Que
Dios reparta suerte
(...
y paz a los hombres de buena voluntad).
La
pertinaz sequía de 2005 nos ha dejado un paisaje de polvo y cardo
seco, resquebrajado y duro. Hacer el paseíllo de este 2006 que
nos toca torear, se le hace a uno muy cuesta arriba.
Yo, como los buenos toreros, me esfuerzo en mirar bien lo que sale de
chiqueros y juzgar de antemano cuál puede ser la faena que le corresponde
al bicho. Y este morlaco de 2006 me tiene ya avisao. (Otra cosa es que
yo sepa).
Este 2006 es un descastao, manso, con un peligro sordo pregonao. Lo peor
es que como viene del encaste 2000 nos empeñemos en que tiene que
ser bueno (como le pierdas la cara: ¡cornalón!).
Este 2006,
a primera de vista, engaña. Cierto que cojea la seguridad; que
la inflación salta el callejón;
mansea al Gobierno; la oposición sacude arreones y cabecea sin
nobleza ni casta; se duelen las
autonomías buscando los corrales federales; la economía
se amorcilla; la Iglesia canta la gallina y pierde las maneras; a la autoridad
incompetente no le hacen caso ni los cabestros; la inmigración
llena has-ta la bandera; los terroristas: de espontáneos sin ley;
la tercera edad (retirados todos), a la cabeza del escalafón.
Pero lo malo de verdad (lo bueno luego) es la pérdida de papeles.
Este 2006 va de becerrada de resort turístico. No hay maestro de
lidia que ponga las cosas en su sitio y las primeras figuras, de capa
y luces, sin sitio, fuera de cacho, torean de aliño y se lucen
y cacarean frente a las teles.
¿Dónde están los críticos que saben ver de
qué va esto? ¿Dónde la afición (los buenos)
que quiere ser respetable? ¿Qué fuede los intelectuales?
Lo malo, lo peor de este 2006, es que ya vale todo y nadie dice nada.
Que nadie levante la voz y clame por cosas tan primarias como la verdad,
la honradez, el sano orgullo del bien hacer. Y que nadie reclame, sí,
ley y justicia sin paliativos; cumplimiento de la palabra dada; respeto
para todos y solidaridad con los necesitados.
Y el que no pase el reconocimiento, los descastados y de desecho, al capador
(pa bueyes).
(De buena ley, la inflación y otros apuros así son sólo
gajes del oficio).
Ahora bien, los pobres no tenemos mayores problemas con eso de la inflación.
Seguimos llegando antes de tiempo a fin de mes, y nuestras envidias, ambiciones
y sueños, no se miden en metros de eslora, kilates o chateaus,
si no en ganar al mus; que el Atletico no baje a Segunda; que tengamos
trabajo; poder pagar la hipoteca; salud y poco más. Algunos, más
de los que parecemos, tenemos envidiable rabia de los millonarios de turno,
políticos y gentes de fama y poder que mienten más que hablan,
presumen de su condición, mangonean, engañan y, haciendo
de su capa un sayo, nos torean como a borregos.
Pese a todo, hay que vestirse de optimismo, apretarse uno los machos y
entrarle a este 2006 con ganas (peores se han visto que luego rompen a
buenos).
Y si la temporada '06 se pone mal, a vivir, que son dos días (que
para malos ratos siempre nos quedará el Mundial de fútbol).
Y para buenas, mis predicciones: habrá Paz.
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