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La
guerra del fin del mundo
Etíopes
y eritreos parecen prepararse de nuevo para la guerra, otra más,
por divergencias en el trazado de la frontera, sin que bastara para abstenerse
de hacerlo la guerra de 1998 a 2000, con más de 70 mil muertos.
Todo el mundo, con excepción evidente de etíopes y eritreos,
considera que deberían dedicarse a cuestiones más prioritarias
que a la cuestión de matarse, porque reproducir la guerra pasada
en nada remediará la pobreza de ambos países, aunque por
supuesto traerá mucho beneficio para los que venden las armas.
Si vuelve a estallar esta guerra del fin del mundo será mucho más
mortífera que la anterior, porque en todo se progresa y se retrocede,
etíopes y eritreos no han dejado de poner al día su arsenal,
y desde luego acentuará la miseria de todos; lo que se nos recordará
ulteriormente en campañas humanitarias al borde del abismo sobre
los desastres de la guerra y la sequía, conciertos animadísimos
y exposiciones de fotografías con bebésw de ojos vidriosos
y vientres abultados y niños con metralletas. Etíopes y
eritreos, integrados en un solo país hasta 1993, ya han desplegado
unos 200 mil soldados a ambos lados de la frontera, la más militarizada
de todo el continente.
En este mes de enero el Consejo de Seguridad estudiará de nuevo
la situación, sin resolver pese a la Resolución 1640 de
Noviembre de 2005, el Acuerdo de Argel de diciembre de 2004 y la creación
del Grupo de Argel que integran la Unión Africana, las Naciones
Unidas, la Unión Europea y los Estados Unidos. Las guerras que
durante décadas se han librado en Etiopía, Somalia y Sudán
nunca se han podidodesactivar porque realmente sólo interesaban
a quienes las promovían y se enriquecían con ellas, localizándose
en una remota periferia política y geográfica, con altísimos
costes humanos en cada conflicto que poco o nada incidían en los
intereses y sentimientos de Occidente. La región es pródiga
en guerras tan absurdas e inútiles como crueles e interminables,
que en último término tienen su explicación en el
negocio de las armas, la locura y el ego de sátrapas y espadones
así como, durante los años de la Guerra Fría, en
las apetencias territoriales de tipo imperial que condujeron a las superpotencias
y a los pobres cubanos, a librar por ejemplo las guerras de Angola contra
Sudáfica y sus amigos, y las de Etiopía contra Somalia por
el desierto de Ogaden.
Difícil resulta creer que los ánimos, caldeándose
en etíopes y eritreos desde Diciembre de 2004, se centren meramente
en la disputa por un pueblo insignificante, tan insignificante que no
aparecía en los mapas de la Comisión de Límites,
de nombre Badne. En manos etíopes aun-que la Comisión de
Límites lo adjudicó a Eritrea, en Badne estuvo el origen
inmediato de la anterior guerra y puede estarlo en ésta, para dos
países con gravísimos problemas domésticos que más
valdría atender de forma urgente por el primer ministro etiope
Meles Zenawy y por el dictador eritreo Issaias Afwerki. La guerra anterior,
además de la muerte y la destrucción, interrumpió
la comunicación física entre los dos países, planteando
a ambos gobiernos y a las poblaciones respectivas dramáticas carencias
relacionadas con la asistencia sanitaria, la vivienda, el desabastecimiento
y la hambruna.
Se intensificarán con la repetición de la guerra, desestabilizándose
aún más el Cuerno de África, porque los enfrentamientos
generarán con seguridad una abundante corriente de armas para los
diversos grupos de terroristas y bandidos, con consecuencias igualmente
desastrosas para Somalia y para el proceso de paz tan frágil que
se habría entablado en el sur y el este de Sudán.
Además, ni Etiopía ni Eritrea serán capaces de lograr
una victoria militar rápida y decisiva, no lo fueron en la guerra
anterior. Una pequeña divergencia en el trazado de la frontera,
por un villorrio de valor simbólico totalmente desproporcionado
con su tamaño y población, acabó convirtiéndose
en una guerra total que al principio pilló por sorpresa a ambos
gobiernos, sin que la tragedia les escarmentara para desechar nuevas guerras.
La superioridad de Etiopía en población y medios materiales
no será suficiente como para derrotar a los excelentes soldados
eritreos, que además disponen ya de los misiles antitanques Kornet
y una defensa aérea perfeccionada. Ambas partes incluso
han adquirido los cazas rusos SU-27, contando con pilotos de la Europa
del Este para los entrenamientos. El escenario militar que ya se maneja
consta de una ofensiva etíope que no acarreará la derrota
eritrea, pero sí una prolongada guerra de trincheras, el estancamiento
de las operaciones y, finalmente, un alto el fuego propiciado por el Consejo
de Seguridad. Vanidad salvada en los dirigentes, honor a los héroes
y gloria para los caídos, buen negocio para los traficantes de
armas, miseria para etíopes y eritreos y simientes para otras guerras
en el Cuerno de África. ¿Se puede pedir más?
Ignacio Ruperez |