Hemeroteca Esta semana
Nº 678 - 16 de enero de 2006

Las fuerzas progresistas avanzan al sur de Río Grande

 

LOS NUEVOS LÍDERES DE AMÉRICA LATINA

Tras el más que probable triunfo electoral en Chile de la candidata del Partido Socialista, Michelle Bachelet, y la reciente victoria de Evo Morales, candidato de Movimiento al Socialismo, en las presidenciales de Bolivia, el mapa político latinoamericano continúa girando a la izquierda, en un proceso iniciado en Venezuela por Hugo Chávez y posteriormente continuado por Ricardo Lagos en Chile, Luiz Inàcio Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, o Tabaré Vázquez en Uruguay. Además, nos adentramos en un año electoral en el que otras naciones latinoamericanas pueden sumarse a esta tendencia. Al menos así lo indican los sondeos, que auguran una clara victoria del Frente Sandinista en Nicaragua, y del candidato de la izquierda mexicana, Andrés López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática. Un hecho sin precedentes en la historia de América Latina que puede dar al traste con la estrategia político-económica norteamericana en la región, y que podría significar el adiós definitivo al ALCA y al Tratado de Libre Comercio, fuertemente contestados por los sectores populares y, ahora, también por muchos gobiernos.

 

Por Pedro Antonio Navarro

 

L a casi cantada victoria de la socialista Michelle Bachelet en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas (al cierre de esta edición aún no se conocía el resultado definitivo de las urnas) , unida al éxito que ha llevado a la presidencia al candidato de la izquierda boliviana, Evo Morales, configuran una situación de dominio de las opciones de izquierda y centro-izquierda en el continente sudamericano sin precedentes en la historia. Por debajo del istmo de Panamá, sólo cuatro Estados no tienen un gobierno de esta tendencia: Colombia, Perú, Ecuador y Paraguay. En el resto, con importantes matices diferenciales, son las opciones progresistas las que están ejerciendo el poder. Incluso la situación podría decantarse aún más cuando concluyan los procesos electorales pendientes para este 2006. Los sondeos dan como claro vencedor en las elecciones presidenciales de México, que se celebrarán el próximo mes de julio, a Andrés López Obrador, candidato del izquierdista PRD, y popular Jefe del Gobierno del Distrito Federal –nombrado segundo mejor alcalde del mundo por votación popular en 2003-. Otros comicios con gran carga simbólica serán los de Nicaragua, donde todo apunta a que el Frente Sandinista, de nuevo de la mano de Daniel Ortega, volverá recuperar el poder que perdió en 1990, tras el inmenso desgaste y las terribles secuelas que dejó la guerra frente a la “Contra”, instigada por el Gobierno norteamericano de Ronald Reagan.

Puede que sea casual, pero los datos económicos latinoamericanos de 2005 son los mejores cosechados en la región desde hace décadas.  Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el crecimiento estimado en términos del PIB fue de un 4,3 por ciento. Los países que más crecieron fueron Venezuela (nueve por ciento), Argentina (8,6 por ciento), República Dominicana (siete) y Uruguay, Chile, Perú y Panamá (seis por ciento). Se estima que el crecimiento para 2006 estará entre el 4,1 y el 4,7 por ciento. El desempleo pasó del 10,3 de 2004 al 9,3 de 2005, y el índice de pobreza pasó del 44 por ciento al 40,6. Hasta entonces, el crecimiento venía rondando el uno por ciento anual, y durante la crisis de la deuda externa de los años 80 se estancó en cero por ciento, pasando un horrible trienio entre 1980 y 1983, en el que el PIB conjunto descendió un ocho por ciento.

Pero la llegada de estos gobiernos ha supuesto más cambios. En las naciones del Cono Sur, las leyes de punto final u obediencia debida que protegían a los militares de ser juzgados por las atrocidades cometidas durante sus respectivas dictaduras, han dado paso a procesos abiertos que, sin duda, llevarán a la cárcel a muchos de los que participaron en la represión. Las medidas de contenido social han comenzado a aplicarse –en diversos grados, según los países-; el pago de la deuda externa ha dejado de constituir una prioridad, la presencia del Estado en la economía –tras las masivas privatizaciones de servicios públicos en todo el continente de la década de los noventa- vuelve a cobrar protagonismo.

Y, sobre todo, la política y el diseño económico pergeñados por los Estados Unidos para la zona encuentran una contestación sin precedentes.

Para Javier Bernabé, director del Curso de Especialista en Información Internacional y Países del Sur, de la Universidad complutense de Madrid, y presidente del Instituto de Periodismo Preventivo y Análisis Internacional (IPPAI), “la situación política latinoamericana está cambiando de manera notoria, pero eso no quiere decir que la izquierda, si por ella entendemos un movimiento homogéneo con el mismo grado de aplicación de políticas tradicionales de izquierdas, esté ganando terreno. Lo primero

sería diferenciar entre las diversas izquierdas de América Latina. Los actuales dirigentes de Cuba, Venezuela, Bolivia, Brasil, Chile, Argentina y Uruguay no tienen tantos puntos en común como están difundiendo los medios masivos. Es cierto que se están poniendo en marcha diversas políticas sociales que intentan disminuir la brecha entre los más ricos y los más pobres como característica común de todos estos países, pero a través de dinámicas diferentes, con mayor o menor grado de apertura económica y sobre

todo con una interpretación muy diferente del avance en la unidad entre todos los países latinoamericanos para hacer frente a la apisonadora económica estadounidense”. El profesor Bernabé añade que “Estados Unidos está estudiando la situación con preocupación, pero falta mucho para, por ejemplo, lograr tener una alternativa latinoamericana fuerte, común y con una respuesta masiva ante el ALCA”.

Con respecto a lo que podrá esperarse del futuro Gobierno Bachelet en Chile, Javier Bernabé, profundo conocedor de la situación de aquel país en el que vivió largo tiempo, considera que “representa la continuidad de la política de Ricardo Lagos y, tanto, la continuidad de las líneas puestas en marcha por la coalición de centro-izquierda que ha gobernado el país desde 1990. El programa se fundamenta en la mayor integración comercial en la región y en diversos puntos sociales que le diferencian de los planteamientos de la derecha, como son la igualdad de género, mayor reconocimiento a la minoría indígena mapuche, reducir la edad en los jubilados para que puedan acceder más fácilmente a los subsidios de salud, protección del medioambiente. Se puede esperar que Chile avance por el camino del crecimiento económico con un moderado planteamiento de izquierdas, pero al país andino le queda mucho para poder considerar que su sociedad es igualitaria: 18% de pobreza, junto a Argentina y Brasil de los más desiguales de la región, la distribución equitativa de la riqueza todavía está lejos de llegar”.

 

LOS ROSTROS DEL CAMBIO

E sgrimen estilos distintos y hasta concepciones políticas diversas, aunque dentro del campo de la izquierda o del centro-izquierda, pero tienen en común la representación de un cambio profundo que se está produciendo en las sociedades latinoamericanas, una evolución hacia políticas de contenido social, que se alejan de las recetas administradas por Washington durante décadas, y que habían sumido al continente en el pozo de la pobreza y del desequilibrio social.

Sus fórmulas no son las mismas en todos los casos, pero coinciden en sus rechazos a las políticas impulsadas por los Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; repudian el Tratado de Libre Comercio (TLC) y el ALCA (Área de Libre Comercio de América), mientras optan por el desarrollo de otras iniciativas como el MERCOSUR o el ALBA (patrocinada por el Gobierno venezolano), y la implantación de medidas de corte social que implican una mayor presencia de las estructuras estatales en la economía.

Entre sí los hay más coincidentes ideológicamente, como Evo Morales, Hugo Chávez, Fidel Castro y Tabaré Vázquez (aunque el presidente uruguayo, estratégicamente mantiene una proximidad mayor con Argentina y Brasil), pero todos ellos y lógicamente, sus equipos y toda la amplia estructura que existe sosteniendo su éxito, son los rostros de la nueva izquierda latinoamericana; los rostros del cambio.

  JUAN EVO MORALES AIMA

Nacido en Oruro, un poblado minero, en 1959, Evo Morales es un indio aymará que vio morir a cuatro de sus cinco hermanos. En su juventud desempeñó diversos oficios: pastor de ovejas, panadero, ladrillero, músico. Terminó la educación secundaria y en 1983 emigra junto a su familia al departamento de Chaparé, una zona agrícola de selvas tropicales en la que abunda el cultivo de coca, el más tradicional de Bolivia y ligado a numerosas costumbres de la cultura local. Ingresa en el sindicato agrario ilegalizado durante la dictadura de Hugo Bánzer, y se convierte en uno de sus líderes más destacados. Como dirigente de los cocaleros de la región, resulta elegido miembro del Congreso en 1977, en representación de las provincias de Chaparé y de Carrasco de Cochabamba, consiguiendo el 70 por ciento de los votos, el mayor porcentaje obtenido por ningún otro parlamentario. En enero de 2002, tras presiones de la embajada norteamericana, es privado de su acta de diputado con la acusación de haber participado en un alzamiento antierradicación de cultivos de coca en el que resultaron muertos cuatro campesinos y cuatro miembros del  ejército y la policía. En marzo de 2002, la retirada de su acta fue declarada inconstitucional por los tribunales.

Ese mismo año presentaba su candidatura a la presidencia por el Movimiento al Socialismo (MAS). Pese a que las encuestas iniciales daban a su formación unas expectativas del cuatro por ciento de los votos, el 27 de junio, el MAS quedaba en segundo lugar, muy cerca de los triunfadores, y ello, pese a que el embajador norteamericano en Bolivia, Manuel Rocha, intervino en campaña para advertir de que en caso de que Morales resultase elegido, su país suspendería toda la ayuda económica.

En las elecciones presidenciales de diciembre de 2005, Evo Morales resultaba elegido presidente con el 53,74 por ciento de los votos, convirtiéndose en el primer indígena que alcanza el poder en esta nación.

Ya desde los tiempos en la oposición, el actual presidente boliviano había mostrado su público apoyo a las políticas desarrolladas por otros presidentes de izquierda en el continente, como Hugo Chávez, Fidel Castro, Lula o Néstor Kirchner. Desde su elección ha tenido una apretada agenda de viajes. Su primer destino fue La Habana , posteriormente visitó Caracas. Su tercer viaje como presidente lo realizá a Madrid, donde se reunía con el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero y con el rey Juan Carlos, además de con una nutrida representación de empresarios españoles. El líder de la oposición, Mariano Rajoy, declinaba encontrarse con Morales. La siguiente escala fue en París, como paso previo a su visita a Bruselas, donde se reunía con los altos representantes de la UE. El 9 de enero llegaba a Pekín y el fin de su largo periplo que lo ha llevado por tres continentes lo constituía su viaje a Sudáfrica. Un viaje cargado de intenciones y mensajes. Morales ha expresado su determinación a nacionalizar el gas boliviano y a modificar la relación con las empresas extranjeras a las que, según sus declaraciones, desea como socios. Comentaba tras su victoria que su Gobierno supondría el “fin del apartheid” en Bolivia contra los indígenas, y una de sus primeras decisiones fue la de rebajar su sueldo y el de los altos funcionarios en un 50 por ciento.

 

MICHELLE BACHELET

Cuando estas páginas vean la luz y, salvo sorpresa mayúscula de última hora, Michelle Bachelet se habrá convertido en la primera mujer que llega al poder en la República de Chile. El domingo 15 de enero se habrá celebrado la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas, en las que partía con una ventaja de 20 puntos sobre el candidato de la derecha. Nacida en 1951, es hija del general Alberto Bachelet, torturado y muerto en 1974, durante la feroz dictadura de Augusto Pinochet. Su madre y ella misma son también objeto de torturas en Villa Grimaldi. En 1975 se exilia a Australia junto a su familia. Posteriormente viaja a la entonces República Democrática de Alemania, donde finaliza sus estudios de medicina y cirugía. Regresa a Chile en 1979. Militante del Partido Socialista de Chile desde los años 70, forma parte de su Comité Central desde 1995, y desde 1998, de su máximo órgano, la Comisión Política.

Asesora del subsecretario de Salud para atención primaria y gestión de servicios, al tiempo que es consultora de la Organización Mundial de la Salud. Realiza estudios de estrategia militar en la Academia Nacional de Estudios Políticos, obteniendo el número uno de su promoción, por lo que resulta becada para el curso de Defensa Continental en el Colegio Interamericano de Defensa de Washington D.C.. El 11 de marzo de 2000 es nombrada ministra de Salud por el presidente Ricardo Lagos. Pero el gran salto se produce cuando en enero de 2002 es designada para el sensible puesto de ministra de Defensa, especialmente delicado por las tensas relaciones con las fuerzas armadas, a las que se ha retirado la impunidad. Fue la primera mujer que ocupaba un cargo semejante en toda la historia de América Latina. Separada, con tres hijos, políglota (habla cinco idiomas), va a convertirse en la primera mujer que dirija los destinos de Chile, continuando y profundizando un programa puesto en marcha por su antecesor, el también socialista Ricardo Lagos.

 

HUGO RAFAEL CHÁVEZ FRÍAS

De todos los representantes de la nueva izquierda latinoamericana es, quizá, el que emplea un lenguaje más populista, pero es también el que ha obtenido los más rotundos éxitos electorales. Si en las elecciones presidenciales previstas para diciembre, vuelve a obtener el respaldo popular (y así lo aseguran toadas las encuestas), constituiría su undécimo triunfo consecutivo ante las urnas –incluidas las consultas populares-. Nació en 1954, hijo de maestros de ascendencia zambo-mestiza –sus enemigos lo llaman “el negro”-. Realizó sus estudios superiores en la Academia Militar y su hoja de servicios es muy notable hasta comienzos de los noventa. En 1990 planificó un golpe de estado que fracasó y fue detenido. Tras su liberación fundó un partido y se dedicó a recorrer el país tratando de acumular adeptos con un discurso basado en la figura de Bolívar y en muchos elementos del cristianismo social. Muy popular entre los desfavorecidos, logró reunir a los movimientos indígenas y partidos izquierdistas, logrando la presidencia –esta vez por la vía democrática- en 1999. Los Estados Unidos lo consideran su mayor enemigo, y durante su mandato se ha enfrentado a sucesivos cierres patronales, huelgas, ataques coordinados de todos los medios de comunicación privados del país y a un golpe de Estado cívico-militar sustentado por la patronal venezolana y una parte del ejército, y la más que probable bendición del Ejecutivo de Washington que, a la postre fracasó, aunque llegó a ser detenido por los golpistas. Ha suscrito una alianza con el régimen cubano y en los foros latinoamericanos e internacionales se ha convertido en el azote de las políticas norteamericanas, constituyéndose en el principal abanderado de la batalla contra el TLC y el ALCA.

 

LUIZ INÀCIO LULA DA SILVA

Nacido en 1945, es el séptimo hijo de una familia de labradores. Sólo recibió una educación elemental, ya que desde su infancia se vio obligado a contribuir a la economía familiar como vendedor callejero. Convertido en obrero metalúrgico, sus primeros pasos en los asuntos públicos los da en el seno del sindicato del ramo, en el que pronto destaca y alcanza puestos en su dirección, llegando al Comité Ejecutivo en 1969. Durante las dictaduras militares fue uno de los principales promotores de las manifestaciones en Sao Paulo exigiendo libertades públicas. En 1980 funda el Partido de los Trabajadores (PT). En 1989 llegaron las primeras elecciones democráticas desde la década de los 60, y Lula fue sucesivamente candidato por esta formación, enfrentando con paciencia cada derrota y tejiendo una estrategia de acumulación de fuerzas de la izquierda que, poco a poco iría dando sus frutos. El PT conseguía la victoria en diversos gobiernos regionales. Organizó el Foro de Sao Paulo en el que participaban partidos de izquierda y movimientos indígenas de todo el continente. También contribuyó al impulso del Foro de Porto Alegre. Por fin, en 2002, en coalición con el pequeño Partido Liberal, conseguía la presidencia con el mayor número de votos de la historia de la democracia brasileña, 52,4 millones, lo que suponía un 61 por ciento de los sufragios. Sus primeros pasos estuvieron encaminados a combatir el concepto del ALCA, al lanzamiento del programa “Hambre cero” y a la adjudicación en propiedad de las favelas a sus habitantes. Posteriormente, su programa de reformas sociales se ha visto estancado, lo que le está costando numerosas críticas de “desviacionismo” por parte de antiguos aliados de la izquierda, a lo que hay que sumar que su partido se ha visto salpicado por numerosos casos de corrupción, aunque su prestigio internacional ha ido en aumento.

TABARÉ RAMÓN VÁZQUEZ ROSAS

Nacido en 1940, este médico oncólogo, especialista en radioterapia y profesor universitario, se convertía en el primer presidente de izquierda de la historia de Uruguay el 8 de noviembre de 2004. Miembro del Partido Socialista, forma parte de su Comité Central desde 1987. En 1989 gana las elecciones municipales y es proclamado intendente (alcalde) de Montevideo en las listas del Frente Amplio, en el que se incluyen socialistas, comunistas y antiguos guerrilleros. En las elecciones presidenciales de 1994 alcanzó el 30,6 por ciento de los sufragios. En las elecciones de 1999 resultó el candidato más votado en la primera vuelta, al conseguir el respaldo del 40,11 por ciento de los votantes, pero fue derrotado en la segunda vuelta por el candidato del Partido Colorado, Jorge Batlle, que se vio beneficiado por los electores del Partido Blanco. A pesar de ello, Vázquez consiguió el 45, 87 por ciento de los sufragios en un ambiente de sospecha de fraude. No es hasta las elecciones de octubre de 2004 cuando se proclama vencedor sin necesidad de segunda vuelta, al alcanzar el 50,45 por ciento de los votos, aunque la Corte electoral de Uruguay fue remisa a hacer público el recuento, cosa que no llevó a cabo hasta una semana después. Desde su toma de posesión, en marzo de 2005, se está desarrollando una política de amplios contenidos sociales, una renegociación de la deuda y la economía nacional ha experimentado el mayor crecimiento de las últimas décadas.

 

NÉSTOR CARLOS KIRCHNER

Nacido en la Patagonia en una familia humilde de emigrantes suizos, desde joven se vincula a la Juventud Peronista , un sector juvenil de izquierda radicalmente opuesto a la dictadura militar. Se licenció en derecho en 1976 y sufrió la represión del gobierno militar que lo encarceló en dos ocasiones. En 1986 es elegido alcalde se su ciudad natal, Río Gallegos, y en 1991, con el 61 por ciento de los votos es elegido gobernador de la provincia de Santa Cruz, una de las más deprimidas del país. Aplicó una serie de medidas sociales en el terreno económico opuestas a las diseñadas por el Gobierno central, con excelentes resultados, lo que hizo aumentar su popularidad (Santa Cruz terminó con el menor índice de pobreza de Argentina). Situado en las posiciones de izquierda del Justicialismo. En 1995 fue reelegido con el 66,5 por ciento de los votos. Finalmente, y tras los gobiernos de Ménem, de la Rúa y Duhalde, y en medio de un caos interno en las filas del Partido Justicialista, Kirchner termina como candidato de esta formación, frente a Carlos Ménem. Su campaña, “Un país en serio”, va ganando adeptos, y en la primera vuelta obtiene el 22 por ciento de los sufragios. Le supera Ménem con el 24,3. Sin embargo, sorpresivamente, éste declina participar en la segunda vuelta (al saber que la intención del resto de los oponentes era de apoyar a Kirchner, a quien los sondeos otorgaban en este caso entre el 60 y el 70 por ciento), por lo que el gobernado de Santa Cruz era proclamado presidente. Desde ese instante se produce un giro en la política social y también en la exterior, en la que comienza a tejerse una alianza tácita entre Argentina, Chile y Brasil. Siete meses después de llegar al Gobierno, las encuestas daban a Kirchner un 77 por ciento de aceptación de su gestión. Su línea socialdemócrata le ha llevado a criticar a las empresas multinacionales que “se aprovecharon” de la crisis económica de su país y ha impuesto una renegociación –y una moratoria- de las condiciones de pago de la deuda externa.

 

MULTINACIONALES ESPAÑOLAS A LA ‘RECONQUISTA’ DE AMÉRICA

La llegada al poder en Bolivia en las próximas semanas del flamante presidente electo, Evo Morales, ha provocado un cierto nerviosismo entre los inversores extranjeros en el país, por su declarada intención de nacionalizar el gas. Pese a los intentos de tranquilizar a las empresas, explicando que busca “socios” para el Estado, su irrupción en el mapa político latinoamericano, con propuestas que suponen un cierto giro a la concepción económica dominante, y el propósito explícito de emprender políticas sociales que supongan mayor peso del Estado en la economía nacional, viene a sumarse a la emergencia de otras figuras de izquierda, con propuestas similares que florecen por todo el continente. La incertidumbre hace mella en las empresas extranjeras con intereses en estas naciones, y de todas ellas, las españolas son las que más han invertido durante los últimos años.

Las empresas españolas se convertían, desde finales de la década de los noventa, en los primeros inversores de capital extranjero en el conjunto de Latinoamérica. Este aumento de la presencia española en la economía del continente sudamericano obedece a una estrategia de expansión que arrancaba a mediados de los noventa, aprovechando una coyuntura internacional favorable y, sobre todo, las políticas de privatizaciones de los servicios públicos en casi todas estas naciones, impulsadas por el denominado “Consenso de Washington”, e instigadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para “solucionar” la crisis de la deuda externa que lastró estas economías durante toda la década de los ochenta.

En 1996, la inversión española en Latinoamérica representaba un 26,81 por ciento del total de todas nuestras inversiones en el extranjero –ese año, la inversión española en la Unión Europea suponía el 52,36 por ciento del total-. En 1997, el porcentaje crecía hasta el 37,25. En 1998 se disparaba al 66,60 por ciento, porcentaje que, prácticamente se repetía en 1999. Desde esa fecha, España pasó a ser el primer inversor en la región. De todo el capital extranjero llegado a los países latinoamericanos (68.000 millones de dólares), el 49 por ciento tenía su origen en empresas de nacionalidad española, frente al 31 por ciento de compañías norteamericanas o el 17 por ciento del resto de las naciones de la UE. Durante toda la década de los noventa, las multinacionales españolas invertían en la zona algo más de 90.000 millones de dólares.

Las compañías radicadas en nuestro territorio han empleado una estrategia muy diferente a la utilizada por las transnacionales estadounidenses. Mientras que éstas centraban sus operaciones en el sector de bienes comercializables, como industria electrónica o automoción, la orientación de las españolas ha estado dirigida hacia el sector servicios y a la compra de empresas públicas, especialmente en cuatro áreas en las que hoy son líderes indiscutibles y poseen la mayor cuota de mercado, con diferencia: banca, electricidad, energía y telecomunicaciones. Además, su táctica se ha visto muy favorecida por la masiva retirada de compañías y bancos norteamericanos, debido a los pésimos resultados cosechados durante la crisis de la deuda externa de la década de los ochenta.

Las telecomunicaciones en Latinoamérica tienen un nombre: Telefónica. La multinacional, cuyo núcleo duro lo representan La Caixa y el BBVA, tiene presencia en 16 países y cuenta con más de 90 millones de clientes, 157.000 empleados y es la sexta compañía mundial del sector. Opera en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Su volumen de negocio alcanza el 98,19 por ciento en Perú, el 98,03 en Argentina, el 87,49 en Brasil y casi el 50 por ciento en Chile.

Otro sector en el que destaca la presencia de compañías de bandera española es el de los hidrocarburos. Repsol YPF se ha convertido en la mayor compañía privada energética de Latinoamérica. Con actividad en 28 países y más de 30.000 empleados, produce más de 1,1 millones de barriles/día y cuenta con reservas de crudo y de gas cifradas en más de 5.000 millones de barriles. También la Caixa y BBVA son dos de sus principales accionistas.

En el sector eléctrico destaca la presencia de Endesa. Suministra electricidad –y también gas- a más de 22 millones de clientes. Tiene casi 30.000 trabajadores, con accionistas tan destacados como Caja Madrid o Chase International, aunque, actualmente se encuentra inmersa en un proceso de OPA hostil lanzada por Gas Natural, controlada, curiosamente, por la Caixa y Repsol YPF. Gestiona numerosas empresas como Enersis, Endesa Chile, Chilectra (Chile); Edesur, Costanera, El Chocón, Dock Sud (Argentina); Cien, Ampla y Coelce, Endesa Fortaleza (Brasil); Emgesa y Codensa (Colombia); Edegel y Edelnor (Perú).

La banca constituye el otro gran polo de atención de la inversión española. Los dos gigantes, BSCH y BBVA ocupan una posición de dominio en el continente latinoamericano. Actualmente, según un informe publicado por la Bolsa de Madrid, más del 60 por ciento de los préstamos y más del 50 por ciento del patrimonio de las siete mayores economías de la zona están en manos de la banca extranjera. Como ejemplo, el BBVA ganaba en 2004 algo más de 2.082 millones de euros, un 25,8 por ciento más que en 2003. De ese beneficio, 1.239 millones se obtuvieron en sus filiales latinoamericanas.

Sin embargo, como señala Ramón Casilda Béjar en su libro “La década dorada. Economía e inversiones españolas en América Latina (1999 – 2000)”, se ha intensificado una actitud crítica ante la masiva y rápida instalación de las empresas españolas en los principales mercados latinoamericanos. Según este profesor de Economía de la Universidad de Alcalá y consultor del Banco Interamericano de Desarrollo, el 64 por ciento de los ciudadanos de la región consideran que las privatizaciones no les han aportado ningún beneficio. En su estudio demuestra que la aplicación de los criterios del Consenso de Washington produjo efectos macroeconómicos favorables, como la disminución de las tasas de inflación y, sobre todo, la reducción de la deuda externa global, que pasó de un 50 a menos de un 20 por ciento del PIB. Pero en ese mismo informe también destaca que poco o nada se avanzaba en la lucha contra la pobreza –que ha aumentado-, y que el crecimiento económico, apenas se incrementó en un uno por ciento anual durante ese período.

Los efectos de la presencia de las compañías españolas también son criticados teniendo en cuenta otros factores. La mayor parte de estas empresas españolas fueron de titularidad pública y posteriormente privatizadas. Y ellas acudieron a la compra de otras privatizadas a su vez en los países de esta zona, por lo que se las relaciona con los despidos masivos de los empleados públicos que tuvieron lugar. También son acusadas, en muchos casos, de precarizar las condiciones laborales antes existentes, de disminuir los derechos sindicales, de generar de facto situaciones de monopolio. YPF de Argentina fue comprada por Repsol a cambio de bonos para reducir la deuda externa. Tras su compra, en 1999, en un solo año multiplicó por cuatro sus beneficios, que alcanzaron los 1.150 millones de euros, de los que un 66 por ciento provenían de las operaciones de YPF. En 1996 se vendía el 75 por ciento de las acciones de la refinería de Perú a Repsol por 180 millones de dólares. Sólo en 1994, esta refinería había generado ingresos de 657 millones.  

Apoyo español a Bachelet

 Días antes de la crucial segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas un numeroso grupo de políticos e intelectuales españoles, además del Nobel de Literatura portugués, José Saramago, firmaron un manifiesto y realizaron un acto público en apoyo a la candidata Bachelet. El manifiesto lo presentaron en Madrid el cantante Víctor Manuel, la diputada socialista Carmen Alborch, el portavoz de CiU Josep Antoni Duran Lleida, el ya citado José Saramago y la socialista Francisca Sauquillo

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