CULTURA CINE El Siglo de Europa
 
   

                                    Nº 1193. 24 de marzo de 2017

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Cine

“La enseñanza de la animación en España, donde no hay escuelas públicas, a diferencia de otros países, está muy enfocada hacia los técnicos, no hacia pensadores que se pongan a crear”

  “Mi próximo proyecto, La guerra del Unicornio, es una historia bélica para hablar de dos hermanos y de la familia”

Alberto Vázquez, ilustrador, guionista y director de cine

“La animación es magia”

“Soy muy iconoclasta”, reflexiona Alberto Vázquez (A Coruña, 1980) que acaba de ganar dos Premios Goya, uno por su largometraje Psiconautas. Los niños olvidados, codirigido con Pedro Rivero, y otro por su cortometraje Decorado, ambos en el ámbito del cine de animación. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Valencia y especializado en Ilustración por la Escuela Massana de Barcelona, en sus obras se halla lo mejor de las fábulas del siglo XIX. “Me fascina la estética de esa época”, afirma.

Juana Vera (Santiago de Compostela)

—¿Qué es la animación?
—Es un género cinemetográfico completamente libre para contar historias, en el sentido de que hay mil técnicas, mil maneras de representar las cosas. Es un medio mágico porque el hecho de que los dibujos se puedan mover por ilusiones ópticas de muchos dibujos es como magia. Para mí es magia. Es técnica también, claro. Uno sabe cómo funciona. Pero para mí es magia porque puedo crear cualquier cosa. Las metáforas, el uso de la cámara, el uso del lenguaje visual son completamente libres. Si usted va a un festival de animación, lo comprenderá. En el ámbito del cortometraje hay un mundo de formas diferentes para representar las cosas. Uno puede trabajar en 3D, en formato tradicional, hacer experimentación, es un género abierto, mágico y lleno de posibilidades.
—¿Qué le movió a convertirse en creador de seres animados?
—Empecé dibujando cómics a los veinte años. El primero lo publiqué con 21 años. Me formé en las Facultades de Bellas Artes de Pontevedra y de Valencia, en donde acabé la carrera. Cuando estaba en Pontevedra descubrí el cómic. Recuerdo que por aquel entonces cayó en mis manos un cómic titulado Maus. Era un cómic que había ganado el Premio Pulitzer. Maus cuenta una historia sobre el Holocausto, en la que los judíos son ratones y los nazis, gatos. Lo interesante de Maus es la historia. Cómo está contada. Por qué te la cuenta. A través de esta obra sentí que el cómic era un medio muy libre, muy rico y muy cercano a la literatura. Vi que era fácil de hacer, en el sentido de que sólo necesitaba papel y tinta para hacerlo. Y comencé a dibujar. El primer cómic que hice era confuso pero poco a poco comprendí que desarrollando un universo con personajes y un entorno propios, mis posibilidades eran infinitas. Para crear me he alimentado del mundo de la fábula, del cuento, de los animales, y ahí me he quedado. Años después me propusieron adaptar al cine uno de mis cómics e hice el cortometraje Birdboy (Niño Pájaro), con el que gané mi primer Goya.
—¿Es usted un niño pájaro?
—Vuelo con la imaginación para arriba y para abajo.
—¿Cómo se siente al haber recibido dos Premios Goya, uno por Psiconautas. Los niños olvidados,  largometraje que ha codirigido con Pedro Rivero, y otro por su cortometraje Decorado?
—Me siento muy bien. Los premios son importantes para la promoción. Son importantes también para la industria del cine. El cine de animación crea muchos puestos de trabajo. Sus producciones son más largas que las de un largometraje de ficción y generan más puestos de trabajo. Los dos premios también son importantes para los que vienen detrás.
—¿Dónde se sitúa usted respecto a Walt Disney?
—Es imposible escapar de la influencia, directa o indirecta, del trabajo de Walt Disney. Todos tenemos una influencia inconsciente de sus obras. Bambi, por ejemplo, me encanta.
—¿Por qué?
—Es una historia para niños muy dulce y tierna, pero tiene sus momentos adultos. Por ejemplo, cuando matan a la madre de Bambi. Es un momeno en el que todos los niños se quedan desconcertados. Los cuentos clásicos son más siniestros que de los de ahora. Los cuentos se han ido lavando.
—En el cortometraje Decorado, con el que ha ganado un Goya, hay influencias de la obra del ilustrador Gustavo Doré, del siglo XIX, y en Psiconautas. Los niños olvidados, largometraje que nace de su cortometraje Birdboy, la influencia es más contemporánea. ¿Qué estética le ha influido más?
—Me gusta cambiar. Evolucionar. En Decorado hay grabado del siglo XIX, algunos robados, otros realizados con collage y otros creados por mí. Me interesa Gustavo Doré porque era ilustrador de fábulas clásicas. En su tiempo había más ilustradores que trabajaban con fábulas de los hermanos Grimm, de Lafontaine. Su estética me fascina.
—¿El uso del ordenador merma la creatividad?
—Es imposible escapar del ordenador pero su uso no me coarta la creatividad. Puedo usar la lógica del dibujo a mano cuando realizo dibujos con el ordenador. Hoy, de todos modos, aunque haga una ilustración a mano, tengo que digitalizarla y enviarla por correo electrónico. Siempre hay un proceso de digitalización. A veces trabajo a mano y acabo el dibujo en el ordenador. Es un trabajo en el que se hallan los dos procesos, el dibujo a mano y el dibujo con el ordenador.
—¿Dónde sitúa Psiconautas. Los niños olvidados en su evolución personal?
—Fue mi primer cómic serio. Lo publiqué cuando tenía 23 años. De él partió el cortometraje Birdboy, con el que gané mi primer Goya, y ahora el largometraje, con el que hemos ganado otro Goya. Con esta obra cierro un ciclo en mi trayectoría vital y profesional.
—¿Cuánto presupuesto ha tenido el largometraje y cuánto ha tenido Decorado?
Psiconautas. Los niños olvidados, ha tenido un presupuesto de un millón de euros. Esto en animación no es nada. Una película de animación de PIXAR, por ejemplo, tiene, normalmente, entre tres y diez millones de euros de presupuesto. Nosotros contamos con un millón y la hicimos en A Coruña con producción vasco-gallega. Decorado contó con un presupuesto de 30.000 euros y se produjo por Internet
—¿Qué nos ha querido contar en estas obras?
—La primera es una historia social e intimista, que se desarrolla en un mundo fantástico. Narra la historia de unos adolescentes que quieren escapar de un entorno degradado y del control familiar. Se quieren ir a la gran ciudad, donde hay muchas oportunidades. Es la aventura de estos adolescentes. Unos quieren escapar físicamente y otros mentalmente. Decorado es una fábula irónica sobre el sentido de la vida. Tiene un sentido del humor ácido, cínico, descreído. Trata sobre lo que se supone que tenemos que hacer, el camino que tenemos que seguir. El personaje principal se pregunta si todo lo que le rodea es un decorado. Su familia, sus amigos. Se pregunta si son o no impuestos. Decorado ahonda en los esteriotipos sociales.
—¿Qué ha sido la Animación en la historia  del cine y que lugar ocupa hoy?
—Históricamente, la animación ha sido un entretenimiento de masas. Siempre ha habido, de todos modos, artistas que han trabajado en el ámbito de la animación. También grandes empresas han intentado realizar proyectos más creativos. He ahí, por ejemplo Fantasía, de Walt Disney. La idea de Disney, en este sentido, era hacer una película experimental al año. Hoy hay más tendencias porque hay muchas escuelas y la revolución informática ha logrado que una persona en su casa pueda hacer un cortometraje con un PC de 500 euros. Por otro lado, la información que hay en Internet te da feed-back. Es decir, puedes contemplar obras de los años 30 o de otra época. Aprender. Hoy también hay Escuelas Públicas de Animación. En España no, aquí hay escuelas privadas y algún máster. En Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos e Italia, por ejemplo, sí las hay, y Asía es el cielo de la animación. Allí también hay escuelas pero desconozco cómo funcionan. Mis películas se han exhibido en Japón. Pero por razones de trabajo no he tenido tiempo para viajar a Asia.
—¿Cuál es la situación del cine de animación en España?
—En España la animación se enfoca mucho hacia la formación de técnicos, que luego se van de España. Lo que no se forma aquí son pensadores. Personas que cojan esa técnica y creen. En todas las escuelas, según mi experiencia, la parte técnica es muy importante y la conceptual está vacía.
—¿Se puede enseñar a pensar?
—Sí. Aprendí a hacerlo en la Escuela Massana de Barcelona. Tuve unos profesores que son ilustradores profesionales. Acabé Bellas Artes en Valencia, donde estudié los últimos tres años de la carrera, y con una beca de la Diputación de A Coruña me fui a estudiar a la Massana Ilustración. De allí salí muy fomado para trabajar. Fue entonces cuando comencé a trabajar en los periódicos y en El País Semanal, donde trabajé siete años.
 —La guerra del Unicornio es su próximo proyecto cinematográfico, ¿podría adelantarnos algo sobre esta historia?
—Es una historia bélica para hablar de dos hermanos, de la familia.

La creación al modo ‘punki’

Escena de la película de animación Psiconautas. Los niños olvidados.

“En mis trabajos hay una antimoral. Trabajo con la fábula y me voy por otro lado. Hago un trabajo iconoclasta. Rompo los iconos. Trabajo de modo libre. Creo de modo punki”, reflexiona Alberto Vázquez (A Coruña, 1980), quien acaba de ganar dos Premios Goya. Sobre el uso de figuras antropomórficas en sus creaciones explica: “Los animales nos remiten al cuento, a la fábula. Son universales. Son iconos. No tienen un tiempo ni un lugar establecidos. No pertenecen a una época, ni a un país. Son parte del imaginario colectivo. Todos los países tienen su folklore y sus figuras totémicas. Los animales, además, son hermosos”. El creador de Psiconautas. Los niños olvidados, y de Decorado, piensa que se puede enseñar a pensar. A él le enseñaron a hacerlo en la Escuela Massana de Barcelona. “Allí tuve unos profesores que son ilustradores profesionales y salí formado para trabajar”, cuenta quien en sus películas nos narra la esencia que nos sostiene cuando todo a nuestro alrededor se degrada.

 

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