LOS DOSSIERES El Siglo de Europa
 
   

                                             Nº 1193. 24 de marzo de 2017

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Los Dossieres

Acto de firma del Tratado de Roma, del que se cumple ahora su 60 aniversario.

 

‘Brexit’, ultranacionalismos y crisis nublan el aniversario de la UE

60 años del Tratado de Roma

Tras seis décadas de historia, la UE atraviesa tal vez por su momento más bajo. Ha perdido por primera vez a uno de sus miembros –Reino Unido– y la antigua popularidad de la institución se ha tornado en amplia desconfianza tras una mala gestión de la crisis económica que ha empeorado el nivel de vida de los europeos. La vuelta a los nacionalismos gana espacio político, las discrepancias entre los Estados del Este y los del Oeste es cada vez más patente, y entre los socios más veteranos ya vuelve a surgir la idea de las ‘dos velocidades’.

Pedro Antonio Navarro

 

La Unión Europea (UE) celebra su 60 aniversario cuando atraviesa posiblemente por el momento más difícil desde su fundación. La salida de Reino Unido de la Unión –no existían precedentes de ningún abandono por parte de un Estado miembro-, la crisis de los refugiados, las divergencias abiertas con países del Este en manos de gobiernos autoritarios; el auge de la extrema derecha hasta límites desconocidos después de la II Guerra Mundial, hasta el extremo de que ya integran gobiernos, como los de Finlandia y Eslovaquia y constituyen un apoyo imprescindible al de Dinamarca. El Partido por la Libertad (PVV) es la segunda fuerza política en Holanda –aunque el xenófobo Geert Wilders no consiguió el triunfo que las encuestas pronosticaron meses atrás-, mientras que el FPÖ mantiene gran fuerza en Austria.
Además, todas las encuestas sitúan a Marine Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, aunque también le auguran una amplia derrota en esa cita definitiva.
Por otro lado, la idea de la UE ya no resulta tan popular entre los europeos. El apoyo que hoy le otorgan los ciudadanos ha descendido hasta mínimos históricos (sólo el 35% considera positiva la UE, 17 puntos menos que en el 2007).
La conmemoración, el día 25, del 60 aniversario del nacimiento de lo que hoy conocemos como Unión Europea, se presenta como una oportunidad para tratar de relanzar un proyecto herido que paulatinamente pierde el apoyo popular del que gozó durante muchos años.
Para los partidarios de continuar con la ‘aventura’ conjunta en el Viejo Continente, la efeméride del Tratado de Roma es una ocasión para intentar transmitir una sensación de optimismo, pese la inesperada salida de Reino Unido del ‘equipo’ –aunque queda mucha negociación pendiente que podría alargarse durante años antes de hacerse efectiva-, y al incremento del ruido y de las voces que claman contra la pertenencia al ‘Club de los Veintiocho’ y prometen un futuro mejor regresando a la seguridad de los ‘Estados-Nación’ proteccionistas y cerrados a cal y canto.
Pero lo que ocurre es que el texto de la Declaración de Roma que saldrá de la cita del 25 de marzo aún se está negociando, y las posiciones entre el nuevo ‘núcleo duro’ (Alemania, Francia, Italia y España) y la mayoría de los países del Este –los últimos en incorporarse– parecen a día de hoy muy distantes, especialmente tras la reunión mantenida por los cuatro Estados citados, hace unas semanas en Versalles, donde plantearon operar dentro de la Unión con dos velocidades diferentes, dadas las dificultades cada vez mayores para conseguir la unanimidad, como se ha podido apreciar claramente en la gestión de la crisis de los refugiados y otras cuestiones relevantes.

Largos años de paz
Entre los logros innegables de la construcción europea está el de haber proporcionado el periodo más largo de paz entre los habitantes de Europa, junto a un notable crecimiento económico y, antes del estallido de una brutal crisis que la UE no ha sabido abordar, claros avances en materia de igualdad, bienestar de la ciudadanía y derechos y libertades.
El proceso se iniciaba con la declaración del ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, en 1950 y la posterior creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), en 1951, e integrada por Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. No se conseguía, sin embargo, dar luz verde al proyecto de un Ejército paneuropeo con la Comunidad Europea de Defensa (1952).
En ese proceso de construcción europea, la firma del Tratado de Roma cosntituyó el embrión de la actual Unión Europea, que ha mantenido la estabilidad en la región, ha influido decisivamente en la ausencia de conflictos bélicos locales y ha dotado a muchos de los integrantes de la UE de una moneda común, aunque su implantación no haya estado exenta de polémica, sospechas y críticas, hasta el punto de que muchos de los descontentos con los efectos de la crisis reclamen abiertamente el regreso a las antiguas divisas nacionales y, por ende, al control sobre sus monedas a través de la acción de los bancos centrales nacionales, algo imposible para los Estados pertenecientes a la zona euro, que dependen enteramente de las decisiones del BCE –una institución que escapa al control democrático de los ciudadanos–.
La pérdida de popularidad de la UE y la creciente desafección ciudadana están directamente relacionadas con la deficiente gestión de la crisis financiera, el plegamiento a los intereses de la banca en las políticas económicas y, como consecuencia, el empeoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos, aunque con peores consecuencias en la Europa del Sur.
Esto ha supuesto un campo abonado para discursos xenófobos que culpabilizan a los inmigrantes de este empeoramiento económico y, por ende, un retorno a la exacerbación del nacionalismo. También los atentados de los últimos años han contribuido a alimentar ese sentimiento xenófobo y, muy especialmente, antiislamista.
Como respuesta a la irrupción de la crisis se diseñaba un mecanismo férreo de control de la política económica bajo el dictado de los intereses de Alemania y del sector financiero, con capacidad de imponer normas y aplicar sanciones por el incumplimiento de los límites impuestos de déficit público.
Como consecuencia, llegaban los recortes en los presupuestos de cada país, con especial incidencia en los gastos aplicables a las políticas sociales, lo que se ha notado especialmente en campos tan sensibles como la sanidad y la educación o las pensiones y coberturas sociales de todo tipo.
Estas políticas económicas, que los ciudadanos consideran fuera del control de sus propios gobiernos, han propiciado también rescates bancarios y una larga cadena de privatizaciones, acompañado de un notable incremento del desempleo. Todo ello, por supuesto, con una mayor incidencia en los países del sur, algunos de los cuáles también hubieron de solicitar un rescate de sus economías, como sucedió con Portugal, Grecia, Chipre, Irlanda y, en el caso de España, un rescate financiero para sus bancos.
Las peores consecuencias han sido para los griegos, cuya economía continúa hundida por las duras condiciones para el pago de una deuda que muchos consideran ilegítima, y que se ha encontrado con la inflexibilidad de sus socios en la aplicación de plazos, recargos y sanciones.

338 millones de europeos han abandonado sus monedas nacionales y han adoptado el euro.

Llega el euro
El euro ha supuesto un cambio sustancial en la economía europea. Hay quienes defienden esta unión monetaria como una necesidad para contar con una divisa que pudiera competir con el dólar como moneda internacional de cambio y para unificar las estructuras productivas de la propia Europa.
Otros no ahorran críticas por el repentino encarecimiento de los productos y servicios con su llegada y, sobre todo, por la desaparición de los bancos centrales nacionales y, con ello, la pérdida de la capacidad de cada país para regular su divisa –mediante devaluaciones, por ejemplo–.
Hoy en día, 19 países de los 28 miembros –338 millones de ciudadanos– han dejado atrás sus monedas nacionales y comparten una unión monetaria que nació sin las herramientas necesarias para garantizar un control creíble.
El proceso de construcción europea ha pasado por sucesivas ampliaciones de los miembros de la UE. Cada una ha implicado importantes cambios, tanto políticos como económicos. La mayor de todas esas ampliaciones se producía al pasar de una sola vez de 15 a 25 socios, con una mayoría de naciones del Este de Europa, poniendo fin a los rescoldos der la Guerra Fría –muchos de ellos también se han integrado en la OTAN–.
Un considerable avance lo suponía el espacio de libre circulación de Schengen, que permitía, por primera vez que también las personas –y no solo las mercancías y los capitales– pudieran desplazarse o instalarse, con todos los derechos, en otro Estado de la UE. 
Nació de un pacto entre cinco países en 1985 que se fue ampliando posteriormente hasta implicar a 26 naciones, 22 de la UE –salvo Bulgaria, Rumanía, Reino Unido, Irlanda, Croacia y Chipre–.
Con la UE también llegaban normas de protección del medio ambiente, de consumo energético, más seguridad y control sobre los alimentos, un programa Erasmus que permite estudiar en otros Estados miembros y una política agrícola común y otra de cohesión que han ayudado a mantener el desarrollo de muchas regiones.
Pero, además de en la gestión de la crisis económica, la UE también ha fracasado estrepitosamente en la gestión de la crisis de refugiados, sobre todo, los que vienen huyendo de la Guerra de Siria, y también en la acogida de las grandes corrientes migratorias provenientes del norte de África, y que han dejado un reguero interminable de cadáveres en el fondo del Mediterráneo.
En 2016, las peticiones de asilo en la UE superaron los 1,2 millones. Muchos gobiernos se han visto desbordados, especialmente los de los países de llegada mayoritaria, como Grecia e Italia. En esta situación, sus socios han incumplido sus compromisos de acogida para aliviar la situación de estos países, que constituyen la puerta de entrada para miles de refugiados.

El próximo 29 de marzo, la premier británica, Theresa May, activará el proceso de negociación para la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

La gestión del ‘Brexit’
No existen precedentes en la historia de la Unión de que un país miembro haya decidido marcharse, aunque la normativa comunitaria sí tenía prevista esta inesperada eventualidad.
A partir del próximo 29 de marzo, cuando Londres envíe la carta oficial que activa el proceso a Bruselas, sendos equipo negociadores comenzarán un lento proceso que, al menos llevará 24 meses, por el que Reino Unido quedará finalmente desvinculado de su anterior pertenencia a la UE.
Se prevén negociaciones ásperas, ya que existe un ‘sector duro’ de países de la UE que pretenden eliminar cualquier relación de privilegio entre Bruselas y la isla, aunque también conviven con posiciones más flexibles.
En todo caso, la marcha de Gran Bretaña representa el más duro golpe político recibido por la UE en toda su historia.

Cronología de una andadura

La Unión Europea nace con el anhelo de acabar con los frecuentes y cruentos conflictos entre naciones del Viejo Continente que culminaron en el estallido de la Segunda Guerra Mundial. En los años 50, la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero constituyó la primera piedra para una unión económica y política de los países europeos. Sus seis países fundadores fueron Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Holanda, en un periodo caracterizado por la Guerra Fría entre el Este y el Oeste.
En un primer momento, las naciones occidentales europeas habían el Consejo de Europa en 1949, un primer paso hacia la cooperación entre ellas. Pero los seis países mencionados plantearon ir más lejos.
Esta es la cronología de los hitos de la UE:


–9 de mayo de 1950, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, presentaba un plan para una cooperación más estrecha. Desde entonces, cada 9 de mayo se celebra el ‘Día de Europa’.

-18 de abril de 1951.
De acuerdo con el Plan Schuman, seis países firman un tratado para gestionar en común su industria pesada (carbón y acero). De este modo, ninguno podía producir armas de guerra para volverse contra los otros, como en el pasado. Fuer firmado por Alemania, Francia, Italia, los Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo.

-25 de marzo de 1957. Basándose en el éxito del Tratado del Carbón y del Acero, los seis países amplían la cooperación a otros sectores económicos. Firman el Tratado de Roma, por el que se constituye la Comunidad Económica Europea (CEE) o ‘Mercado Común’, con la idea de que los ciudadanos, las mercancías y los servicios pudieran circular libremente a través de las fronteras.
La década de los 60 fue un buen momento para la economía, en
términos globales, favorecido, entre otras cosas, porque los países de la UE dejaron de percibir derechos de aduana por las transacciones comerciales entre sí. También acordaron ejercer un control conjunto de la producción alimentaria y, de este modo, garantizar un abastecimiento suficiente que, incluso, llegó a desembocar pronto en el excedente de producción agrícola.

-30 de julio de 1962. La UE crea su ‘Política Agraria Común’, dando así a los Estados miembros un control conjunto de la producción alimentaria. Los agricultores recibirían el mismo precio por sus productos. La UE produce alimentos suficientes para sus necesidades y los agricultores están bien remunerados. El efecto secundario no deseado es la sobreproducción con grandes cantidades de excedentes. Desde la década de 1990, las prioridades han sido reducir los excedentes y mejorar la calidad de los alimentos.

-20 de julio de 1963. La UE firma su primer acuerdo internacional, cuya finalidad es la de ayudar a 18 antiguas colonias de África. En la actualidad, mantiene una asociación especial con 79 países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP). La Unión Europea es el mayor proveedor mundial de ayuda al desarrollo para los países más desfavorecidos.

-1 de julio de 1968. Los seis países fundadores eliminan los derechos de aduanas sobre los productos importados entre sí, permitiendo el libre intercambio transfronterizo por primera vez. También aplican los mismos derechos a sus importaciones de terceros países. Nace así la unión comercial más grande del mundo. El comercio entre los seis y entre la UE y el resto del mundo crece rápidamente.

-24 de abril de 1972. El primer plan de la CEE para la creación de una moneda única  se remonta a 1970. Con el fin de garantizar la estabilidad monetaria, los Estados miembros deciden limitar los márgenes de fluctuación entre sus monedas. Este mecanismo aplicado a los tipos de cambio (MTC), que se inicia en 1972, es el primer paso hacia la introducción del euro treinta años más tarde.

-1 de enero de 1973. Los Seis se convierten oficialmente en Nueve con la adhesión de Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido.

-10 de diciembre de 1974. En señal de solidaridad, los dirigentes de la CEE crean el Fondo Europeo de Desarrollo regional, que plantea la transferencia de recursos financieros de las regiones más ricas hacia las más pobres con el fin de mejorar las carreteras y las comunicaciones, atraer inversiones y crear empleos. Esta política de ayuda absorbe hoy un tercio del presupuesto europeo.

-7 a 10 de junio de 1979. Se produce la primera elección por sufragio universal directo del Parlamento Europeo. Sus diputados, que antes eran delegados de los parlamentos nacionales, se constituyen en grupos políticos paneuropeos (socialistas, conservadores, liberales, verdes, etc.). La influencia del Parlamento Europeo se ha ido incrementando paulatinamente con los años.

-1 de enero de 1981. El número de miembros de la Comunidad pasa a diez con la adhesión de Grecia, que puede hacerlo una vez que el régimen militar perdió el poder y se reestableció la democracia en 1974.

-28 de febrero de 1984. La informática y la robotización revolucionan los modos de vida y trabajo. Para estar en la vanguardia de la innovación, la CEE pone en marcha el programa ‘Esprit’, el primero de una larga serie de programas en materia de investigación y desarrollo.

-1 de enero de 1986. España y Portugal se adhieren a la CEE con años de retraso tras el fin de sendas dictaduras, lo que eleva a 12 el número de sus miembros.

-17 de febrero de 1986. A pesar de la supresión de los derechos de aduana en 1968, subsisten ciertos obstáculos para la libertad de los intercambios comerciales dentro de las fronteras de la Comunidad. Se trata esencialmente de diferencias entre las legislaciones nacionales que el Acta Única Europea pretende eliminar en el espacio de seis años. Aumenta también la influencia del Parlamento Europeo y se refuerzan los poderes de la CEE en materia de medio ambiente.

-15 de junio de 1987. La CEE pone en marcha el programa ‘Erasmus’, que ofrece becas a los estudiantes deseosos de estudiar en otro país europeo por un período máximo de un año. Más de dos millones de jóvenes ya han podido beneficiarse de este programa y otros similares.

-3 de octubre de 1990. Alemania se reunifica después de más de cuarenta años, y su parte oriental se incorpora a la CEE.

-7 de febrero de 1992. En Maastricht (Holanda) se firma el Tratado de la Unión Europea, un hito fundamental, al establecer normas claras para la futura moneda única, para la política exterior y de seguridad y para una cooperación más estrecha en justicia y asuntos de interior. Con arreglo al Tratado, el nombre de ‘Unión Europea’ sustituye oficialmente al de ‘Comunidad Europea’.

-1 de enero de 1993. Se establece el mercado único y sus cuatro libertades: la libre circulación de mercancías, servicios, personas y capitales es ya una realidad. Hay más de 200 disposiciones legales adoptadas desde 1986 en los ámbitos de la política fiscal, las actividades económicas, las cualificaciones profesionales y otros obstáculos a la apertura de las fronteras. Se aplaza la libre circulación de algunos servicios.

-1 de enero de 1995. Austria, Finlandia y Suecia entran en la UE. Los 15 miembros abarcan ya casi la totalidad de Europa occidental.

-26 de marzo de 1995. Entra en vigor el Acuerdo de Schengen en siete países: Alemania, Bélgica, Francia, Luxemburgo, Holanda, Portugal y España. Los viajeros de cualquier nacionalidad pueden transitar entre todos estos países sin control de pasaportes en las fronteras. Desde entonces, otros países se han adherido al espacio Schengen (Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Islandia*, Italia, Letonia, Malta, Noruega*, Polonia, Suecia y Suiza*)

*Estos países aplican la libre circulación de personas, pese a no pertenecer a la UE.
-17 de junio de 1997. Se firma el Tratado de Ámsterdam, basado en los logros del Tratado de Maastricht, que establece planes para reformar las instituciones de la UE, dar a Europa una voz más fuerte en el mundo y dedicar más recursos al empleo y los derechos de los ciudadanos.

-13 de diciembre de 1997. Los dirigentes de la UE acuerdan iniciar el proceso de las negociaciones de adhesión con diez países de Europa Central y Oriental: Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Hungría, Polonia, Chequia y Rumanía. Las islas mediterráneas de Chipre y Malta también se incluyen. En el año 2000, los cambios del Tratado de Niza abren las puertas a la ampliación de la UE a través de la reforma de las normas de votación.

-1 de enero de 1999. Se introduce el euro en 11 países (a los que se sumó Grecia en 2001) solo para las transacciones comerciales y financieras. Los billetes y las monedas llegarán más tarde. Los países de la zona euro son Austria, Bélgica, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos, Portugal y España. Dinamarca, Reino Unido y Suecia decidieron quedarse fuera.
-1 de enero de 2002. Los billetes y monedas de euro se convierten en la moneda de curso legal en 12 países de la UE. Su impresión, acuñación y distribución suponen una importante operación logística. Se acuñan más de 80.000 millones de monedas. Los billetes son los mismos en todos los países. Las monedas tienen una cara común, en la que consta su valor, y otra con un distintivo nacional. Todas circulan libremente.
-31 de marzo de 2003. Como parte de su política exterior y de seguridad, la UE comienza operaciones de mantenimiento de la paz en los Balcanes, primero en la Antigua República Yugoslava de Macedonia y después en Bosnia y Herzegovina. En ambos casos, las fuerzas dirigidas por la UE sustituyen a las unidades de la OTAN. Internamente, la UE acuerda crear un espacio de libertad, seguridad y justicia para todos los ciudadanos en 2010.

-1 de mayo de 2004. Ocho países de Europa Central y Oriental (Chequia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia) se adhieren a la UE. También ingresan en la UE Chipre y Malta.

-29 de octubre de 2004. Los 25 países de la UE firman un tratado que establece una ‘Constitución Europea’, concebida para simplificar la gestión y la toma de decisiones democráticas en una UE de 25 o más países. Cuando los votantes de Francia y Holanda rechazaron la Constitución en junio de 2005, los dirigentes de la UE establecieron un “período de reflexión”.

-16 de febrero de 2005. Entra en vigor el Protocolo de Kioto, acuerdo internacional para limitar el calentamiento global y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La UE lo suscribe en su totalidad. Estados Unidos no se adhiere al Protocolo.

-1 de enero de 2007. Dos países más de Europa Oriental, Bulgaria y Rumanía, ingresan en la UE, que cuenta así con 27 Estados miembros. Croacia, la Antigua República Yugoslava de Macedonia y Turquía también son candidatos a una futura adhesión.

-13 de diciembre de 2007. Los 27 países de la UE firman el Tratado de Lisboa, que modifica los tratados  anteriores. Es ratificado por todos los países de la UE antes de su entrada en vigor el 1 de diciembre de 2009.

-Octubre de 2011. El lanzamiento de los dos primeros satélites Galileo supone un avance hacia el sistema europeo de navegación por satélite. Fue diseñado para mejorar el transporte, los servicios de emergencia, las transacciones bancarias y el suministro de electricidad.

-Abril de 2012. La Iniciativa Ciudadana Europea es operativa y da a los ciudadanos la posibilidad de proponer a la Comisión Europea la creación de disposiciones legislativas.

-10 de diciembre de 2012. Se otorga a la UE el Premio Nobel de la Paz, por “haber contribuido al desarrollo de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa durante más de seis décadas”.

-11 de marzo de 2013. Finaliza el período de desaparición progresiva de las pruebas de productos cosméticos en animales: los cosméticos probados en animales no pueden seguir comercializándose en la UE.

-1 de julio de 2013. Croacia se adhiere a la Unión Europea, convirtiéndose en su 28º país miembro.

-Diciembre de 2015. A finales de 2015 son alrededor de un millón los solicitantes de asilo que han ido llegando a Europa durante todo el año. Muchos de ellos huyen de la guerra civil en Siria y necesitan protección internacional. Los dirigentes de la UE intensifican sus esfuerzos para reforzar los controles en las fronteras exteriores y reducir el número de solicitantes de asilo. Se firma un acuerdo muy criticado con Turquía, y la mayoría de Estados de Este endurecen sus políticas y refuerzan el control de sus fronteras para impedir el tránsito de los refugiados. Hasta ahora, ningún país socio ha cumplido con las cuotas de acogida pactadas..

-24 Junio de 2016. Los ciudadanos del Reino Unido votan en referéndum a favor de abandonar la Unión Europea -52 por ciento de votos afirmativos-. El artículo 50 del Tratado de la Unión Europea establece los procedimientos que deben seguirse cuando un Estado miembro decide abandonar la Unión Europea. El Reino Unido seguirá siendo Estado miembro de la UE hasta que concluyan las negociaciones sobre las condiciones de su salida.

-El próximo 29 de marzo de 2017. El Gobierno británico formalizará el ‘brexit’ enviando una carta al Consejo Europeo, con lo que se iniciará oficialmente el proceso de ‘desconexión’, con una duración prevista inicialmente de dos años, aunque no faltan cualificadas opiniones que apuntan a que se extenderá por más tiempo.

El presidente francés François Hollande (segundo por la derecha) convocaba a los primeros ministros de Italia, Alemania y España en Versalles para dar impulso a la construcción europea estableciendo “ritmos diferentes” para la integración.

Vuelven las ‘dos velocidades’

Tras la marcha de Reino Unido, la idea de aplicar ritmos diferentes según los países, al proceso de unión política en el seno de la UE, y que hace años fue descartada, ahora vuelve a irrumpir de la mano de las cuatro naciones más importantes –en cuanto al número de habitantes y PIB- de la Unión.
El pasado 6 de marzo se celebraba una ‘minicumbre’ en Versalles, en la que Alemania, Francia, Italia y España coincidían en la necesidad de impulsar ‘ritmos diferentes’ para que el núcleo de la Unión pueda salir de la parálisis y arrastrar a los más reticentes, especialmente los países del Este. 
El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, aseguraba que nuestro país estaba dispuesto a “ir más lejos” en la integración, señalando como objetivos fundamentales “la coordinación de las políticas económicas, la unión bancaria y, a medio plazo, la unión fiscal”.
El anfitrión, el presidente francés, François Hollande, tenía claro que estos “cuatro principales países deben trazar la vía y dejar que otros la sigan a su propio ritmo”. Insistía, mostrando nítidamente sus propósitos, en que “la unidad no ha de implicar uniformidad, debe permitirse ir más lejos a quienes quieran ir más lejos en la integración”.
Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, alegaba que “si nos frenamos aquí, donde estamos, todo puede hundirse”.
Pero los cuatro ‘avanzados’ también son conscientes de que la desafección de los europeos con ‘su’ UE, además de una durísima gestión de la crisis, en manos de políticas neoliberales, también ha venido por la ola de creciente xenofobia contra los inmigrantes. Por eso, el actual presidente del Consejo de Ministros italiano, Paolo Gentilone, planteaba que para conseguir una “reconexión con los ciudadanos”, se hará necesario “un reforzamiento de las fronteras exteriores” y “una política migratoria coordinada y eficaz”, recogiendo parte del pujante discurso de los populistas de extrema derecha en el Viejo Continente.
Oficialmente, el encuentro de Versalles tenía como objetivo la preparación de la declaración sobre el futuro de la Unión Europea que debe ser aprobado en la cumbre para conmemorar el 60 aniversario del Tratado de Roma, que se celebra en la capital italiana el 25 de marzo. La declaración consta de tres partes: la primera sobre los logros conseguidos hasta ahora, la segunda sobre los retos a los que se enfrenta Europa hoy y la tercera sobre qué debe hacer la UE ahora, especialmente tras la marcha de Reino Unido y las evidentes reticencias a profundizar en el proceso de unidad que plantean la mayoría de los socios del Este.
Parece evidente que las ‘cuatro potencias’ (Alemania, Francia, Italia y España) se propugnan como la nueva locomotora, y que por ello, están dispuestas a ‘rescatar’ la vieja propuesta de las ‘dos velocidades’ o la ‘geometría variable’ que, en su momento fue descartada –aunque es evidente que las circunstancias actuales han cambiado-. Todo indica que su intención sería la de incluir una referencia a esta posibilidad en el importante documento que emanará de la crucial cita romana, aunque nada indica que exista ningún consenso al respecto, por lo que la división podría ahondarse todavía un poco más.
De hecho, la contestación ya está servida. La primera ministra polaca, Beata Szydlo, se ha mostrado abiertamente contraria a esta posibilidad que quieren abrir ‘los cuatro’. Recientemente declaraba que “La diferencia de velocidades abriría la puerta a construir clubes de élites y a dividir la Unión Europea”.
No solo Polonia se niega a aceptar esta fórmula. La mayoría de los socios del Este tampoco desean este cambio, y en su resistencia han encontrado también otros importantes apoyos. Así, en una declaración conjunta firmada por buena parte de los líderes socialistas europeos –curiosamente, también por Hollande, y con la ausencia destacada de los socialistas españoles-, se sostiene que la nueva Unión Europea de las dos velocidades “no debe llevar a la creación de países miembros de primera clase y otros de segunda
clase”.
La idea de una Europa a dos (o más) velocidades es una fórmula que ya plantearon en su momento varios líderes democristianos europeos, como Jacques Delors, Wolfgang Schäuble, actual ministro de Hacienda alemán, o el expresidente del Partido Popular Europeo Karl Lamers. Siempre fue rechazada por Reino Unido y por los nuevos socios del Este.

 

 
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