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Pescar en río revuelto
Jesús
Caldera, responsable de la cartera de Trabajo y Asuntos Sociales, parece
llamado a convertirse en el ministro talismán. Sus iniciativas
deberían tener efectos benefactores tanto para el Gobierno como,
de manera singular, para su presidente, José Luis Rodríguez
Zapatero. Parece sensato que el PSOE desee preservar a Zapatero de la
posible quema política provocada por las brasas del Estatut. De
hecho, las primeras chispas ardientes en torno al mismo han generado ya
descensos inquietantes en la mayoría de las encuestas.
O sea, que Caldera ha de promover medidas netamente sociales, de obvia
raíz socialdemócrata, por dos razones poderosas. La primera,
porque -como él mismo recuerda en EL SIGLO- "siempre que ha
habido avances sociales en España han sido Gobiernos socialistas
quienes los han impulsado." En segundo lugar, porque conviene desde
una óptica progresista prevenir los perjuicios que se pueden derivar
de la tormenta que procedente de Cataluña ha sido aprovechada
por la derecha para generar todo género de rayos y truenos apocalípticos.
Y ello con el acompañamiento de relevantes políticos socialistas.
Esta revista publicó en su número anterior, por ejemplo,
un artículo de Joaquín Leguina, ex presidente de la Comunidad
de Madrid, que debió de satisfacer al PP.
La campaña ultramontana contra el presidente del Gobierno que
tal es el objetivo prioritario de los conservadores ha sido denunciada
poco antes de fin de año por otro colaborador de EL SIGLO, Santiago
Carrillo, a través de un luminoso artículo en El País.
Este es el fondo de la cuestión. El Estatut escasamente afortunado
en su redacción aprobada en Barcelona, está siendo
utilizado como pretexto para desestabilizar a Zapatero. ¿Todos
aquellos que, dentro del PSOE, lanzan más leña alfuego de
un asunto tan delicado como éste ignoran lo que, en realidad, está
en juego? La respuesta es "no". ¿Cómo iban a ignorarlo?
Por eso tiene razón Caldera al afirmar que "lo que más
daño hace son las diversas voces en la familia socialista".
Ya puede dedicarse a tope el ministro deTrabajo y Asuntos Sociales en
su tarea de reforzar la dimensión socialista del Gobierno en orden
a la cohesión social. Ya puede presentar la Ley de Dependencia,
destinada a mejorar la calidad de vida de millón y medio de ciudadanos
y ciudadanas. Estos proyectos son de izquierdas y contribuyen sin duda
a vertebrar la sociedad. Como otros que en su día forjó
el Gobierno González relativos nada menos que a la escolarización
y la sanidad para todos y también los correspondientes a
la etapa de Zapatero, entre los que cabe resaltar el incremento perceptible
del salario mínimo, pongamos por caso.
Pero, ciertamente, lo más dañino para Zapatero, y para el
Partido Socialista en su conjunto, es que se sigan oyendo opiniones desde
el interior del PSOE, a la medida del argumentario del PP respecto al
Estatut. Con tales amigos no necesita Zapatero enemigos. De mis amigos
me libre Dios, que de mis enemigos me libro yo, como aconseja el rico
y sabio refranero castellano. Atención, pues, porque el diagnóstico
de Caldera parece exquisitamente acertado. Se trata de que el Estatut
pueda, desde luego, ser asumido con mayor o menor satisfacción,
pero asumido por la mayoría de ciudadanos españoles
sin olvidar que ha de ser refrendado vía referéndum en Cataluña.
Hágase cuando esté en manos de Zapatero para que el resultado
sea el adecuado. Pero en plena batalla sobran las voces de quienes en
ocasiones da la impresión de que lo único que pretenden
es obtener ganancia propia pescando en río revuelto.
Enric Sopena |