VAYA GENTE Tiempos de hoy
 
   

                                     Nº 1193. 24 de marzo de 2017

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¡Vaya gente! / Mara del Prado

Percances

Tras ser operada por un accidente de equitación, la infanta Elena ha sido víctima de un robo en su domicilio / EUROPA PRESS.

Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa están en capilla. Una expresión muy taurina que viene muy a cuento para hablar de la última aparición pública de la pareja en la toledana plaza de toros de Illescas y de los comentarios, sin confirmar –habrá que esperar a una exclusiva de Hola–, de su inminente boda. La revista de cabecera de la celebrity guarda discreción. Otras como Semana se lanzan a hacerse eco de los últimos detalles. Como que los preparativos del enlace ya están muy avanzados o que la ceremonia podría celebrarse antes del verano. Lo único que la reina de corazones ha revelado es que el vestido será de su hija Tamara Falcó, reconvertida ahora en diseñadora a la espera de que su famosa mamá le dé un empujón en el competitivo y exclusivo mundo de la moda.
A la infanta Elena le persigue la mala suerte. Nada tan grave como lo que le ha ocurrido a su hermana Cristina, que ha sido absuelta de dos delitos fiscales en el juicio del caso Nóos pero cuyo martirio judicial y mediático no concluirá de manera definitiva hasta que el Supremo resuelva el recurso de su marido, Iñaki Urdangarin, para evitar la pena de cárcel. Pero el caso es que a la hermana mayor de Felipe VI, que hace unos meses era operada de una fractura en la muñeca tras un accidente de equitación, acaban de robarle en su domicilio. Ni ella ni sus hijos estaban en la casa del madrileño barrio del Retiro cuando los ladrones cometieron el delito. Tampoco sustrajeron objetos de valor; sólo se llevaron las bicicletas de la familia. Pero el susto no se lo quita nadie. Ni a Zarzuela la preocupación.
El Tribunal Civil 12 de Bruselas decide de forma inminente si requiere al rey Alberto de Bélgica que se haga la prueba de paternidad para saber si la pintora Delphine Boël es o no hija suya y, por tanto, hermana del actual monarca, el rey Felipe. Acompañada de su marido, su madre y su padre legal, Boël acudió el 21 de febrero a la última vista del proceso en la que también estaba citado el demandado emérito, que faltó al encuentro provocando el desahogo de su ‘presunta hija ilegítima’ en Vanity Fair: “Ya sabía que encontraría alguna excusa”.
Según revelaciones de la artista en su biografía Cortar el cordón umbilical que ahora recoge Semana, la relación entre sus dos progenitores duró 18 años, un tiempo en el que ella pudo acumular muchos recuerdos. “Cuando era pequeña y salía a cenar con ellos, me quedaba dormida debajo de la mesa del restaurante. Él me cogía en sus brazos y me llevaba a casa”, relata. “Nos llevábamos muy bien. Íbamos de vacaciones a Córcega, a Saint-Tropez. Nos hacía visitas en Londres”. Sin embargo, no supo que era su padre hasta la mayoría de edad y, la única vez que el rey belga atendió la llamada en la que le pedía ayuda para ella y para su madre, le respondió: “Déjame en paz con esa historia. Además, ¡tú no eres mi hija!”.
Pero ella no le hizo caso; el escándalo provocó la abdicación de Alberto de Bélgica, que tras abandonar el trono perdió la inviolabilidad permitiendo a Boël continuar con su lucha judicial –empezó pidiendo las pruebas de ADN a sus supuestos hermanos– y estar a punto de obtener el examen genético del exmonarca. ¿Entienden ahora por qué la ley de abdicación de Juan Carlos I lo protegió con un aforamiento exprés?

 

 

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