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El arma nuclear
El viejo Engels escribió, refiriéndose al papel de la violencia en la Historia, que podría llegar un momento en que la potencia destructiva de las armas inventadas por el
hombre hiciera imposible la guerra. Desde entonces fueron inventadas nuevas
armas, a cada cual más devastadora, hasta que en el curso de la
segunda guerra mundial apareció la bomba nuclear. Este invento
significó un cambio de cualidad en la política militar.
Enseguida la Unión Soviética logro su posesión y
alcanzó un equilibrio en este terreno con los EE.UU.
Posteriormente la lograron también potencias como Gran Bretaña
y Francia. La proliferación del arma nuclear alcanzó pronto
a otros países: la India, Pakistán, China y probablemente
Israel y Corea del Norte por lo menos. Hoy las técnicas para fabricarla
han dejado de ser un secreto y cualquier país podría hacerlo.
Se habla incluso de que en un momento u otro podrían llegar a construirla
grupos privados.
Desde que apareció esta terrible arma se realizó la previsión
de Engels. Una guerra con armas nucleares podría hacer retroceder
siglos al desarrollo de la civilización humana, sino acabar con
ella definitivamente. La tesis célebre de Clausewitz -"la
guerra es la continuación de la política por otros medios"-
largo tiempo aceptado por los Estados, perdió su significación.
Ese tipo de guerra ya no podía considerarse "la continuación
de la política", puesto que de una guerra así no saldría
realmente victorioso ningún contendiente y significaría
un suicidio para unos y otros. Si el Japón hubiera poseído
un arma semejante, los EE.UU., no se hubieran atrevido a lanzarla contra
Hiroshuma y Nagasaki.
En estas condiciones la no proliferación de tan peligroso artilugio
es importante. Por eso ha surgido el problema con Irán. Este país,
según las leyes internacionales tiene derecho al uso de la energía
atómica para fines pacíficos y por consiguiente a enriquecer
uranio. Sin embargo hay Estados muy poderosos, que sí poseen ese
arma y que desconfían de que Irán está tratando de
lograr lo mismo. De hecho entre la diplomacia internacional se ha instalado
un principio tácito pero injustificable: hay potencias a las cuales
su fuerza otorga el privilegio de monopolizar la posesión de dicha
arma; otras menores, pero situadas en la órbita de los EE.UU.,
no son peligrosas y pueden acceder al privilegio. Pero a otros Estados
rebeldes, no estrechamente controlados, no se les puede consentir lo mismo.
Con unas u otras coberturas esta es la tesis que funciona.
Sin embargo esa tesis, injustificables en derecho, en definitiva solo
puede producir graves conflictos. Ningún gobernante sensato puede
pensar en repetir en Irán aventuras semejantes a las de Irak y
Afganistán. Cierto que desde que Bush preside EE.UU., ya no puede
confiarse en la sensatez de los gobernantes. Pero en realidad el problema
del arma nuclear si de verdad quieren resolverlo, hay que abordarlo desde
otro ángulo: el de la abolición del arma nuclear, para todos.
Desde que desapareció la URSS, no se ha vuelto a hablar de tal
abolición. Pero el problema es ese: mientras haya Estados que la
posean y la utilicen como arma de disuasión, ningún derecho
a que otros logren poseerla, podrá ser legítimamente negado.
La gran cuestión, si se quiere crear una atmósfera mundial
de confianza y seguridad, reside en poner fuera de la ley el arma nuclear.
¿Utopía?. Si lo fuera habría que temer que lo sea
también la supervivencia de la civilización y la vida humana.
por Santiago Carrillo
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