Hemeroteca Esta semana
Nº 679 - 23 de enero de 2006

EE UU y la UE presionan a Irán para acabar con su programa de energía nuclear

 

EL MAPA DEL PODER ATÓMICO

 

Desde que el Gobierno iraní reanudara las actividades de enriquecimiento de uranio –que unilateralmente suspendió en noviembre de 2004– la presión de Occidente, especialmente de Estados Unidos y la Unión Europea, sobre Teherán se está viendo incrementada. Ambos han solicitado llevar la cuestión ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con el fin de obtener una resolución condenatoria, mientras que desde el Ejecutivo persa se insiste en que su investigación en este campo está destinada a fines pacíficos y civiles y recuerdan que son nación firmante del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Este tratado reconoce el derecho de todo país a desarrollar un programa nuclear propio con propósito energético y no bélico. Mientras, desde Israel, y por boca del candidato a primer ministro, Benjamín Netanyahu, se insta a realizar un ataque aéreo contra las instalaciones nucleares iraníes similar al que destruyó un reactor atómico en Iraq en 1982. El director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica y flamante Premio Nobel de la Paz, Mohamed El Baradei, declaraba la pasada semana que Irán está desarrollando un programa con fines exclusivamente civiles.

Por Pedro Antonio Navarro

Francia se reserva el derecho de responder “de forma no convencional” contra aquéllos “que recurran a medios terroristas o a armas de destrucción masiva contra nosotros”, declaraba a finales de la pasada semana el presidente francés, Jacques Chirac, en una clara alusión al posible uso de armas nucleares por parte de su Gobierno en determinadas circunstancias. Justo en medio de la grave crisis que se está desatando por la decisión iraní de continuar con su programa de enriquecimiento de uranio al que se oponen de modo frontal los principales representantes de occidente, Estados Unidos y la Unión Europea. Los dos han expresado su deseo de que la cuestión sea debatida en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde quieren obtener una resolución condenatoria que impida a la nación persa continuar con su programa nuclear.

Sin embargo, son países que poseen un extenso arsenal nuclear los que con más fuerza combaten la continuidad del programa iraní. Tras los numerosos tratados internacionales sobre la cuestión atómica que se han firmado a lo largo de las últimas décadas, se calcula que los arsenales se han reducido hasta las 20.000 cabezas nucleares operativas y armadas en el mundo, pero en 1985 se llegaron a contabilizar hasta 65.000. El primero que se firmó fue el Tratado de Prohibición Parcial de Pruebas (1963), por el que quedaban prohibidas las pruebas en la atmósfera, los océanos y el espacio exterior –aunque Francia e India, no firmantes, lo incumplieron en varias ocasiones.

El más importante y que atañe a un número mayor de naciones es el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (1968 y prorrogado indefinidamente en 1995). Está suscrito por 188 países, entre los que no está Israel. En su contenido está el eje de la discusión sobre el programa nuclear iraní. En él se establece que los países que no estuvieran en posesión del arma atómica en ese momento, renunciarían voluntariamente a conseguirla, pero con el derecho a desarrollar un programa nuclear con fines civiles. Por su parte, los poseedores de arsenales atómicos se comprometían a no colaborar con ningún Estado para la consecución de este arma y a facilitar ayuda y tecnología para el desarrollo de la investigación nuclear pacífica.

El Tratado de Prohibición Completa de Pruebas, suscrito en 1996, no ha entrado en vigor porque no ha sido ratificado por Estados Unidos, China o Rusia, mientras que Pakistán e India ni siquiera lo han firmado. Quizá el que haya arrojado los resultados más esperanzadores fue el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (1989), que sí supuso la eliminación de toda una categoría de esta clase de armas. Afectó principalmente a las que estaban instaladas en suelo europeo por parte de EEUU y la entonces Unión Soviética.

Otros constituyeron un rotundo fracaso, como los de Limitación de Armas Estratégicas (SALT) y los de Reducción de Armas Estratégicas (START I y START II), finalmente boicoteados por la administración Reagan para dar paso al famoso “paraguas nuclear”, conocido como “Guerra de las Galaxias”.

Pero el actual Gobierno estadounidense tampoco está dispuesto a dar garantías propias sobre la cuestión nuclear. En un documento secreto que se hizo público a finales de 2002, titulado “Nuclear Posture Review” (Revisión de la Postura Nuclear), establece la “necesidad” de Estados Unidos de disponer de armas nucleares susceptibles de ser utilizadas contra China, Rusia, Iraq, Corea del Norte, Irán, Libia y Siria. En 2004, el Congreso norteamericano aprobó un presupuesto de 6.500 millones de dólares destinado a programas nucleares militares. Esa cifra duplica la que se concedió para idéntica finalidad en 1995. De ellos, 15 millones de dólares tienen como misión financiar la investigación de un nuevo tipo de arma atómica de penetración en el subsuelo, denominado Robust Nuclear Earth Penetrator, que servirá para poder explosionar cargas de hasta cinco kilotones en objetivos subterráneos de otros países –la inteligencia estadounidense tiene señalados 1.400 de esos objetivos estratégicos en todo el mundo-. Todo ello, dentro del programa de desarrollo de las llamadas mininukes, mini bombas nucleares. Según Physicians for Social Responsability, organización internacional integrada por físicos e investigadores, una bomba de un kilotón que haga explosión a 15 metros de profundidad, destruiría todo en un kilómetro a la redonda y mataría directamente a todos los seres vivos de esa zona, y los supervivientes, si los hubiera, quedarían fatalmente irradiados.

La investigación sobre este tipo de armas entra en directa colisión con la letra y el espíritu del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Pero no sólo desde Washington se hace de este modo. También, el último documento sobre Estrategia Nacional establece una “Doctrina de Derecho Preferente” que permite el uso preventivo de armas atómicas, al estilo de lo anunciado recientemente por Jacques Chirac.

Otro factor importante a tener en cuenta lo constituye el arsenal nuclear israelí. Esta nación, que no ha suscrito el Tratado de No Proliferación, jamás ha recibido una inspección exterior internacional, ni tan siquiera por parte de la Agencia Internacional para la Energía Atómica. Aunque nunca se ha reconocido públicamente, desde los años 60 desarrolló su propio programa nuclear militar, con la inestimable colaboración estadounidense y también francesa. Los servicios secretos norteamericanos establecen en unas 200 las cabezas atómicas que engrosan el arsenal israelí, aunque según otras fuentes, podrían llegar a las 400. Además, proporcionando un nuevo elemento de desestabilización en una zona ya sobrada de tensión, el candidato a primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha instado a realizar un raid aéreo -similar al que la aviación israelí llevó a cabo contra una central nuclear iraquí en 1982- contra las instalaciones nucleares iraníes, de modo absolutamente contrario al Derecho Internacional.

Mohamed ElBaradei, director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica, y galardonado con el último premio nobel de la Paz, declaraba recientemente que el programa nuclear iraní está enfocado a fines pacíficos y civiles, tal y como declaran constantemente los portavoces de la administración de Teherán. La agencia que dirige ElBaradei plasmaba por escrito en 2004, que la decisión del Gobierno iraní de suspender temporalmente “las actividades relacionadas con el enriquecimiento y el reprocesamiento” del uranio era una “medida voluntaria para generar confianza, no una obligación legal”.

En todo caso es posible que el avance de las investigaciones persas pueda dotarles de la capacidad tecnológica para fabricar armas nucleares, como también están en condiciones técnicas de hacerlo otros países como Canadá, Australia, Alemania u Holanda, sólo por citar unos pocos que, efectivamente tendrían esa posibilidad si así lo decidieran, aunque, de ese modo, quedarían fuera del Tratado de No Proliferación.

Pero para la tensión generada en torno al caso iraní podría haber otras explicaciones. A criterio del especialista mexicano en asuntos internacionales Alfredo Jalife-Rahme, “el problema de Irán es que tiene mucho gas y eso lo convierte en un botín apetecible”. Según este analista, Teherán tiene la intención de “crear una bolsa petrolera para competir con el NYMEX de Nueva York y el IPE de Londres (los dos grandes mercados del crudo mundial). Una bolsa en Irán podría quitarle la tercera parte del mercado a la de Nueva York y al IPE de Londres. Una bolsa iraní podrí atraer transacciones de Rusia, India, China y Japón”.

También queda claro en el documento sobre Estrategia Nacional norteamericano que el uso “preventivo” de sus armas nucleares podría tener a Irán como destinatario, entre otras naciones. Para Augusto Zamora, profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid, “sería aventurero e irresponsable soslayar las legítimas preocupaciones de seguridad que asisten a Irán y Corea del Norte, dos países amenazados y que hacen frontera con otros dos grandes Estados nucleares, Rusia y China, con los que tienen relaciones privilegiadas y estratégicas. Irán es la esperanza energética de China y, con Corea del Norte una limes ante el militarismo rampante de Estados Unidos, ante el que ni Naciones Unidas ni la Unión europea pueden dar garantías fiables”. El profesor Zamora ve en este desarrollo de la capacidad atómica iraní un intento de poder oponer la suficiente disuasión a un eventual ataque norteamericano: “Estados Unidos tiene difícil atacar Corea del Norte, que suma a su poder nuclear la protección de China. Irán, en cambio, está menos seguro y no puede negársele su derecho inalienable a la defensa y conservación. Que la Casa Blanca respete a Irán depende, no de la UE ni de la ONU, sino de la propia capacidad de defensa iraní. Iraq fue agredido por no poseer armas. Cuanto más débil sea militarmente Irán, mayor será la tentación de atacarle. Irán y Estados Unidos lo saben. Lo sabemos todos”.

El arma nuclear, después de los tiempos de la Guerra Fría, vuelve a ser motivo de grave preocupación en todo el mundo. Pese a los esfuerzos por erradicar esta fuerza de destrucción masiva –con los arsenales actuales podría aniquilarse al planeta, varias veces-, ningún tratado internacional ha conseguido que los países que poseen este tipo de armas renuncien a ellas. De hecho, está demostrado que quienes aspiren a jugar un papel destacado en la escena internacional, deben poseerlas. Así, no es casual que las únicas cinco naciones que tienen “plaza en propiedad” y derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, son, precisamente, las cinco principales potencias nucleares del Globo: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. De ellas, dos (EEUU y Francia) han manifestado que se reservan su derecho a utilizarlas en determinadas circunstancias. La amenaza nuclear vuelve a ser real, pero no sólo por parte de Irán.

Quién es quién en el ‘selecto’ club nuclear

ESTADOS UNIDOS

Es el principal poseedor de armas de destrucción masiva en el mundo y, hasta la fecha, es también la única nación que ha utilizado armamento nuclear en un conflicto bélico. Lo hizo a finales de la Segunda Guerra Mundial contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki –dos objetivos civiles-, los días 6 y 8 de agosto de 1945. Se tiene constancia de que también se planteó el uso de este tipo de armamento en dos ocasiones más, contra Corea en 1950, y contra Vietnam en la década de los 70. Se tiene conocimiento de que, en la actualidad, tiene a su disposición 534 misiles balísticos intercontinentales de los modelos Minuteman III y Peacekeeper. Su ejército también reconoce contar con 432 misiles balísticos de lanzamiento submarino de los tipos Trident C4 y D5 cargados en 17 submarinos de la clase Ohio. También dispone de más de 200 bombarderos nucleares de largo alcance, incluidos 16 del tipo B2, los famosos “aviones invisibles”. Tras las reducciones acordadas en sucesivos tratados, las cabezas nucleares desplegadas y operativas en la actualidad, según las diversas fuentes oscilan entre 5.000 y 10.000, aunque su industria ha llegado a producir hasta 70.000.

FEDERACIÓN RUSA

Conserva una fuerza nuclear muy potente, heredada de la antigua URSS, aunque se desconoce el estado en que se encuentra, debido a las dificultades económicas por las que atraviesa el país. Posee 450 misiles balísticos intercontinentales de los modelos SS-18, SS-19, SS-24, SS-25 y SS-27. Se sabe de la existencia de, al menos dos centenares de misiles balísticos de lanzamiento submarino de los tipos SS-N-18, SS-N-20 y SS-N-23, montados en 17 submarinos de las clases Delta III, Delta IV y Typhoon. También posee un número indeterminado de bombarderos nucleares supersónicos tipo TU-160. Atendiendo a los distintos informes, su fuerza nuclear desplegada y operativa consta de entre 2.000 y 3.500 cabezas nucleares, aunque llegaron a fabricarse 55.000 de estos devastadores ingenios. El actual gobierno está efectuando un considerable esfuerzo por mantener esta fuerza atómica como elemento principal de disuasión y defensa, ya que la precariedad económica no permite potenciar el desarrollo de un ejército convencional tan potente como el que poseía la antigua URSS.

FRANCIA

El país vecino desmanteló sus instalaciones nucleares terrestres, que estaban desplegadas al norte de Marsella, en la meseta de Albión, y ha concentrado su fuerza atómica en sus submarinos de la denominada Fuerza Estratégica Oceánica. Cuenta con 64 misiles balísticos de lanzamiento submarino de los tipos M4B y M45, desplegados en sus submarinos de las clases L’Inflexible y Triomphant. En breve incorporará otros 16 misiles del tipo M51 en uno de los submarinos Trionphant y está previsto que otros dos sumergibles nuevos incorporen otros 32 misiles de este tipo. También se conoce la existencia de un número indeterminado de misiles con cabeza nuclear aire-superficie de alcance intermedio montados en sus aviones Mirage-2000N y Rafale. Su arsenal total se estima entre 500 y 1.000 cabezas operativas y desplegadas, de las que 384 viajan a bordo de sus submarinos.

REINO UNIDO

Declara poseer 64 misiles balísticos de lanzamiento submarino del tipo Trident D-5 en cuatro sumergibles de la clase Vanguard. También se estima un número indeterminado de misiles de cabeza nuclear de corto alcance utilizables desde sus aviones Tornado GR 4. Su fuerza completa se estima en 250 cabezas nucleares operativas, aunque se fabricaron más de 1.200.

CHINA

Aunque el secretismo rodea todo lo relacionado con la fuerza nuclear china, diversos informes hablan de la existencia de, al menos, 24 misiles balísticos intercontinentales del tipo DF-5 y de una extraordinaria potencia. A esto habría que añadir otros 24 misiles balísticos de lanzamiento submarino que equipan sus sumergibles de la clase Xia y un número elevado de cabezas de uso táctico para misiles de corto alcance utilizables desde diversos tipos de aeronaves. También se conocen los trabajos avanzados sobre un nuevo tipo de misil, los tipos DF-31 y DF-41. Los expertos internacionales estiman el arsenal total chino en unas 400 cabezas operativas.

ISRAEL

Es el único país que posee este tipo de armamento y no lo ha declarado abiertamente a la comunidad internacional y, además, no permite ninguna clase de inspección en sus instalaciones. No es una de las 188 naciones firmantes del Tratado de No proliferación de Armas Nucleares. A finales de la década de los 90, los servicio de inteligencia norteamericanos realizaban una estimación sobre su capacidad de entre 75 y 130 cabezas nucleares, especialmente para su aviación y los misiles desplegados en tierra tipo Jericó-1 y Jericó-2. Algunas fuentes elevan esta cifra a 400 cabezas operativas. Además, tras la adquisición de submarinos clase Dolphin a Alemania, también se estima que poseería, al menos, otros 12 misiles de crucero de alcance intermdio con cabeza nuclear del tipo Popeye Turbo dentro de sus sumergibles desplegados en el Mediterráneo y el Mar Rojo.

INDIA

Carece de misiles con cabeza nuclear de largo alcance, aunque se sospecha que dentro de su programa espacial propio, se está investigando para conseguirlo –el proyecto “Surya”-. Los expertos realizan un cálculo en torno a las 200 cabezas operativas en sus misiles Prithvi y Agni. Dispone de aviones franceses y rusos (Mirage-200, Mig-27 y Mig-29) a los que podría incorporar con facilidad diversos dispositivos nucleares.

PAKISTÁN

Es la única nación islámica que cuenta con este tipo de armamento. Su programa nuclear está envuelto en un secreto casi tan riguroso como el israelí, aunque sí se sabe que sus armas se producen a base de uranio enriquecido y no de plutonio, ya que no tiene centrales que puedan generarlo, aunque ahora trata de purificar tritio –otro compuesto que permitiría la generación de energía atómica-. Se estima que dispone de unas 50 cabezas operativas montadas en misiles de alcance intermedio Ghauri-III y algunos en sus aviones A-5 Fantan.

COREA DEL NORTE

El 24 de abril de 2003 el Gobierno de este país se declaró en posesión de armamento atómico. La declaración fue realizada durante un encuentro bilateral con Estados Unidos en territorio chino. Sin embargo no está probada tal afirmación. Sí se conoce que Corea del Norte tiene diversas minas de uranio en su territorio y que desde hace muchos años tiene un programa de energía nuclear que había sido destinado a fines civiles. Cuenta con misiles de alcance medio de los tipos No Dong y Taepo Dong I, aunque dado que también lleva tiempo con un pequeño programa espacial propio, podría estar en condiciones de fabricar misiles de alcance intercontinental.

BIELORRUSIA, KAZAJSTÁN Y UCRANIA

Una importante parte del arsenal atómico soviético había quedado en su territorio tras la desintegración de la URSS. Finalmente, y tras la presión internacional, especialmente por parte de la Federación Rusa, Francia y Estados Unidos, todas las cabezas nucleares que habían quedado en territorio de estas repúblicas fueron devueltas a la Federación Rusa bajo supervisión de Naciones Unidas.

SUDÁFRICA

Se convirtió en el primer país que, tras haber construido armas nucleares, posteriormente renunciaba a su posesión. Se tiene constancia de que fueron fabricados no menos de 10 cabezas atómicas. Las primeras pruebas datan de 1977, en pleno apartheid. Ese pequeño arsenal fue públicamente destruido y las instalaciones en las que se construyeron, desmanteladas y hoy bajo control de la Agencia Internacional de la Energía Atómica.

IRÁN

Esta república islámica, hoy en el ojo del huracán por esta razón, dispone de uranio altamente enriquecido que podría eventualmente ser utilizado con fines militares. También está desarrollando diversas plantas nucleares, aunque su Gobierno ha mantenido siempre que la finalidad es exclusivamente civil.

OTRAS NACIONES

Países como Argentina, Argelia, Australia, Brasil, Cuba, Egipto, Iraq, Libia (que abandonó públicamente su programa nuclear en 2003), Rumanía, Sudán, Siria o Taiwán disponen de la tecnología suficiente como para haber puesto en marcha un programa de construcción de este tipo de armamento, pero por diversas razonas han decidido no llevarlo a cabo. Otras naciones con un grado de desarrollo tecnológico aún más avanzado, como Alemania, Canadá, Holanda, Japón o Suecia, podrían disponer de armas termonucleares y misiles de largo alcance si tomaran la decisión de hacerlo, y no les llevaría demasiado tiempo, pero todas ellas son firmantes del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, lo que les veta la investigación y desarrollo de estas actividades con fines militares.

ESPAÑA

Se sabe que el dictador Franco encargó un estudio sobre la posibilidad de fabricación de este tipo de armamento por parte de nuestro país a comienzos de la década de los 70. Sus asesores argumentaron las inconveniencias y dificultades del proyecto. A ello se sumó la presión de la administración norteamericana, entonces presidida por James Carter, que llevó al abandono definitivo de la idea.

Las veces que estuvimos al borde de la catástrofe

En la historia reciente, la Humanidad ha estado en más de una ocasión, a punto de asistir a su propia devastación en forma de guerra nuclear abierta entre los Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética. Casi todo el mundo recuerda –y hasta alguna película se encargó de refrescárnoslo hace unos años- la famosa crisis de los misiles, cuando en 1962, y en respuesta a un despliegue de armas atómicas norteamericanas en Turquía que apuntaban a territorio soviético, la URSS desplegó una batería equivalente en territorio cubano. Tras una tensa semana de negociaciones, el peligro pasaba al suscribirse diversos acuerdos que, en resumidas cuentas se constituían en la retirada de los misiles rusos, otro tanto con los norteamericanos, la promesa de no atacar Cuba y la instauración de una línea directa –el teléfono rojo- entre Washington y Moscú.

Pero con posterioridad a este episodio tan conocido, se han producido, al menos, otras cuatro situaciones de altísimo riesgo en las que el planeta se ha visto amenazado por una guerra total en ciernes.

En las primeras horas de la mañana del 9 de noviembre de 1979, los ordenadores de la Defensa norteamericana ubicados en Monte Cheyene, el comando alternativo Nacional Militar situado en Fort Ritchie (Maryland) y el Comando Nacional Militar del Pentágono dieron el aviso de un ataque atómico masivo de origen soviético. Esto desencadenó la automática puesta en marcha de todo el sistema de represalia nuclear. Se activó la defensa civil, los aviones despegaron de sus bases. Pero los sistemas de radares y la información ofrecida por los satélites no detectaban ningún misil, mientras que los ordenadores registraban no menos de 300. Esta diferencia hizo plantearse a los responsables que podría tratarse de un fallo informático, dado que ya incluso estaba registrando impactos sobre territorio estadounidense que la realidad desmentía. Las represalias se detuvieron. Posteriormente se comprobaba que alguien había introducido una cinta de entrenamiento o que se había olvidado reemplazarla. En esa época, el Departamento de Defensa se estaba planteando computerizar al cien por cien el sistema de alerta nuclear, porque durante unas maniobras en las que se había informado a los militares que se traba de un ataque real, casi la mitad de los misiles de alcance intercontinental no se habían desplegado por los problemas de conciencia de los militares encargados de activarlos.

Menos de un año después, el 3 de octubre de 1980, los sistemas de detección informática norteamericanos volvieron a “registrar” un ataque con 200 misiles por parte de la Unión Soviética. Por la anterior experiencia se consultaron inmediatamente los datos de los satélites y los radares, comprobando que tal hecho era inexistente. Además, como los datos en los distintos ordenadores no coincidían, no se desplegó ningún sistema de represalia en esta ocasión. La posterior investigación desvelaba la existencia de un chip defectuoso en una de las computadoras centrales.

El 26 de septiembre de 1983, menos de un mes después del derribo del Jumbo civil surcoreano en territorio soviético y, por tanto, en una situación de alta tensión internacional, los satélites soviéticos detectaban el lanzamiento de numerosos misiles intercontinentales norteamericanos. El sistema ruso, no informático, enfoca su seguimiento a la línea del horizonte y detecta las trazas térmicas de alta temperatura que sólo pueden producir los misiles. Pero ese día se produjo una extraña conjunción entre la red de satélites con la Tierra y el Sol que se elevó sobre el horizonte en un ángulo coincidente con el área de cobertura de todos los satélites. Esto llevó a que se “detectaran” cinco misiles. Nada llegó a suceder porque el responsable del aparato de represalia, el teniente coronel Stanislav Petrov no puso en marcha las alertas. Según explicó posteriormente, sospechó de un fallo en el sistema porque “nadie empieza una guerra nuclear con cinco misiles”.

El último incidente del que se tiene constancia tuvo lugar el 25 de enero de 1995. Noruega lanzó un cohete suborbital para el estudio de las auroras boreales. Lamentablemente sus dimensiones eran bastante similares a las de un misil de alcance intercontinental. Los satélites rusos detectaron inmediatamente su lanzamiento. Sus ordenadores lo identificaron con un arma nuclear y todo el sistema de prealerta se activó automáticamente. Según se confirmaba que no se producían más lanzamientos, las alertas se suspendieron, pero no así la prealerta, que continuó activa 48 horas más. Esto produjo una cierta tensión entre los gobiernos de Rusia y Noruega, que siempre sostuvo que había notificado con antelación a los rusos este lanzamiento.

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