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Entre
Freud y Mozart
Mientras
Austria estrenaba Presidencia de la UE, la Filarmónica de Viena
inauguraba 2006 con el tradicional Concierto de Año Nuevo en el
Musikverain, dirigida este año por el maestro letón Maris
Janssons. Aparte de los populares valses de la familia Strauss, este año
el concierto contó con un homenaje a Mozart. Así se abrían
los fastos del 250 aniversario de su nacimiento, que Austria celebrará
por todo lo alto. También celebrará, aunque menos, el 150
aniversario del nacimiento de Freud.
La UE, a juzgar por las circunstancias por las que atraviesa, parece más
inmersa en una profunda introspección sobre su ser y su razón
de ser, donde el recuerdo de Freud puede ser más útil que
el de Mozart.
La principal cuestión que se plantea a la presidencia austríaca
es si debe relanzar la ratificación del Tratado Constitucional
o si debe preparar su acta de defunción. El Reino Unido no fue
nada activo en este tema y todos lo justificaron por el reconocido euroescepticismo
británico. Pero resulta que el de los austríacos es igual
o mayor.
El último eurobarómetro (diciembre 2005) muestra que sólo
uno de cada tres austríacos ve positiva para su país la
pertenencia a la UE. Es el porcentaje (32%) más bajo de la Unión.
En España, al revés, este porcentaje se sitúa en
un 66%.
Los austríacos son también los europeos que tienen la consideración
positiva más baja del proyecto de integración europea (24%).
En España es de las más altas (55%).
La última vez que Austria tuvo la presidencia rotatoria fue en
el segundo semestre de 1998. Eran otros tiempos que ya son historia. Hoy
la presidencia austriaca necesitará las mejores habilidades compositoras
de sus líderes, en la mejor tradición mozartiana, para no
acabar permanentemente instalada en el diván de Freud.
El canciller Schüssel estuvo la semana pasada en Estrasburgo presentando
los objetivos de la presidencia austríaca al Parlamento Europeo
(PE). Por lo que nos contó, parece haberla dividido en dos partes.
La primera, con el crecimiento y el empleo como prioridades. Pero, sobre
todo, será de capital importancia cerrar las Perspectivas Financieras.
Tras el acuerdo alcanzado en diciembre pasado por el Consejo, se debe
ahora llegar a un acuerdo con el PE.
Hasta ahora se ha discutido, sobre todo, la distribución geográfica,
es decir, entre los Estados miembros. Pero el PE pondrá el énfasis
en el volumen total de recursos y su distribución entre las distintas
políticas. El PE considera que los 862.363 millones de euros, el
1,045% de la RNB de la UE, aprobados por el Consejo son insuficientes
para la Europa ampliada.
La Comisión de Presupuestos del PE ha decidido rechazar esa propuesta
pero está dispuesta a negociar a partir de ella. Por otra parte,
la composición del gasto propuesta por el Consejo es prácticamente
la misma que en los pasados siete años: 43% para agricultura, 36%
para cohesión y sólo el 8% para mejorar la competitividad.
Por ello, el PE intentará conseguir un aumento para investigación
y desarrollo y se opondrá a recortes en educación y cultura.
La segunda parte de la presidencia austríaca pretende afrontar
la incertidumbre que pesa sobre la Constitución Europea y recuperar
la confianza de los ciudadanos en la UE.
Se pretende escucharlos a través deun amplio debate, como el que
se iniciaba en Salzburgo el pasado fin de semana bajo el sugerente título
"The Sounds of Europe".
Está previsto que ese amplio debate sobre el futuro de Europa desemboque
en alguna propuesta en junio. La reflexión incluirá cuestiones
tan dispares como las respuestas a la globalización, el terrorismo,
la dependencia energética,la reducción de la burocracia
comunitaria y el papel de Europa en el mundo.
Pero detrás del intento austríaco de reanimarla está
la voluntad de la canciller Merkel de dotar a la UE de un texto constitucional
que defina políticamente el proyecto. Y de momento ya ha rechazado
la propuesta de Chirac de constituir un "grupo pionero" para
marcar el camino.
Están también las futuras ampliaciones y los límites
de Europa. La presidencia austríaca iniciará las negociaciones
de adhesión con Croacia y Turquía. Esta última motivó
fuertes objeciones de Austria en septiembre pasado. Croacia, en cambio,
tiene a la opinión pública austriaca en favor de su adhesión.
También habrá que evaluar si, por fin, Rumania y Bulgaria
están preparadas para unirse a la UE en 2007, como está
previsto, o si se aplica una demora de un año.
Otros retos a los que se enfrentará la presidencia austríaca
son el conflicto de la energía nuclear con Irán y la definición
de una estrategia energética para reducir la excesiva dependencia
del petróleo, puesta de manifiesto tras la crisis del gas entre
Rusia y Ucrania. En definitiva, una presidencia austríaca que comienza
con el proyecto europeo sentado entre Freud y Mozart.
* Presidente
del Parlamento Europeo |