Hemeroteca Esta semana
Por Ricardo Ginés
 
Nº 678 - 16 de enero de 2006


Uri Fink
, el dibujante de cómics más popular de Israel

“El humor es el arma más eficaz
contra los ataques suicidas”

Un día el rabino formó con barro y agua y sus propias manos una figura de aspecto humano y le dio vida. Había creado un hombre artificial–el Golem–.”  Son palabras extraídas de la leyenda recogida por el rabino Judah Loew de Praga en el siglo XVI. El mito del Golem había nacido desde el centro de la diáspora israelí en Europa de aquella época –luego le sucederían Viena y Berlín– para proteger a la comunidad judía en los getos de la capital checa. La esperanza de un época venidera sin persecuciones y provista de una tierra propia, muy importante para un pueblo necesitado de identidad después de los abundantes y sangrientos pogromos de la Edad Media, había creado un mito que ha persistido en el imaginario judío hasta hoy. Asimismo, la creación de  “Frankenstein o el moderno Prometeo” (1818) de la mano de Marie W. Shelley, impensable sin la inspiración del Golem, vuelve internacional la influencia del protector de barro y agua. Actualmente, el Golem ha renacido de nuevo de la mano de Uri Fink, uno de los artistas del cómic más célebres de Israel, el único que puede vivir del Octavo Arte y, sin duda, el más conocido gracias a la serie Zbeng, basada en los cómics de Archie. Las aventuras de los colegiales han tenido un éxito enorme en Israel y se han convertido en los libros mejor vendidos para niños y en una serie televisiva. En 1978, cuando Uri Fink contaba con 15 años, empezó a publicar en hebreo y en inglés las aventuras de Sabramán, un superhéroe blanquiazul con la estrella de seis puntas sobre el pecho, que luchaba contra enemigos del calibre del sanguinario nazi Dr. Mengele. Ahora ha vuelto a los superhéroes para dar vida en una tirada diaria en el periódico más vendido de Israel, Yediot Ahranot (Tel Aviv), a The Golem. The Adventures of an Israeli Superhero que refleja en clave de humor las contradicciones y complejidades de la sociedad de su país. Pero, ¿qué necesidad hay del mito protector del Golem en un pueblo que ya cuenta con un Estado propio?

—¿Cómo te decidiste por el Golem?

—Me interesó el concepto del mockumentary en Francia y pensé que se podía llevar la idea al mundo del cómic. Este género se presenta como un documental, pero está basado en falsas evidencias como fotos trucadas y demás. Necesitaba algo parecido para reflejar a través de la parodia la realidad israelí en todas sus facetas. Por eso mi Golem no tiene mucho de superhéroe tradicional.

Y, además, ya no necesitamos superhéroes en Israel porque hemos dejado de depender de los demás. Ahora no hay necesidad de sentirse indefensos como en la diáspora. Sólo en Estados Unidos se toman esas cosas en serio. ¿Tenéis algún superhéroe español?

—Tenemos a Superlópez, también en clave de parodia: un oficinista frustrado que no se entera.

—¿Ves? Sólo los estadounidenses se pueden tomar algo así en serio. Cuando Israel se fundó apenas tenía tradición porque estaba lleno de polacos y rusos que pensaban que los cómics eran como libros para estúpidos que no sabían leer. Por no saber, desconocían incluso cómo leer los tebeos.

Ahora, por suerte, las cosas están cambiando y nace, poco a poco, un público adulto y un interés que se refleja en la celebración de festivales. 

—¿Qué propósito te llevó a la creación del Golem?   

—Deseaba utilizar este medio como una editorial, una plataforma política que me permitiera reproducir mi forma de pensar y acercarme a reflejar la actualidad israelí siendo fiel a su complejidad. Siempre en clave de humor. Por ejemplo, cuando dibujo al partidario del Likud discutiendo con un israelí de izquierdas. La discusión cesa cuando se enteran de que Francia no será sede de los Juegos Olímpicos y los dos se abrazan entusiasmados.  El odio a Francia –que siempre apoya a los palestinos sin condenar la violencia– une a los israelíes. Lilith, la compañera del Golem, es también un buen ejemplo: es feminista y muy religiosa al mismo tiempo. Tanto que tengo que recapacitar sobre su forma de vestir. Pero no es una contradicción. Ella pertenece al bando de los colonos y éstos animan a las mujeres y les dan muchas oportunidades. Son personas sofisticadas, provistas de una cultura amplia, personas muy inquietas cultural e intelectualmente.

—En Europa es frecuente equiparar a los colonos con los integristas islámicos como las dos caras de la misma medalla: el fundamentalismo. 

—Es una comparación nefasta. Son grupos muy diferentes. La mayor parte de los colonos evita la violencia y desea la paz mientras que grupos terroristas como Hamas adoptan y defienden el asesinato como medio para conseguir sus fines. Y no solamente eso: realmente desean asesinar y matarse.

Y todo esto se puede reflejar a través del Golem.

La realidad no es un cómic, pero el autoinmolarse tiene un elemento cómico: ¡bummm! Y el tipo explota por los aires. Parece sacado de una viñeta.

—¿Piensas que la parodia puede ser una buena arma contra los ataques suicidas?

—La única incluso. El humor es la mejor arma contra el miedo. Las personas que se autoinmolan desean ser más de lo que realmente son. Desean, sobre todo, que sintamos el miedo en nuestra propia piel como ocurrió en Israel a comienzos de la segunda Intifada.

Ahora nos lo tomamos con humor. Hacemos muchos chistes acerca de los suicidas. Te puede tocar en cualquier esquina, como un accidente de tráfico. No debe ser dramático. Si te toca, te toca, mala suerte. Pero no debes sucumbir al miedo. Si nos reímos de ellos, en cambio, eso les causará mucho enfado.

—¿Conoces còmics realizados por palestinos?

—Los únicos que conozco en el mundo árabe están destinados a la propaganda, haciendo incluso apología del terrorismo. Se suelen utilizar para el adoctrinamiento.

—¿Qué opinión te merece Palestina, de Joe Sacco?

—Está muy bien logrado, pero sólo refleja la realidad desde un punto de vista. Muy parcial.

—¿Hasta dónde puede llegar la parodia del Golem?

—La sátira debe provocar, debe incordiar porque desea llamar la atención acerca de algo para poder cambiarlo. Pero existe un límite: no causar más daño de lo que se pretende, no debería resultar ofensiva y, si ofende, debe merecer la pena. Hay límites. No puedo hacer una sátira sobre el Holocausto porque el Holocausto no es un chiste.

SUPERMAN ES JUDÍO

Al estar excluidos de forma sistemática de otro tipo de empleos (ejército, burocracia, funcionariado) muchos judíos europeos fueron acercándose en el siglo XX a profesiones liberales como la publicidad, el periodismo, el teatro o el cine para poder sobrevivir y ganarse la vida. Debido a ello, a la permanente obstaculización en otros campos laborales, los judíos fueron formando como pioneros empresas y nuevos puestos de trabajo partiendo de unas condiciones precarias o inexistentes.

Al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, la situación fue similar. La industria del cómic en los EE UU ha estado durante gran parte de su historia dominada totalmente por dibujantes y empresarios judios. Pocos gojim pertenecían a la cúpula empresarial de compañías de larga tradición en la producción y manutención de superhéroes tales como Marvel, DC, y EC, que fueron fundadas y dirigidas por judíos. En la parte creativa de la producción del Octao Arte también abundaban los apellidos de ascendencia judía.

De este modo, el género más popular de los cómics, el de los superhéroes, ha sido desarrollado por judíos tales como Jerry Siegel y Joe Schuster, descubridores de Superman, o Stan Lee y Jack Kirby, creadores del universo Marvel (Capitán América, Hulk, Los Vengadores, Lobezno, Patrulla X). Eli Eshed, en su ensayo Cómics judíos, una historia, apunta a que "la influencia del pueblo judío en el mundo del cómic llegó a ser incluso más importante que la que se daba en Hollywood".

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