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Lista Punto de vista
Nº 679 - 23 de enero de 2006

El arma nuclear

El viejo Engels escribió, refiriéndose al papel de la violencia en la Historia, que podría llegar un
momento en que la potencia destructiva de las armas inventadas por el hombre hiciera imposible la guerra. Desde entonces fueron inventadas nuevas armas, a cada cual más devastadora, hasta que en el curso de la segunda guerra mundial apareció la bomba nuclear. Este invento significó un cambio de cualidad en la política militar. Enseguida la Unión Soviética logro su posesión y alcanzó un equilibrio en este terreno con los EE.UU.

Posteriormente la lograron también potencias como Gran Bretaña y Francia. La proliferación del arma nuclear alcanzó pronto a otros países: la India, Pakistán, China y probablemente Israel y Corea del Norte por lo menos. Hoy las técnicas para fabricarla han dejado de ser un secreto y cualquier país podría hacerlo. Se habla incluso de que en un momento u otro podrían llegar a construirla grupos privados.

Desde que apareció esta terrible arma se realizó la previsión de Engels. Una guerra con armas nucleares podría hacer retroceder siglos al desarrollo de la civilización humana, sino acabar con ella definitivamente. La tesis célebre de Clausewitz -"la guerra es la continuación de la política por otros medios"- largo tiempo aceptado por los Estados, perdió su significación. Ese tipo de guerra ya no podía considerarse "la continuación de la política", puesto que de una guerra así no saldría realmente victorioso ningún contendiente y significaría un suicidio para unos y otros. Si el Japón hubiera poseído un arma semejante, los EE.UU., no se hubieran atrevido a lanzarla contra Hiroshuma y Nagasaki.
En estas condiciones la no proliferación de tan peligroso artilugio es importante. Por eso ha surgido el problema con Irán. Este país, según las leyes internacionales tiene derecho al uso de la energía atómica para fines pacíficos y por consiguiente a enriquecer uranio. Sin embargo hay Estados muy poderosos, que sí poseen ese arma y que desconfían de que Irán está tratando de lograr lo mismo. De hecho entre la diplomacia internacional se ha instalado un principio tácito pero injustificable: hay potencias a las cuales su fuerza otorga el privilegio de monopolizar la posesión de dicha arma; otras menores, pero situadas en la órbita de los EE.UU., no son peligrosas y pueden acceder al privilegio. Pero a otros Estados rebeldes, no estrechamente controlados, no se les puede consentir lo mismo. Con unas u otras coberturas esta es la tesis que funciona.

Sin embargo esa tesis, injustificables en derecho, en definitiva solo puede producir graves conflictos. Ningún gobernante sensato puede pensar en repetir en Irán aventuras semejantes a las de Irak y Afganistán. Cierto que desde que Bush preside EE.UU., ya no puede confiarse en la sensatez de los gobernantes. Pero en realidad el problema del arma nuclear si de verdad quieren resolverlo, hay que abordarlo desde otro ángulo: el de la abolición del arma nuclear, para todos. Desde que desapareció la URSS, no se ha vuelto a hablar de tal abolición. Pero el problema es ese: mientras haya Estados que la posean y la utilicen como arma de disuasión, ningún derecho a que otros logren poseerla, podrá ser legítimamente negado. La gran cuestión, si se quiere crear una atmósfera mundial de confianza y seguridad, reside en poner fuera de la ley el arma nuclear.

¿Utopía?. Si lo fuera habría que temer que lo sea también la supervivencia de la civilización y la vida humana.

por Santiago Carrillo

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