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 Nº 679 - 23 de enero de 2006


Un giro a la izquierda en América Latina

Las victorias recientes y espectaculares de Michelle Bachelet en Chile y de Evo Morales en Bolivia se añaden a las de otros presidentes actuales de izquierdas, con distintos matices, eso sí, que habían ganado en las urnas en los últimos años. Todo este proceso supone un aumento de las dirigentes que representan a la izquierda en América Latina y, por tanto, una gran oportunidad que no puede ser desperdiiada, como ha sucedido en tantas ocasiones anteriores. Un giro éste que se viene dando de un tiempo a esta parte, que resulta esperanzador y a su vez necesario para afrontar los grandes retos a los que se enfrenta esta región, y se ha venido enfrentando tradicionalmente, entre los que destaca fundamentalmente la gran desigualdad dentro de los países y los altos niveles de pobreza actualmente existentes.

En Chile se dirá que la victoria de Michelle Bachelet no significa un aumento de los gobernantes de izquierda, sino una continuidad, debido a que el presidente Ricardo Lagos era socialista. Sin embargo, su programa tiene un clara apuesta por combatir la gran desigualdad existente en Chile y tiene en este sentido un propósito más ambicioso de reformas sociales que el de su predecesor, el cual nadó en aguas cómodas y con la corriente a favor de un modelo económico que ya venía de años atrás, y al que se puede calificar de exitoso en cuanto a crecimiento, pero que no trató de corregir, con políticas reformistas, sus perversiones más graves.

El modelo chileno desde los años setenta para acá ha gozado de unimportante crecimiento impulsando las exportaciones y sin haber estado sujeto como otros países de Latinoamérica a las graves crisis financieras que han padecido. Se ha puesto como ejemplo a seguir, y algunos tratadistas lo han señalado como el nuevo dragón de América Latina. No es así exactamente, pues las exportaciones de productos primarios siguen desempeñando un papel muy considerable, y aunque las exportaciones de productos industriales han tendido al aumento, todavía se encuentran lejos del dinamismo de los nuevos países industriales asiáticos. De todas formas, su comportamiento económico ha sido el de mayor éxito en América Latina, aun cuando se sigue sustentando en una gran desigualdad.

Así, por ejemplo, en el año 2004, la progresión de la actividad en Chile ha sido la más fuerte registrada desde 1997 (6%). Sin embargo, la economía se basa en un modelo que beneficia poco los salarios, pues a pesar del crecimiento, el empleo y los salarios reales han aumentado sólo un 1,3% y un 2%, respectivamente. De ahí que el reto principal en Chile es conseguir una economía más equitativa y que los frutos del crecimiento se distribuyan entre todos. Desde esta perspectiva el programa de la primer mujer presidente en Chile tiene un planteamiento de izquierdas, ausente en Lagos, que se dejó llevar más por el social-liberalismo, y sin Estado del Bienestar. Por lo que concierne a Evo Morales, se enfrenta a una realidad distinta, a un país poco desarrollado, con muchos pobres aun cuando tiene petróleo y gas natural. Pero esas riquezas explotadas por grandes empresas multinacionales y españolas no han supuesto un beneficio para tantos pobres como allí existen. Es el momento de aprovechar esas grandes riquezas para la población en su conjunto y no, como ha sido hasta ahora, para el enriquecimiento de las empresas allí ubicadas. Se enfrenta no sólo al desafío de las reformas internas para conseguir unas estructuras económicas y sociales más justas, sino al que suponen los grandes intereses internacionales. La tarea es inmensa y Estados Unidos y los grandes poderes económicos, así como las oligarquías locales, intentarán que fracase para que su modelo no sirva de ejemplo a otros países.

Sin embargo, el éxito de estas dos propuestas son fundamentales, pues con programas distintos —el de Evo Morales más radical— se enfrentan a realidades diferentes, más dramática la de Bolivia, pero que tienen como objetivo común avanzar en la igualdad, en los derechos y en las oportunidades. América Latina no puede seguir con tanta desigualdad, con tanta pobreza.*

Carlos Berzosa
*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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