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Por
Ricardo Ginés
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| Nº 678 - 16 de enero de 2006 |
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“El
humor es el arma más eficaz Un día el
rabino formó con barro y agua y sus propias manos una figura de aspecto
humano y le dio vida. Había creado un hombre artificial–el Golem–.” Son
palabras extraídas de la leyenda recogida por el rabino Judah Loew de
Praga en el siglo XVI. El mito del Golem había nacido desde el centro
de la diáspora israelí en Europa de aquella época –luego le sucederían
Viena y Berlín– para proteger a la comunidad judía en los getos de la
capital checa. La esperanza de un época venidera sin persecuciones y provista
de una tierra propia, muy importante para un pueblo necesitado de identidad
después de los abundantes y sangrientos pogromos de —¿Cómo te decidiste por el Golem? —Me interesó el concepto del mockumentary en Francia y pensé que se podía llevar la idea al mundo del cómic. Este género se presenta como un documental, pero está basado en falsas evidencias como fotos trucadas y demás. Necesitaba algo parecido para reflejar a través de la parodia la realidad israelí en todas sus facetas. Por eso mi Golem no tiene mucho de superhéroe tradicional. Y, además, ya no necesitamos superhéroes en Israel porque hemos dejado de depender de los demás. Ahora no hay necesidad de sentirse indefensos como en la diáspora. Sólo en Estados Unidos se toman esas cosas en serio. ¿Tenéis algún superhéroe español? —Tenemos a Superlópez, también en clave de parodia: un oficinista frustrado que no se entera. —¿Ves? Sólo los estadounidenses se pueden tomar algo así en serio. Cuando Israel se fundó apenas tenía tradición porque estaba lleno de polacos y rusos que pensaban que los cómics eran como libros para estúpidos que no sabían leer. Por no saber, desconocían incluso cómo leer los tebeos. Ahora, por suerte, las cosas están cambiando y nace, poco a poco, un público adulto y un interés que se refleja en la celebración de festivales. —¿Qué propósito te llevó a la creación del Golem? —Deseaba utilizar este medio como una editorial, una plataforma política que me permitiera reproducir mi forma de pensar y acercarme a reflejar la actualidad israelí siendo fiel a su complejidad. Siempre en clave de humor. Por ejemplo, cuando dibujo al partidario del Likud discutiendo con un israelí de izquierdas. La discusión cesa cuando se enteran de que Francia no será sede de los Juegos Olímpicos y los dos se abrazan entusiasmados. El odio a Francia –que siempre apoya a los palestinos sin condenar la violencia– une a los israelíes. Lilith, la compañera del Golem, es también un buen ejemplo: es feminista y muy religiosa al mismo tiempo. Tanto que tengo que recapacitar sobre su forma de vestir. Pero no es una contradicción. Ella pertenece al bando de los colonos y éstos animan a las mujeres y les dan muchas oportunidades. Son personas sofisticadas, provistas de una cultura amplia, personas muy inquietas cultural e intelectualmente. —En Europa es frecuente equiparar a los colonos con los integristas islámicos como las dos caras de la misma medalla: el fundamentalismo. —Es una comparación nefasta. Son grupos muy diferentes. La mayor parte de los colonos evita la violencia y desea la paz mientras que grupos terroristas como Hamas adoptan y defienden el asesinato como medio para conseguir sus fines. Y no solamente eso: realmente desean asesinar y matarse. Y todo esto se puede reflejar a través del Golem. La realidad no es un cómic, pero el autoinmolarse tiene un elemento cómico: ¡bummm! Y el tipo explota por los aires. Parece sacado de una viñeta. —¿Piensas que la parodia puede ser una buena arma contra los ataques suicidas? —La única incluso. El humor es la mejor arma contra el miedo. Las personas que se autoinmolan desean ser más de lo que realmente son. Desean, sobre todo, que sintamos el miedo en nuestra propia piel como ocurrió en Israel a comienzos de la segunda Intifada. Ahora nos lo tomamos con humor. Hacemos muchos chistes acerca de los suicidas. Te puede tocar en cualquier esquina, como un accidente de tráfico. No debe ser dramático. Si te toca, te toca, mala suerte. Pero no debes sucumbir al miedo. Si nos reímos de ellos, en cambio, eso les causará mucho enfado. —¿Conoces còmics realizados por palestinos? —Los únicos que conozco en el mundo árabe están destinados a la propaganda, haciendo incluso apología del terrorismo. Se suelen utilizar para el adoctrinamiento. —¿Qué opinión te merece Palestina, de Joe Sacco? —Está muy bien logrado, pero sólo refleja la realidad desde un punto de vista. Muy parcial. —¿Hasta dónde puede llegar la parodia del Golem? —La sátira debe provocar, debe incordiar porque desea llamar la atención acerca de algo para poder cambiarlo. Pero existe un límite: no causar más daño de lo que se pretende, no debería resultar ofensiva y, si ofende, debe merecer la pena. Hay límites. No puedo hacer una sátira sobre el Holocausto porque el Holocausto no es un chiste.
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