Hemeroteca Esta semana
Nº 679
23/1/2006


Francisco Bustelo, histórico dirigente socialista y de IU, reincorporado al PSOE


"EL PSOE DE ZAPATERO ESTÁ MÁS ARMADO MORALMENTE QUE EL DE FELIPE"

Francisco Bustelo, Madrid, 1933, catedrático de Historia Económica, ha vuelto PSOE, su viejo partido. Miembro de una importante familia de la meritocracia que ha dado personajes a la derecha y a la izquierda inició su andadura política hace más de medio siglo. Estuvo en la cárcel y en el exilio, fue amigo de Indalecio
Prieto quien hizo grandes elogios de aquel joven universitario y apostó por la renovación del partido frente a la gerontocracia de Rodolfo Llopis. No obstante, en el congreso de Suresnes se opuso a la elección de Felipe González en cuya ejecutiva, sin embargo, fue miembro un poco a la fuerza junto con Pablo Castellano. Le habían puesto en la lista sin consultar con él Felipe y Guerra y cuando intentó protestar en el Congreso, Guerra cortó el sonido del micrófono y dio por terminado el debate. Desde entonces se resistió junto a Castellano y a Luis Gómez Llorente al 'felipismo' y al culto a la personalidad del sevillano. El profesor Gómez Llorente nunca abandonó el PSOE, pero Bustelo y Castellano recalaron durante algún tiempo en Izquierda Unida y ambos salieron de la coalición muy enfadados, si bien sólo Bustelo ha vuelto al PSOE tras la elección de José Luis Rodríguez Zapatero a quien atribuye una fuerza moral en línea coi el fundador Pablo Iglesias
que no reconoce en Felipe González.


Por José García Abad

No obstante en la entrevista que hemos mantenido suaviza la crudeza critica que manifestó en otras épocas respecto a este personaje. La entrevista ha tenido lugar en el domicilio del profesor, quien fue diputado, senador y rector de la Complutense, de la que hoy es profesor emérito. En 1996, nuestro entrevistado publicó en Planeta un libro de recuerdos titulado: "La izquierda imperfecta. Memorias de un político frustrado", cuya visión considera ahora que ha superado en parte matizando algunos de los juicios que hizo entonces sobre la dirección del partido. En es-te momento de pugna cada día menos disimulada entre la vieja y la nueva guardia la vuelta de Bustelo y sus manifestaciones a EL SIGLO cobran singular interés.

— ¿Cuándo ha vuelto usted al PSOE, y por qué?
— Me volví a dar de alta en la Agrupación de Chamberí hace un año y medio aproximadamente, donde yo había militado en 1972 o 1973. En 1996 me di de baja en Izquierda Unida y ya pensé que me iba a retirar definitivamente del trabajo de la política; pero con el tiempo y con el triunfo del PSOE el 14 de marzo de 2004 pensé que las cosas se estaban haciendo bien: la retirada de las tropas de Irak y la adopción de medidas avanzadas como el matrimonio de los homosexuales, la Ley de Dependencia, la Ley de Educación y la Ley Antitabaco. Es un Gobierno de cambio. Así que a los cinco o seis meses de que se formase el Gobierno socialista decidí pedir mi reingreso, por convencimiento pero también por sentimentalismo, por mis ganas de volver a encontrarme con viejos amigos.

— ¿Se está ocupando de alguna tarea concreta?
—No puedo hacer gran cosa debido a mi edad. Así que me limito a escribir de vez en cuando algún artículo o participar en algún acto en que pueda aportar algo.

—¿Ha encontrado al PSOE muy cambiado?
— Creo que se están evitando algunos errores que se cometieron en épocas pasadas: demasiado triunfalismo, demasiado incondicionalismo en los dirigentes y poca vigilancia sobre la austeridad y el espíritu ético...Publiqué en "El Socialista" hace tres o cuatro meses un artículo precisamente sobre la ética socialista, donde recordaba la figura de Pablo Iglesias y cómo el PSOE debía mantener y reivindicar su legado ético que no es que se hubiera perdido, pero si que se había dejado un poco de lado en épocas anteriores. Esto explica, unido a la falta de vigilancia, que se diesen aquellos casos de corrupción que en realidad no eran muchos, pero que dañaron la imagen del PSOE.

— ¿Cree usted que el PSOE de Zapatero está más armado moralmente que el de González?
— Sí, claro. Es una época distinta porque el entusiasmo tan grande de los primer años 80' pues quizás no se repita. Entonces una vez que se había superado el miedo a enfrentamientos jugó la memoria histórica que benefició al PSOE. Se desconfiaba de los comunistas, que además llevaban como figura de proa a gente relacionada con la Guerra Civil -cosa que no le ocurría a Felipe González-. Las circunstancias eran distintas, y también ahora los dirigentes son distintos porque éstos, salvo algunos poquísimos casos como el de Rubalcaba y algun otros, son gente nueva.

—De eso se queja la vieja guardia.
—Si, me da la impresión de que los anguos dirigentes están un poco dolidos y se manifiestan en posiciones críticas que a mi me parece que son excesivas.

—¿Que opina de Zapatero?
— Zapatero está bien; quizá haya pecado por ingenuidad, por falta de experiencia como cuando dijo que él apoyaría lo que aprobasen los representantes catalanes. Eso no se debía hacer porque estos pensaron que no había limites.

— Quizás confiaba en la prudencia de Maragall.
— Confió demasiado en que la presencia de los socialistas catalanes iba a permitir un texto admitido por todos. Pero bueno, a mi me parece que era inevitable que un Gobierno de izquierdas atendiera la demanda de mejora del Estatuto de Cataluña y de otros estatutos. Es un problema muy difícil porque en España no está resuelto el modelo territorial y porque además es asimétrico: hay nacionalismos fuertes en algunos sitios y en otros regionalismos...Si todos fuésemos como Cataluña y el País Vasco habría que ir a un estado federal, pero como no es así hay que intentar coexistir con fuertes nacionalismos sin olvidar que también se da un fuerte nacionalismo español. Ahora se está tropezando con una resistencia muy grande de una derecha muy conservadora que está además dolida desde que perdió unas elecciones que no esperaba perder, y todo eso ha provocado cierta crispación. Pero claro, yo creo que un Gobierno de izquierdas fiel a sus ideas tiene que intentar cambiar, y en general lo ha hecho bien.

— ¿Qué habría que hacer con el Estatut?
— Tal vez habría que haberlo negociado antes de que se aprobase en el Parlamento catalán, pero bueno, a ver si son capaces en el Congreso de los Diputados de llegar a un acuerdo Si se hace un Estatuto, mejor o peor que satisfaga razonablemente y que pueda servir luego para valencianos y andaluces, gallegos...sería una gran cosa. Pero vamos a ver. Si se consigue, pues no habrá habido un Gobierno en la historia de España que en dos años haya hecho tantos cambios.

— Usted que ha sido rector ¿qué opina de la política educativa...?
—La Ley de Educación está bien. Han tenido que vencer algunas dificultades como la fuerte resistencia de la Iglesia y de la derecha, pero yo creo que sin ser una cosa radical ha quedado bien. Es un paso importante, un cambio decisivo. Falta sin embargo abordar la enseñanza universitaria que es un campo difícil, en que los proyectos que hay no acaban de convencer a los universitarios progresistas, pero esperemos que también se acierte en esto, que se dialogue.... Es un asunto difícil a largo plazo, quizás a corto plazo no es tan importante como la enseñanza Secundaria, pero claro a la larga tener una buena Universidad es muy importante, porque de ella depende la transmisión de los conocimientos. Y la verdad es que en veintisiete años de democracia no se ha conseguido hacer de verdad una buena Universidad.

— Parece mentira....
—Sí. Ha habido buena intención pero... Es verdad que se ha multiplicado por treinta en medio siglo el número de universitarios españoles, pero el nivel es bajo.

—¿ Conoce usted a Zapatero personalmente?
— Pues le he debido de saludar alguna vez, pero antes de que fuese secretario general.

—¿Cómo juzga usted el estado de las relaciones entre Zapatero y González?
— Zapatero ha mantenido una posición inteligente; ha prescindido de la "vieja guardia" pero al mismo tiempo no se ha enfrentado con ellos directamente. Y con Felipe ha mantenido un ten con ten; ha aparecido con él públicamente, no le ha desautorizado....Yo le escribí a José Blanco precisamente en el año 2004, poco después de darme de alta en el partido, para decirle que por qué no se celebraban los treinta años del Congreso de Suresnes y que si hacían algo me gustaría participar. Pero no hicieron nada. Yo creo que no querían celebrar la figura de Felipe González; prefirieron pasar la efemérides en silencio; quieren dejar muy claro que no son los mismos de aquellos tiempos. A mi me parece una posición inteligente aunque hay gente como Leguina y Jáuregui que están muy irritados. Yo creo que es un acierto ese talante que tiene Zapatero de intentar hacer cambios pero al mismo tiempo no buscar los enfrentamientos nada más que en caso necesario.

—Su entrada en el PSOE será interpretada como un brindis al fin del "felipismo" y al nacimiento de una nueva era.
—Sí. Hasta cierto punto. No cabe duda de que es una nueva etapa. Bueno, ya veremos... Puede tener ventajas o inconvenientes, pero tampoco hay que hacer una crítica excesiva al felipismo que presenta un activo y un pasivo con un balance positivo; por lo menos en los primeros ocho o nueve años de Gobierno. Los cuatro o cinco últimos fueron peores. José Luis Rodríguez Zapatero está emitiendo un discurso más socialista y ha ido más lejos en el terreno social y en el reconocimiento de los sufrimientos en tiempos de Franco a los que Felipe nunca se refería quizás porque en aquellos tiempos hubiera sido contraproducente. A mí me llamaba la atención y me disgustaba que Felipe, al principio, no ya cuando llevaba años en la Moncloa, no hiciera algún acto de reconocimiento de la lucha de aquella gente, un homenaje a los militantes veteranos que lo habían pasado muy mal; nunca hizo nada. Yo creo que, sin pasarse de la raya, Zapatero está haciendo ese reconocimiento, ¿no?

—Parece que ha influido mucho su padre y la memoria del abuelo, un capitán a quien fusilaron los sublevados acusándole de sublevación militar por mantenerse fiel al gobierno legítimo de la República.
Me gustaría que hiciera un perfil de Felipe.
—Las grandes figuras políticas son una mezcla de ambición y de azar. Hace falta tener ambición porque claro, como la política tiene sus costes, si uno no es ambicioso no va a ninguna parte. Tenemos el ejemplo de Luis Gómez Llorente, que era una persona con unas cualidades grandes y unas ideas muy claras; era uno de los grandes formadores -de los mejores que recordábamos de los tiempos anteriores de la República-, y como vicepresidente del Congreso de los Diputados se ganó la admiración de todos. Sin embargo no tenía ambiciones políticas, y Felipe sí que las tenía. Cuenta en sus Memorias una anécdota interesante de cuando fueron a Roma al entierro de Pietro Nenni donde se encontraron con las viejas figuras del socialismo europeo. Felipe y Guerra comentaron que el espectáculo les parecía patético así que hicieron el propósito de retirarse antes, que a ellos no les podía pasar eso. Pero no cumplieron sus propósitos y les pasó. Felipe tenía muchas cualidades pero también influyó el azar: que no hubiera muchos candidatos preparados, que Nicolás Redondo no quisiera ser el secretario general, etc. El manifestó entonces que no tenía interés en ser primer secretario, que sólo si insistían los demás lo aceptaría; a lo mejor entonces lo decía de verdad .pero no lo creo y luego esa ambición se afianzó muchísimo; daba la impresión de que le encantaba el mando personal. Además en aquel momento se necesitaba una dirección indiscutida, sin discrepancias internas ni en el partido ni en el Gobierno; en eso quizás tuviese razón. Además le dio buenos resultados porque el pellizco histórico del 82 fue enorme.

— Y Zapatero en cambio es....
— Es de otra sustancia. Aunque Felipe era sinceramente de izquierdas luego cambió por las circunstancias del final del franquismo, que le obligaron a ser muy prudente; Zapatero se ha encontrado en otro ambiente; no sucedió a un gobierno de centro, el de la UCD, sino al de la segunda legislatura de Aznar, muy de derechas.

— En definitiva, a usted le gusta más Zapatero.
—Puestos a elegir me inclino más por Zapatero sin olvidar que no lleva más que dos años en el poder y Felipe estuvo casi catorce. Hay que esperar a que pase algo más de tiempo.

— ¿Me puede hacer un balance de su experiencia en Izquierda Unida?
— Pues fue bastante mala. El PSOE estaba entonces, en 1992, de capa caída: perdía en los Ayuntamientos, incluso en las autonomías... Y en cambio Izquierda Unida parecía que iba a más, que efectivamente podía evitar esa especie de cierre en sí mismo del PSOE, al ser una unión de partidos de izquierdas; también la persona de Gerardo Iglesias me atraía, hablé con él, me parecióun hombre abierto; estaban allí Pablo Castellano, Nicolás Sartorius, amigos míos, gente que me parecía que podían equilibrar el peso de los comunistas. Total, que decidí dar ese paso, y la verdad es que fue decepcionante; participé en la campaña electoral de 1993, pero vino Julio Anguita, que gozaba buena imagen, un alcalde de Córdoba que había conseguido el 70 u 80 por cien de los votos. La verdad es que me encontré con un personaje que se cerraba en banda, que a pesar de las apariencias era algo dogmático, y que quería también tener el mando casi personal a pesar de que Izquierda Unida era muy plural. Yo vi cierta analogía con la trayectoria de Felipe y el tiempo me dio la razón. Yo pensaba que si IU llegaba a un acuerdo o a una fusión con el PSOE y se convertía en el ala izquierda del socialismo, podíamos tener un gran Partido Socialista que evitase los inconvenientes que había habido hasta entonces; pero aquello no era posible. Su mejor gente se marchó y Frutos tampoco estaba por el pluralismo. Y al final se ha visto que IU dificilmente pasa del cinco por cien de los votos cuando nosotros pensábamos que iba a llegar al quince por cien. El PSOE encarnaba a pesar de todo mayores posibilidades y más virtudes de lo que yo creía e Izquierda Unida no ha podido remontar; el problema es que le quita un 5 o 6 % de votos al PSOE que podría traducirse en un millón de votos más para este partido.

— Por otro lado, dentro del PSOE parece como si Izquierda Socialista hubiera desaparecido.
— Izquierda Socialista nunca pasó del 5 o del 10 por ciento como mucho dentro del partido; ahora con Zapatero apenas tiene razón de ser.

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