabajador” concedido por la Asociación de Periodistas Parlamentarios, suceso inédito entre los miembros de la Mesa del Congreso, habitualmente destinados a dejarse ver lo menos posible.

“La verdad es que, a veces, tengo la sensación de ser la que abre y cierra la puerta del Congreso, le confesó a Eva Hache en su programa de Cuatro la semana pasada una todavía ilusionada Carme Chacón sobre lo que la pueda deparar el futuro.

Más especulaciones circulan sobre quien llegara a ser el “gurú” económico del presidente, Miguel Sebastián, director de la Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno y que, desde que gobierna el PSOE, ha disputado una sorda pelea con el ministro de Economía, Pedro Solbes. Aunque nadie discute su cercanía al presidente, la estrella de Sebastián parece declinar últimamente y no son pocas las informaciones que le sitúan fuera de la Moncloa en un cercano futuro. Aunque su comentada candidatura a gobernador del Banco de España tiene escasas posibilidades —básicamente por la radical oposición del PP, quien habría de aceptar al candidato gubernamental— la sensación de “provisionalidad” cunde en su equipo en los últimos tiempos.

Pronto se cumplirán dos años en el Gobierno. Media legislatura. Poco o mucho tiempo, según quien lo analice. Pero la cercanía de las autonómicas y municipales y, sobre todo, el “Rubicón” del Estatut, que pocos saben en qué condiciones será atravesado por Zapatero, alimentan estos días la sensación de que “sería el momento” de cambios en el equipo. Y, como siempre que se gobierna, son muchos los nombres que quieren que se cuente con ellos.

¿Y los de “la foto de la tortilla” de ZP?

No hubo tortilla, ni foto, ni estaban en el campo. Pero Rodríguez Zapatero también tiene un encuentro íntimo, emblemático, con un escogido grupo de fieles amigos que, al igual que los que aparecen en la famosa “foto de la tortilla” de Felipe González en los primeros setenta y que protagonizaron después la renovación del PSOE, se arracimaron junto a él antes de que las mieles del poder les ungieran. Fue un desayuno, conocido ya en la todavía joven historia del PSOE “zapaterista”, como “el de los cruasans” y tuvo lugar en el pequeño apartamento de Trinidad Jiménez en Madrid.

En sus escasos sesenta metros cuadrados se citaron, en las semanas previas al crucial congreso de la sucesión de Felipe González, jóvenes dirigentes socialistas animados por una desconocida entonces funcionaria de Ferraz.

Tras algún que otro encuentro y detectado el joven diputado Zapatero como el líder que podía encabezar al todavía nonato grupo que posteriormente tomaría el nombre de “Nueva Vía”, Trini logró que el leonés acudiera a desayunar en su casa y departiera con quienes creían que se podía, y se debía, dar la batalla por  la secretaria general a pesar del apoyo oficial a la candidatura de Bono.

Aunque hubo otros encuentros, anteriores y posteriores, este primer desayuno, al que una de las convocadas llegó con unos cruasáns para acompañar al café, quedó grabado como el primer paso del asalto al poder de Zapatero y sus jóvenes amigos.

¿Quiénes estuvieron en él? Menos de los que posteriormente se han atribuído su presencia. Además de Zapatero y Trini Jiménez, asistieron los entonces diputados Jesús Caldera, Jordi Sevilla y Germá Bel, y la compañera en la secretaría de Internacional de la anfitriona, María Irigoyen.

Dos de ellos son hoy ministros mientras Trinidad Jiménez, todavía reconocida como mujer de plena confianza de Zapatero, espera cambio de destino. El tercer diputado, el reconocido economista catalán del que llegó a hablarse como futuro ministrable optó tras las elecciones por retornar al mundo académico. Su situación familiar -tiene un hijo en 2001- y su escaso apego por la carrera política le llevó en 2004 a Estados Unidos, de donde ha regresado hace apenas un par de semanas para continuar su labor en la universidad de Barcelona. “Pienso que rindo mejor en la actividad académica que como político”, asegura sin nostalgia alguna.

María Irigoyen, por su parte, tras acompañar en un primer momento a Trini al ayuntamiento, fue llamada después de la victoria electoral por Bernardino León, Secretario de Estado de Exteriores, con quien continúa trabajando como asesora.

Otros de los que compartieron estos primeros momentos  de Nueva Vía han tenido dispares destinos. José Andrés Torres Mora, jefe de gabinete de Zapatero durante su primer mandato en Ferraz no le siguió a Moncloa y ejerce  de diputado en el Congreso aunque mantiene  la cercanía personal con el líder.   Enrique Martínez, miembro de su primera ejecutiva, es director en la empresa pública Red.es. Y José María Ridao es embajador de España en la Unesco. El famoso apartamento ya no pertenece a Trini: lo vendió a otra socialista, Isabel Martínez. hoy miembro del selecto grupo de asesores de Moncloa.


En un palacio llamado Moncloa , por Enric Sopena
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