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Nº 679
23/1/2006

En un palacio llamado Moncloa

La batalla de Madrid la perdió el PSOE cuando murió –estos días se ha conmemorado el vigésimo aniversario de su fallecimiento– el viejo profesor. El sucesor de Tierno Galván fue Barranco, su mano derecha en el Ayuntamiento. Barranco tuvo que gobernar con una coalición municipal complicada, en la que el CDS –que tenía la llave de la gobernabilidad– estaba dispuesto a jugar todas las cartas. Y las jugó. Rodríguez Sahagún sustituyó el año 1989 a Barranco en la Alcaldía, tras una moción de censura promovida por AP y secundada por los suaristas. La muerte volvió a desempeñar un papel decisivo respecto a la Alcaldía madrileña. Falleció Sahagún en 1991, lo que permitió la elección de Álvarez del Manzano.

La derecha controla, pues, el Ayuntamiento de Madrid desde 1989. Cuando Aznar en 2003 olfateó el riesgo de que el PP perdiera las municipales en la capital de España olvidó su hostil relación con Ruiz-Gallardón –presidente exitoso de la Comunidad madrileña– y le pidió que encabezara la candidatura al Ayuntamiento. Las encuestas apuntaban de modo significativamente unánime que o Gallardón capitaneba la lista o el retorno de las izquierdas se iba a producir de forma inexorable. Aceptó Gallardón y venció a una candidata, Trinidad Jiménez, poco conocida pero con cierto tirón electoral. Fue Aznar –con acierto– quien se cruzó en el camino de Trini y le cerró el paso.

Dentro de un año y medio volverán a celebrarse comicios municipales. Gallardón continúa siendo el favorito. Trinidad Jiménez, que alterna su condición de jefa de la oposición con la de responsable de Relaciones Internacionales del PSOE, sigue atendiendo sus tareas municipales más por disciplina que por entusiasmo personal. Desea abandonar su actual destino. De nuevo se habla como alcaldable de Javier Solana. El otro día en elplural.com adelantaba la noticia –todavía no confirmada, porque este género de procesos requiere algún rumor previo y no pocos globos sonda– el periodista Antonio San José, cuyo rigor es una de sus características.

¿Regresará Solana a la política española? Es verosímil que así suceda y que lo haga en el frente municipal. Resulta ocioso resaltar la importancia de Madrid. Zapatero necesita llegar a sus propias elecciones con triunfos, como el que supondría reconquistar para la izquierda Madrid. Frente un alcalde centrista –el único centrista, con Piqué, que hay en el PP actualmente–, Solana ofrecería un perfil parecido, capaz de pescar votos en los caladeros que tanto gustan, por cierto, a Bono. Solana no asusta, más bien tranquiliza, al centroderecha urbano.

Si el PSOE quiere dar la batalla de ver-dad en Madrid ha de alinear a Solana. O a alguien similar. El ciclo internacional de Solana está tocando a su fin, aunque mantenga un protagonismo en Europa muy elevado. Pueden llegar a ser, si se confirman los candidatos, unas elecciones apasionantes las de la ciudad de Madrid. Los dos candidatos arriesgarían su futuro. Una derrota de Gallardón supondría, casi sin apenas dudas, el último capítulo de su brillante trayectoria política. Satisfaría a sus adversarios, o enemigos, que son muchos, en el interior del PP. El fracaso de Solana significaría, asimismo, haber llegado a la etapa final de su dilatado recorrido político.

Si ganara Solana, lo que es perfectamente posible, se habría conseguido otra cosa: que ZP y sus gentes de confianza aprendieran de una vez que el planeta Tierra no empezó a girar sobre sí mismo el día en el que Zapatero se fue a vivir en un palacio llamado Moncloa.

Enric Sopena

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